¿Los incorruptibles?

La milicia ha jugado un papel de legitimidad dentro del sistema político mexicano desde el inicio de su historia. Los grandes presidentes de la historia habían sido en su gran mayoría políticos con formación militar hasta el mandato de Miguel Alemán Valdez. Los grandes héroes de la historia que reivindica a la cuarta transformación tenían esas estrellas que los ponían por demás de los demás funcionaries, las estrellas que sólo puede otorgar una carrera militar. 

Por eso mismo, entra en una disonancia moral la detención de Salvador Cienfuegos, porque pone en tela de juicio la corrupción y la incorruptibilidad de aquello que ha sido la base sólida de gestación de nuestro país

Históricamente, la milicia ha servido como un pilar constructor de la moral patriótica mexicana. No son los grandes hitos políticos ni las revoluciones sociales las que aparecen en los libros de historia, son las grandes luchas militares las que han fundado el país otorgándole el listón rojo a aquella bandera tan preciada por la que luchan los grupos reaccionarios. 

La patria puede soltar lágrimas de coraje al recordar la batalla de Puebla, la victoria del Álamo, y la entrada del ejército trigarante. Las grandes victorias del cuerpo militar son, para un mexicane, victorias también de su patria

La construcción de la legitimidad militar es también la construcción del patriotismo. Recordamos con mucho odio a los tecnócratas, pero con orgullo a los caudillos. ¿Es necesariamente verdad que la milicia otorga una legitimidad? Sí. ¿Esta legitimidad está asociada con una incorruptibilidad de facto? No. Si bien, cuando algo es legítimo bajo las nociones morales de un país, no es una verdad estática en el terreno de la práctica y de la realidad. 

El ejemplo en boga para esto es el arresto de Salvador Cienfuegos en Estados Unidos por cargos relacionados al tráfico de drogas. Pone sobre la mesa las siguientes preguntas y es pertinente cuestionarnos las respuestas. 

¿Cuál es el motivo concreto de la corrupción mexicana?

Ante el ojo desnudo y en los estratos más cercanos a la ciudadanía como la burocracia y la policía puede justificarse erróneamente en función al bajo salario que reciben estos funcionarios. Si bien en los estratos más cercanos a lo civil es una realidad que el salario es muy bajo y las condiciones laborales no son las más óptimas ve al ministerio público más cercano de tu colonia y podrás observarlo de manera más concreta—, ¿qué sucede en los estratos más altos cuyos salarios se erigen bajo la premisa de que entre más gana el/la/le funcionarie menos tiende a robar o incurrir en actos delictivos que vulneran la seguridad de la ciudadanía?

Viene entonces un dilema similar al del huevo y la gallina: ¿la corrupción lleva a la impunidad o la impunidad lleva a la corrupción? Podría argumentarse de ambas vías, pero dicho análisis puede ser estéril, pues más que tener una relación causal es más una relación complementaria. No puede existir la corrupción si no hay impunidad y por lo tanto viceversa.

El interés que importa de esto es el punto donde converge la legitimidad y la impunidad en los mandatarios militares. La legitimidad que otorga una carrera militar pinta a estos entes como seres incorruptibles y disciplinados por encima de los funcionarios públicos civiles

“Fue un militar que tuvo todos los cargos, que tuvo todos los mandos. Realmente sí tenía una carrera militar sobresaliente. Por eso llama más la atención [su arresto], porque cumplía con una serie de características que te haría pensar que sería imposible que pudiera cometer los delitos que se le están imputando”, García, C. 2020.

Es importante que el caso de Cienfuegos no quede impune y que la administración en turno se cuestione las decisiones tomadas en materia de militares ocupando puestos políticos y sobre todo en el poder moral y político con el que cuenta este sector. 

¿Es acaso una decisión acertada que un funcionario con formación militar ostente tanto poder?

El juicio de Cienfuegos será un cambio paradigmático de la concepción de lo civil y lo militar, de lo punible y lo impune. Pero sobre todo de cómo la legitimidad moral y política es también un factor facilitador de la corrupción y la colaboración del Estado con el crimen organizado. A nuestros funcionarios públicos y a los militares también se les debe medir con la misma regla a la que se miden a los ciudadanos. Y esta medición es necesaria en un plano simbólico para cuestionarnos la génesis de nuestro propio país y la construcción de símbolos rectores.

Tal vez a partir de esas mediciones, poco a poco se debilitará la impunidad y el cuerpo militar. La detención de Cienfuegos no puede tratarse como un interrogatorio de trapos sucios por les funcionaries de otros partidos con el fin de mitigar las consecuencias que afrontan su futuro. De la misma manera, el gobierno mexicano no debería buscar la reparación moral que se la ha hecho al cuerpo militar con esta detención. Al contrario, deberá cuestionarse el papel histórico, moral y político que ostenta ese cuerpo y, sobre todo, sí debería conservarlo.

Celeste, como el color. Estudio Sociología en la UNAM y me especializo en Estudios de Asia. Tengo 20 años y constantemente me hago la misma pregunta ¿Se podría hacer un análisis sociológico de esto? La respuesta, para mala fortuna de los que me leen, siempre es sí.

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