Los nuevos archivos de la diáspora china en Estados Unidos

Chinatown Pretty, de acuerdo con Andria Lo y Valerie Luu, describe el estilo caracterizado por la combinación de prendas de texturas, patrones, colores y orígenes distintos desplegado por les adultes mayores que viven en los barrios chinos de diversas ciudades de Estados Unidos y Canadá. En un mismo atuendo convergen tenis Nike, gorras Supreme, estampados florales, terciopelo, suéteres tejidos y corbatas y mascadas con patrones increíbles. La ropa nueva se encuentra con la de paca y lo producido en masa coincide con lo hecho a mano.

Chinatown Pretty: Fashion and Wisdom from Chinatown’s Most Stylish Seniors es un libro curado por Lo y Luu publicado en 2020 por Chronicle Books. Muestra los retratos y las historias de vida de los habitantes de los barrios chinos de San Francisco, Oakland, Los Angeles, Chicago, Manhattan y Vancouver. Se trata de un trabajo que fue desarrollado por seis años y empezó como una cuenta de Instagram.

Aquí, busco problematizar cómo es que Chinatown Pretty representa una forma distinta de aproximarnos a la historia y al presente de la diáspora china en Estados Unidos, alejada de las historias movilizadas por los Estados.  

Durante la segunda mitad del siglo XIX, factores como la inestabilidad política, la hambruna y la guerra favorecieron la migración china a las Américas. Guangdong fue el punto de origen más importante de la diáspora debido a su posición estratégica en el comercio global. Las primeras personas trabajadoras procedentes de Guangdong —en su mayoría hombres— llegaron a San Francisco en 1848 como resultado de la fiebre del oro: un período caracterizado por oleadas de migración hacia sitios en los que se descubrió la presencia de oro y otros minerales. El hallazgo de oro en Sutter’s Mill favoreció la construcción de escuelas, caminos e iglesias, así como los cambios políticos que permitieron la entrada de California a la Unión Americana en 1850. De hecho, San Francisco alberga el barrio chino más antiguo de América del Norte, un enclave que, desde su fundación, funciona como un espacio en el que las personas de ascendencia china viven y trabajan.

Con el fin de la fiebre del oro, les trabajadores de origen chino fueron empleades en la construcción del ferrocarril transcontinental que conectó la costa Este y el litoral pacífico de E.U.A. al encontrar Omaha con Sacramento. Al término de la construcción de las vías férreas la demanda de mano de obra decayó, y el sentimiento de que les migrantes chines dejaban sin empleo a les trabajadores estadounidenses fue en ascenso.

Por supuesto que la xenofobia fue capitalizada por los políticos de la época, y sirvió como justificación para promulgar normas profundamente racistas que prohibían la migración de mujeres chinas a Estados Unidos y los matrimonios “mixtos”. La hostilidad manifestada en violencia y normas que impedían a personas de ascendencia china rentar propiedades consolidaron los barrios chinos como lugares seguros. Como respuesta, se afianzaron las redes de parentesco —operantes hoy en día— que facilitaban la obtención de préstamos, espacios en renta e incluso empleo.

La alianza sino-estadounidense en la Segunda Guerra Mundial flexibilizó las restricciones impuestas a la migración china. Asimismo, en 1965 hubo un levantamiento a las cuotas fijadas para migrantes de Europa del Sur y del Este, y Asia. De igual manera, las complicadas relaciones entre la República Popular China y Hong Kong incentivaron la migración desde la región administrativa especial hacia las Américas. En E.U.A. los principales asentamientos están en el Valle de San Gabriel, Nueva York, Seattle y Quincy.

A pesar de los años y de que muches habitantes de los barrios chinos han migrado a las ciudades, aún funcionan como nidos en los que migrantes recién llegados de China pueden establecerse de forma temporal. Lo triste es que la importancia patrimonial de los barrios chinos no los ha salvado de la gentrificación; al estar ubicados en los corazones de las ciudades, son más vulnerables a ser reemplazados por condominios de lujo y nuevos negocios o ser absorbidos por Airbnb. Resulta muy problemático que los restaurantes, hoteles, gimnasios, galerías que se han establecido en los barrios chinos durante los últimos años no sean accesibles para las mismas personas que fundaron las comunidades.

De cara al borrado de la comunidad china de la historia de Estados Unido, la destrucción de los espacios que han construido a lo largo de décadas y el ascenso de los crímenes de odio en su contra; Chinatown Pretty representa un ejercicio de activismo de archivo —en inglés, archival activism—. El término fue desarrollado por Sarah Gualtieri en su libro Arab Routes para describir cómo nos entendemos a nosotres mismes a través de hacer revisiones del pasado. Para Gualtieri, la muerte de alguien en nuestra familia puede catalizar un proceso de reflexión sobre nuestra identidad. Indagar en documentos del pasado —actas, credenciales, registros escolares, pasaportes, diarios, cartas, recetarios y fotografías— es usar las herramientas de la historia para bordar una relación con nuestres antepasades. Si bien Arab Routes trata sobre les descendientes de migrantes sirio-libaneses en California, es útil pensar Chinatown Pretty como un archivo que hace frente a las narrativas históricas hegemónicas.

Vía: Tumblr.

Camila Pastor —antropóloga mexicana y autora del libro The Mexican Mahjar— afirma que es necesario cuestionarnos qué conforma un archivo, cómo se institucionaliza y a qué proyectos políticos está vinculado. Con las ideas de Pastor en mente, podemos pensar la indumentaria como un archivo; cada prenda está ligada a un recuerdo que le confiere vida propia, también, la curaduría de un atuendo está fuertemente influenciada por nuestras nociones de belleza y es parte fundamental de la creación de un “yo público extraordinario” —en términos de Hudita Nura Mustafa—.

Tal vez nuestra complicada relación con la ropa nos impide aproximarnos a ella como un archivo —o sea, un texto, objeto, imagen o práctica en el que se encuentra la historia—. La obsolescencia programada y percibida de las prendas que consumimos nos hace pensarlas más como desechos que como una segunda piel. La playera de nuestro concierto favorito, la bufanda tejida por nuestra abuela o la camisa que nos da suerte en las entrevistas de trabajo, son extensiones de nosotres mismes y constituyen un archivo personal que contiene recuerdos, es decir, nuestra historia.

El hecho de que Chinatown Pretty fuera en sus inicios una cuenta de Instagram rinde cuenta de los cambios por los que está pasando la forma en que construimos archivos. Quizás, para nuestra generación, la idea de tomar fotografías, revelarlas y pegarlas en un álbum puede parecer anticuada. Sin embargo, ¿qué es Instagram sino un álbum que hemos curado para confeccionar una narrativa sobre nosotres y presentarla a les demás?

No sé preparar café y no entiendo de fútbol. Estudié Relaciones Internacionales y tengo maestría en Estudios de África. Amo dar clase, el true crime, el tecito, los esquites y el chisme. Soy muy 360.

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