Los espasmos después del adiós

Quizás la vida nos separe cada día más
Quizás la vida nos aleje de la realidad
Quizás tu buscas un desierto y yo busco un mar

  1. La despedida.

Fue durante un otoño gris cuando decidí marcharme, o eso creí haber hecho. La verdad es que nunca quise marcharme, pero estaba tan ensimismado en problemas personales que opté por esa salida. Cuando quise volver, ya te habías marchado tú, y esta vez era en serio.

Te marchaste de una forma muy abierta, pública diría yo. Tan pública que me enteré que ya te habías ido cuando subiste una fotografía a tus redes sociales con tu nuevo amor. Fue tan estruendoso el hecho, que no tuve más remedio que decirte adiós, en silencio.

     2. “no te confundas, no sirve el rencor, son espasmos después del adiós.”

Sé que una de tus últimas palabras fue que no querías perderme pues era una persona muy importante para ti, y sin embargo, tus ojos ya estaban perfilados hacia otra dirección. Pero no importa. Decidí que en mi corazón ya no hay lugar para el rencor, aunque reconozco que por un tiempo sí me desahogaba escuchar el inmaduro y violento disco “para ti con desprecio” de Panda, y me acordaba de ti.

Y es que ignoré por completo que durante varios meses seguía pensando que todo esto era una etapa de transición a una reconciliación amorosa, que si bien lo buscamos en tres distintas ocasiones, ésta nunca llegó. Pasado el plazo de ingenuidad permitida, descubrí que ya no estabas aquí conmigo.

Pero no pasa nada chica, ahora prefiero acordarme de ti en “adiós” de Gustavo Cerati, o en un disco con letras más sanas, como “memoria/futuro” de Siddhartha, por ejemplo.

       3. Una búsqueda interna.

Le he estado apostando a reinventarme a mí mismo. Me ha ido bien, creo que es lo más sano. Incluso he estado sexual y afectivamente con otras tú, pero esa ha sido mi contrariedad, que te he estado buscando en otros cuerpos, y en otras mentes.

Entonces me pregunto, ¿estoy realmente conmigo mismo? Porque pareciera que por temporadas breves logro estar a mi lado. A veces días, a veces semanas, pero nunca un mes completo. Cuando no estoy conmigo, estoy contigo. Incluso cuando estoy conmigo, siempre estoy pensando en ti. Aunque no lo sepas, aunque no tengas manera de saberlo, aunque no tenga sentido que suceda o que te enteres.

         4. Tal vez.

Me dijiste que podríamos seguir siendo amigos y yo te contesté que tal vez sí. Tal vez cuando ese dolorcito en el corazón se vaya por completo.

Si me permito fantasear, tal vez cuando los años pasen, podríamos encontrarnos. Cuando la vida se encargue de hacernos aprender nuestros errores. Cuando aprendamos que el amor no es una competencia de ver quién da más que el otro, o cuando dejemos de repartir culpas. Cuando terminemos de sanar el primer amor.

“El beso”, Gustav Klimt

Tal vez algún día te encuentre caminando en Paseo de Montejo, viendo aquellas luces que tanto te gustaba ver, o tal vez en Paseo de la Reforma, en la ciudad que te vio nacer. O tal vez me encuentres tú. Y si tenemos suerte, podríamos invitarnos a pasar una tarde de “cigarros y amor”, como solo tú y yo solíamos comprender. Me dirías entonces lo mucho que extrañaste mi pecho, al que llamabas “hogar” y yo te diría lo mucho que extrañé tu olor, ese del cual me ha costado tanto desprenderme. En ese caso, tendría sentido que nos amásemos tanto, después de tantos años de relación de pareja.

O tal vez eso no pase y ambos caminemos avenidas distintas, en ciudades distintas igual. Las calles en las que tú camines serían otras a donde yo camino. Y los cafés, las cervezas, los besos, y los roadtrips a ver los atardeceres en Campeche, los compartiría yo con otras “tú” y tú con otros “yo”. Entonces te recordaría únicamente en una o dos canciones, o en las pocas fotos que aún me quedan de ti. Y tú me recordarías a mí en algún lugar, en alguna foto, o en el Stitch gigante de peluche que te regalé alguna vez. Te olvidaré y me olvidarás tú también. Otros besos borrarán los tuyos y otros brazos te envolverán a ti. Entonces tendría sentido que nos dijéramos adiós.

 

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