Lost In Translation: Sobre acompañarse la vida un ratito

Hace algunos meses, estaba procesando el haber perdido contacto con una persona que significó mucho para mí. Los días que había pasado sin ella rebasaban por mucho, en cantidad, a los días que habíamos estado juntes. Y, sin embargo, el dolor seguía ahí. No sabía cómo explicarlo. No sabía porque seguían tan presentes la nostalgia, la tristeza, la añoranza.

Escribí, entonces, un tweet que decía ¿Cómo honrar esas conexiones que se dan una vez en la vida y que sólo nos acompañaron por un corto periodo de tiempo? Esa era una duda que seguía dando vueltas en mi cabeza, todos los días. Sabía que ya no quería recordar desde la tristeza, pero ¿cómo hacerlo desde otros lugares? ¿Qué cosas de lo vivido quería que me siguieran acompañando? ¿Qué había significado para mí esa conexión y esa persona? Y ¿cómo honrar lo mucho que significó?

Y fue entonces que, en mi feed, apareció esta imagen que decía ser de la película Lost in Translation: “Las conexiones inesperadas que hacemos pueden no durar, sin embargo, se quedan con nosotres para siempre”. Me hizo tanto sentido y resonó tanto conmigo, que decidí ver la película.

Fotograma de Lost In Translation.

Lost in Translation es una película del año 2003, escrita y dirigida por Sofía Coppola. Fue multinominada y premiada, tanto por su guión, como por el trabajo actoral de Bill Murray. En ella, también actúa Scarlett Johansson.

Esta es la historia de dos personas que se encuentran en una ciudad desconocida, donde el idioma es una barrera, donde la soledad se hace cada vez más presente. Dos personas que se encuentran cuestionándose todo sobre la vida, las metas, la felicidad y el amor. Dos personas que no tienen respuestas, pero que están dispuestas a acompañarse en el camino.

Charlotte y Bob van entrelazando sus vidas desde la escucha, los cuidados y el cariño. Se descubren las heridas e identifican donde duele aún y cómo tratar con cuidado a la otra persona. Se quieren también en el silencio, y escuchan con atención cuando saben que se les está compartiendo algo importante.

Dentro del vínculo que forman, se permiten ser vulnerables y humanes. Hablan de aquellos temas que no han tocado ni siquiera con las personas más cercanas, recorren y reconocen su soledad y se dan cuenta de que no es horrible como les hicieron creer. Se ven y se espejean en la otra persona.

Las palabras, los intercambios, las miradas, los encuentros y las caricias van construyendo y reconstruyendo cosas en sí mismes que pensaban haber perdido o que ni siquiera conocían de sí mismes. Se descubren como personas capaces de querer, de nuevo, de tener esperanza, de poder ver y plantarle una nueva cara a la vida.

Aun cuando el encuentro es breve, es profundamente significativo. Los personajes nos transmiten cómo hay un antes y un después en sus vidas. Como el pequeño encuentro no es tan pequeño en realidad, pues les permite convertirse en otres.

La frase que venía con la imagen: “Las conexiones inesperadas que hacemos pueden no durar, sin embargo, se quedan con nosotres para siempre” nunca se dice tal cual, pero creo que refleja muy bien lo que esta película representa y transmite.

Verla fue sanador. Me ayudó a entender que las conexiones no tienen que ser largas ni tienen que ser “para siempre” para que tengan un impacto en nuestras vidas. Me ayudó a entender que mi dolor y mi tristeza por haber perdido un vínculo breve eran válidos. El tiempo no lo hacía más o menos importante.

Esta película nos recuerda que la vida es siempre una serie de cambios. Que vamos a cruzar crisis, incertidumbre, momentos en que no sabremos que rumbo tomar, instantes en que nos sentiremos muy perdides. Y que, aún así, podremos encontrar personas en el camino con quienes decidamos acompañarnos un ratito.

Y que el hecho de acompañarnos por breves instantes también tiene un impacto. Las personas pueden dejar una gran huella en nuestra vida, aunque no puedan quedarse por mucho tiempo. Recordarles por lo que aportaron y quedarnos con el cariño y ternura con el que se entrelazaron nuestras vidas son una forma de honrar los momentos que nos compartieron.

Sofía Coppola dijo que hizo esta película como una carta de amor a Tokio. Para mí, es una carta de amor a las personas que nos vieron y nos quisieron por quienes somos/fuimos/éramos/ en el momento en que nos encontramos con ellas.

A todas esas personas que fueron destellos fugaces en mi vida, gracias.

Morra de los 90’s. Psicóloga feminista en proceso de terminar su tesis de
posgrado. Escribo sobre las cosas que me mueven, las que me hacen sentir conectada con el mundo y con otras personas. Las películas que veo y los libros que leo son mis cajas de resonancia.

Habito este mundo desde la ternura, la intensidad y la alegre rebeldía. Creo que el amor entre mujeres, en cualquiera de sus formas, nos salva. Creo que nuestra rabia es digna y necesaria. A veces me peleo en Twitter.

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