Los matices de un otoño que nos habita

En la vida nos han enseñado a considerar la belleza, la hermosura y la buena estética como aquello que está lleno de luz, de vida y con muchos colores brillantes. Sin embargo, también encontramos la belleza en aquello que es frágil, que se rompe, que se marchita y muere; en los tonos opacos y las luces tenues.

De ello se engalana el otoño, invitándonos a visualizarnos en los cambios y cobijarnos en las lluvias melancólicas para reflexionar sobre todo lo que hemos trascendido, lo que fue ayer, o hace algunos años. De lo que fuimos y hemos aprendido de la experiencia de vivir. Es el impulso a valorar el crecimiento, las veces en las que superamos tormentas y vicisitudes. Los momentos en que el agua de nuestros ojos regaron nuestras raíces, para darles la fuerza necesaria y soportar el peso de nuestras ramas.

Nuestra fragilidad es expuesta en el otoño, para dar paso a la restauración de nuestras fortalezas. Creo que por ello es mi estación favorita, añadiendo que, en esta parte del planeta, coincide con el cierre de los últimos meses del año. Es despedirnos, es concluir, es cerrar, pero para dar paso a una nueva etapa, nuevos ciclos, nuevas aventuras. El suave viento del otoño se siente como una invitación a la reflexión de lo que este año trajo consigo, soplando los recuerdos, alegrías y momentos inconmensurables, pero también, el viento fuerte nos recuerda el dolor, las tristezas, las angustias, el estrés, la desesperación y el miedo. No seriamos nosotres sin todo ello.

Somos todo lo que nos forma, lo que nos nutre, aquello que nos da vida y nos mueve. No por perder las hojas de nuestras frondosas ramas significa que morimos, sino lo contrario, trascendemos. Son nuestras hojas quienes abonan a los nutrientes para nuestras raíces, proporcionando lo necesario para seguir creciendo. En estas hojas que caen se encuentran los lugares, momentos y personas que impiden nuestro crecimiento; la plaga en nuestra vida. También debemos liberarnos de esas actitudes y pensamientos que nosotres hemos creado, nuestro egoísmo, el cerrar las posibilidades de les demás, de nuestras palabras hirientes y las veces que juzgamos sin conocer.

Debemos aprender de los árboles y cómo se desprenden de sus hojas, beneficiándose no solo así mismo, sino también benefician a los de al lado; incluso, sus hojas y semillas llegan a volar por muchos kilómetros, siendo el abono y germinando a la distancia. Esa es una de las enseñanzas del otoño. Por ello, me conmueve mucho celebrar mi cumpleaños en esta etapa, porque también simboliza, más allá de concluir el año civil, la remembranza de un año de mi vida. Es comprender que siempre se vale comenzar de cero, que nada está determinado, que todo es posible, solo es cuestión de creerlo, pensarlo y sentirlo.

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Más que una plática motivacional o palabras bonitas, realmente debemos guiar nuestros vientos de la vida y encaminar nuestro andar en el paraje que deseamos recorrer, sin tener que presionarnos o compararnos con otres respecto a sus avances, porque eso nos detendrá o incluso nos impedirá crecer. Debemos tener en mente, que no todos los árboles están obligados a desprenderse de sus hojas. Algunos las mantienen porque es en otra etapa donde las cambiaran.

El otoño nos invita a renovarnos, a ser mejores cada día, porque sabemos que es difícil el mundo y la realidad que habitamos, pero el apoyo vendrá de nuestras raíces y de las ramas de quienes nos acompañen en la travesía. Podemos deleitarnos de entre los diferentes colores que existen en la vida otoñal, reconocer las diversidades de miradas, tonos, aromas e interpretaciones de la realidad.

También, no hay que olvidarnos del descanso, no se trata de correr un maratón. Todo tiene un tiempo, momento y lugar. Se vale olvidarnos de vez en cuando del trabajo, la escuela, los pendientes. Tomar una cobija, envolvernos en ella, y mientras vemos nuestra serie favorita, deleitarnos de una rica taza de chocolate. Abrazarnos mucho.

Este mes cumplí dos años de haber llegado al YucaPost y lo celebro compartiendo una playlist que recopila todas las canciones que han acompañado a mis escritos. ¡Gracias por todo Yuca!

Él/He
Joven oaxaqueño formado en Ciencias de la Educación. Aprendiendo constantemente de las diferentes realidades sociales. Disfruto viajar y vivir México a través de sus culturas, arquitectura, gastronomía y misticismo. Amante del café, los momentos entre amigos y la música.

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