Los recuerdos del porvenir: Ecos de la memoria colectiva

Elena Garro probablemente sea otra de tantas escritoras malditas de la literatura mexicana; condenada a vivir en la sombra de su esposo, Octavio Paz,  perseguida por el gobierno en función e increpada por los intelectuales mexicanos de aquella época. Fue la espía, la fugitiva, la talentosa pero ninguneada escritora de los años más prósperos de la literatura mexicana. Como ha sucedido con otras escritoras de su estirpe, el reconocimiento y valoración de su obra ha sido pos mortem. Sin embargo, pareciera que el tiempo es amigo de la escritora y después de haber sido reeditado “Los recuerdos del porvenir”, una de las más importantes obras literarias de la literatura mexicana, ha retomado valor; una novela que reta aquella característica del tiempo a la cual fue testigo el pueblo de Ixtepec: la decadencia.

Los recuerdos del porvenir (1963), galardonada con el Premio Xavier Villaurrutia  el mismo año en el que se publicó, es la novela más reconocida de la escritora mexicana Elena Garro. El narrador de la historia es Ixtepec, el cual funge como la voz de la historia. Se les une las voces de los habitantes del pueblo para contar todas las injusticias y descontento con el orden impuesto después de la Revolución Mexicana y la consecuente miseria con la cual llega la Guerra Cristera. Las historias que cuentan sus protagonistas dan testimonio del porvenir maltrecho y el sufrimiento de todo un pueblo que ha abandonado cualquier esperanza. Todo esto relatado de forma magistral y con un lenguaje poético que embellece la tragedia contada por la escritora.

Se podría analizar la novela desde diferentes disciplinas y desde diferentes aristas; yo trataré de realizar una tarea reflexiva desde la importancia histórica y social que tiene esta obra en la realidad del México de hoy. Una realidad que, a decir verdad, no dista tanto de todo lo ocurrido en Ixtepec en una época posrevolucionaria que tuvo lugar justo durante la guerra cristera. Sin duda, puedo decir que es una radiografía precisa y una mirada crítica de la realidad recrudecida en la cual se encuentra nuestro país: un territorio infestado de corrupción, injusticias sociales, delincuencia, crueldad y miseria. Esta obra narrativa es por así decirlo el espejo mismo con el que se mira un país que se encuentra extraviado, mortificado y a toda luz incapaz de reconocerse a sí mismo.

En esta obra narrativa, Elena Garro da voz a las personas que históricamente no se les ha tomado en cuenta, quienes han sido invisibilizados y que han permanecido en silencio. Los indígenas son en parte el eje narrativo de lo que acontece en Ixtepec. Y esto no es lo único a destacar de esta novela y de la obra literaria de la autora mexicana; logra también capturar la diversidad multicultural con la que cuenta el país y de la cual ella misma pudo dar cuenta al vivir su infancia rodeada por los colores, el misticismo y las costumbres y tradiciones indígenas, además de haber sido educada en la tradición europea- occidentalizada así como también en el pensamiento mágico de los indígenas. En Ixtepec, el tiempo no transcurre de forma lineal, si no de forma mágica. El tiempo no es medido de forma ordinaria sino que es entendido desde la cosmogonía del mundo indígena.

Pero también Elena Garro no quita el dedo del renglón: los indígenas han sido despojados de sus tierras y de sus vidas. No hay gobierno, ni causa alguna que se preocupe por ellos. Es una mirada desoladora, que denuncia cómo el México posrevolucionario no es muy diferente al México actual y ambos son espejo invariable del México de la conquista y de la colonización. Pareciera que el tiempo se detuvo, el país es esa piedra aparente que encierra una vorágine de terror, de cuerpos mutilados y de desaparecidos, ese pueblo tirano condenado en palabras psicoanalíticas a la “compulsión a la repetición”: a vivir de los recuerdos del porvenir.

Garro, en su labor de edificar un relato de lo que es México, es amargamente crítica del gobierno en turno, de las injusticias sociales y de los errores del pasado que acechan al presente; pero también escribe una carta de amor hacia este país que fragua dolor pero también irradia esperanza. A comparación de Ixtepec donde los héroes están muertos, tenemos la oportunidad de ser la esperanza. “Los recuerdos del porvenir” es una novela que nos incomoda pero nos empuja a tener responsabilidad con una otredad que nos invoca, que nos apela. Es un llamado a todos los Felipe Hurtado y Juan Cariño que están dispuestos a usar sus plataformas para hacer el cambio: desde la enseñanza, las artes, la ciencia o desde una revolución de la ternura.

Psicólogo. Interés por la educación y consejería de la sexualidad, estudios queer y literatura latinoamericana.

Amo las películas de Yorgos Lanthimos, el jazz, la trova y leer artículos del New Yorker.

Mi libro favorito es “Los recuerdos del porvenir” de Elena Garro.

Convencido de que “lo personal es político”.

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