Los múltiples Méxicos y la educación a distancia

Cuando era niña nunca me emocionó mucho regresar a clases después de las vacaciones de verano. La única vez que me hizo ilusión fue en el momento transitorio entre el último año de la preparatoria y el primer semestre de la universidad. Independientemente de eso, el regreso a clases para el inicio del año escolar, histórica y socialmente ha representado un rito de paso para la juventud mexicana. Sin embargo, el año 2020 ha causado una ruptura total de esta rutina que ha dado paso no sólo a la pérdida de este rito formativo, sino que ha sido un importante indicador de las diametrales diferencias entre las múltiples realidades de la población mexicana.

Hablar de México como una unidad de Estado-Nación homogénea es no sólo un acto reduccionista, sino de ignorancia total.

Me acuerdo un poco de la campaña presidencial de 2018 y del último debate de los candidatos fue en el Museo del Mundo Maya, aquí mismo en la Ciudad de Mérida. En el minuto cuarenta y tres surge la pregunta de los 65 millones —valor 2020— sobre la cobertura nacional y el acceso a la educación pública. Si bien el debate presidencial del 2018 no refleja mucho sobre la situación actual de la educación, dadas las circunstancias de la contingencia sanitaria por el COVID-19, sirve como una herramienta de análisis sobre el discurso de la educación por parte de la élite política. Los cuatro candidatos referían a la educación y la reforma educativa desde una perspectiva estrictamente política: las plazas de los profesores, la situación de las aulas en las zonas precarizadas, la importancia de concentrar la inversión en un nivel educativo determinado, etc.

No tenían contemplado —y hablando únicamente con la verdad, nadie— la situación en la que nos encontramos actualmente. Tan es así que la discusión sobre el modelo a distancia en la educación se hablaba con una ligereza escalofriante. Se puede notar la desconexión agravante de la élite política en la idea de que con que cada mexicano contase con un smartphone contribuiría a la facilitación del acceso a la educación. No es hasta la intervención de la moderadora —quien le indica al candidato del Partido Acción Nacional que la señal del celular y del internet desparece a unos kilómetros afuera de la ciudad de Mérida— vemos que el modelo de educación a distancia que propone la élite política está completamente disociado de las múltiples realidades de la ciudadanía mexicana.

En las zonas prósperas de las grandes ciudades de la república, la educación a distancia puede darse sin mucho apuro. El estudiantado puede acceder a sus clases virtuales vía internet en plataformas como Zoom, Google Meets, Moodle, Google Classroom desde un dispositivo móvil o un ordenador. En esas horas les estudiantes se someterán a varias horas consecutivas de educación de docentes mal pagados, con la carga emocional de un mundo caótico, contaminando sus espacios privados y de descanso con la desgastante vida escolar. También tomando en cuenta que ahora consumirán más energía eléctrica de sus propios hogares, se privarán de interacciones sociales y no tendrán la experiencia óptima de la educación estandarizada. Esto teniendo en cuenta la mejor de las circunstancias donde tenga un ordenador propio, un espacio donde estudiar, acceso a internet y sobre todo la disponibilidad de tiempo.

Las otras realidades de la educación son más desalentadoras. En las zonas alejadas de la metrópolis, la periferia y las zonas rurales, el acceso a la educación representa un reto no sólo difícil sino prácticamente inalcanzable. En primera instancia, los insumos físicos para su educación no son accesibles y las clases serán condicionadas bajo la premisa de un poder adquisitivo que permita la posesión de un dispositivo inteligente o un ordenador. De la misma manera, el acceso al internet, el valor monetario que requiere su estancia en casa, y sobre todas las cosas, el valor de su tiempo.

La caída del empleo en México jugará un papel elemental en la juventud que se encuentra en situación de pobreza. Si estudiar representará ahora un gasto económico mayor en una economía donde los ingresos son menores, el ser estudiante en México se convertirá en una inversión no redituable. Podrá observarse en un futuro a corto plazo una deserción escolar masiva por estas mismas razones; no sólo por la brecha tecnológica, también por la necesidad de la juventud de iniciar su vida laboral antes de haber concluido sus estudios.

No sólo podrá observarse este rezago educativo en el aspecto cuantitativo, sino en la calidad de la educación. Como iniciativa para poder solucionar esto, han surgido las clases televisadas en programas de televisión abierta para que cualquier miembro de la ciudadanía pueda acceder a ellas. Sin embargo, la educación y las condiciones en las que se imparte es muy pobre.

Desde el inicio del sexenio en curso puede observarse una caída dramática del presupuesto en Educación y el sector de Ciencia y Tecnología. Es en este momento donde se observa de manera innegable las repercusiones de un país que no invierte en la educación de su juventud.

Más adelante se podrán observar los efectos secundarios de esta caída en la educación como una desaceleración en las tasas de movilidad social y un sesgo grave en avances científicos dentro del país.

En medio de este panorama tan negativo y entristecedor, no queda más que aferrarnos lo más posible a todes aquelles docentes que independientemente de las terribles condiciones de trabajo y las circunstancias en las que deben de ejercerlo, han puesto alma y corazón en su vocación, para garantizar la mejor educación posible a la juventud mexicana y en la labor de incentivar el gusto por el conocimiento; a los padres y a las madres que incluso en estas circunstancias han movido mar y tierra para que sus hijes puedan acceder a la educación en las mejores condiciones que sean posibles.

Tristemente, tenemos que recurrir a la romantización de la precarización para encontrar, aunque sea, un destello de esperanza en esta inconsolable circunstancia en materia de educación, pero no hay amor más grande al conocimiento que luchar por su difusión.

El conocimiento nos hará libres, incluso encerrados dentro de las asfixiantes paredes de nuestros hogares.

Celeste, como el color. Estudio Sociología en la UNAM y me especializo en Estudios de Asia. Tengo 20 años y constantemente me hago la misma pregunta ¿Se podría hacer un análisis sociológico de esto? La respuesta, para mala fortuna de los que me leen, siempre es sí.

Una respuesta a «Los múltiples Méxicos y la educación a distancia»

  1. Cómo bien dices, Celeste, los principales actores en la educación: padres, hijos y profesores son los que están haciendo su mejor y mayor esfuerzo para lograr los aprendizajes, están sobreviviendo a la pandemia, a la crisis económica y a la ausencia de un gobierno que los apoye. Tristemente…

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