Los libros y los recuerdos

Leer no es una actividad fríamente intelectual. Está mucho más afectada por factores externos (lo social, lo histórico, lo personal, etc.) de lo que el estereotipo del lector aséptico y encerrado en su torre pretende afirmar. Al menos no es mi caso y quizás debería comenzar con la advertencia de que hablo desde mi experiencia como lector. Sin embargo, creo que la gran mayoría estaría más o menos de acuerdo con esa afirmación

Al sacar a la lectura de su ensimismamiento, sobre todo pensando en lo que por diversos convencionalismos llamamos literatura, seguramente iremos tomando distancia, de golpe o poco a poco, con lo que múltiples campañas e idealizaciones nos enseñan. En este caso quisiera pensar en el facto emocional.

Soy lector pésimo para recordar eficazmente lo que leyó, como los nombres de los personajes o buena parte de lo que ocurrió en la historia. La mayoría de las veces, a menos que relea o tenga que hacer algún tipo de revisión, lo que leo se me esfuma como ese poema de Jorge Cuesta que inicia: “La mano explora en la frente,/ del sueño el rastro perdido;”. El contenido de los libros es como un sueño que se evapora poco a poco apenas despierto. Y es algo frustrante, sobre todo a la hora de querer comentar libros que ya leí.

Sin embargo, soy muy bueno recordando libros relacionándolos con algún momento o periodo de mi vida. La experiencia del día a día queda firmemente afianzada a la portada o a la sensación del empastado. Sergio Pitol, en un pequeñísimo texto que puede encontrarse en El arte de la fuga, decía “si recibo determinada notica mientras leo determinado libro ya éste no perderá jamás su poder de imantación ni su capacidad propiciatoria”, mientras que eliminaba aquellos que quedaran signados con una noticia terrible. También los libros son una magdalena de Proust.

Hay libros que quisiera releer pero no quiero ni abrir por la posibilidad de que los recuerdos intensos, buenos o malos, de los cuales quedaron impregnados se borren o reaparezcan. Otros son como palimpsestos en los que reescriben varios instantes: en Ficciones de Borges está esa tarde de noviembre del 2014 cuando escuchaba a sobrevivientes y familiares de Ayotzinapa en un mitin y también está otra tarde de abril, cuatro años después, mientras esperaba bajo un árbol en Morelos a dar una ponencia sobre Enriqueta Ochoa y evitaba spoilers de Infinity War. Por esta manía de la memoria me gusta dejar entre las hojas boletos de cine donde las fechas quedan fijadas con total exactitud.

Es por esto que cuando regalo un libro a veces no sólo regalo el texto en sí, sino también, sin que la otra persona lo sepa, un pedacito de mi memoria y con ello, de mi vida ligada a ese libro. Cuando regalé La fábula del tiempo de José Emilio Pacheco estaba dando el deslumbramiento de los días de la preparatoria en que encontraba una voz con la que me identificaba; cuando regalé El guardador de rebaños de Alberto Caeiro o Fernando Pessoa estaba ofreciendo ese instante de mi último semestre de la carrera en que terminaba ese bellísimo verso “y ahí afuera un gran silencio como un dios que duerme”, y la hoja de una jacaranda de la facultad caía en la página.

Alberto Manguel afirma que la biblioteca es una especie de autobiografía. Es una idea que me gusta bastante, extendiendo la idea de la biblioteca no sólo a los libros que poseamos sino a todos aquellos que hayamos leído, fueran prestados o que estén ya perdidos. Hojear la biblioteca también es hojear la vida, es volver los pasos como Hansel y Gretel guiados por los libros que fuimos dejando en el camino, por las emociones que vivíamos en algún instante casi inasible. Es tener una ilusión de certeza de que algo pueda quedar inalterable al paso irremediable del tiempo.

(Tlaxcala, 1995). Cursó la licenciatura en Estudios Latinoamericanos en la FFyL-UNAM. Ha publicado en la Revista de Literatura Infantil y Juvenil de la Universidad Iberoamericana, en el "Blog de los jóvenes" de la Revista de la Universidad de México, en la revista digital Primera Página y en Punto de Partida de la UNAM

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