Los espacios ahora lejanos

En teoría, este mes de mayo será el último de confinamiento, pero falta ver cómo se desarrollan las próximas semanas para tener la certeza de que efectivamente para junio ya será posible salir.

Seguramente, quienes podemos, ya nos acostumbramos más a estar tanto tiempo en nuestras casas y salir únicamente para lo esencial. Sin embargo, esto no significa que esté siendo más fácil conforme pasan los días, puede que incluso sea hasta más cansado y trabajoso.

Para muchas personas, estar en nuestras casas ha significado estar lejos de los espacios seguros con los que contábamos, y no lo digo por encontrarnos en entornos violentos -al menos no en mi caso-, pero para algunas, aquellos lugares donde estábamos más tranquilas no son dentro de nuestras casas, y ahora mismo se sienten muy lejanos.

Ciertamente no es un encierro -aunque por ratos pareciera que sí-, y entendemos por qué debemos evitar salir. Ser consciente de eso no lo hace mejor. Yo no soy fan de ir de fiesta o a lugares concurridos, pero extraño no estar tanto tiempo en mi casa y sin ver a nadie más que a las personas de mi familia. Extraño el espacio que, al menos un día a la semana, compartía en la universidad con otras personas y donde me sentía cómoda; extraño platicar con una de mis amigas en el trayecto a clases de italiano; extraño también las visitas ocasionales a casa de otra. No me atrevería a afirmar que los lugares físicos eran los lugares seguros, pero sí las personas con las que convivía en ellos y con quienes no puedo estar ahora físicamente.

En mi casa, no es que la esté pasando mal por mi familia, que sorprendentemente los regaños y las discusiones han sido escasas en comparación con las semanas y meses previos al periodo de contingencia, pero tampoco han contribuido a que esto sea más llevadero. Las cuatro paredes de mi cuarto han pasado a ser mi espacio seguro principal, donde puedo estar sola y hablar con alguna de mis amigas o ver una serie para distraerme un rato. Donde sé que no tendré que callarme algún comentario intentando corregir a mi mamá o mi papá. Estas cuatro paredes han llegado a sentirse muy grandes, haciendo que yo me sienta muy pequeña dentro de ellas; a la vez, se han sentido muy chicas, logrando que se vuelva abrumador estar dentro.

Mi cuarto era mi refugio del exterior, el lugar en el que podía estar sola cuando lo necesitara, el espacio que he adecuado dentro de mis posibilidades para hacerlo realmente mío. Sigue siendo un refugio del mundo que está ahí fuera, aunque ya no porque quiera estar sola, sino porque no queda de otra, porque de momento, salir no es una opción. Ahora representa estar lejos de los espacios en los que me sentía cómoda.

Sé que no soy la única pasando por esta situación, que, si hemos estado siguiendo las medidas de sanidad, está en nuestras posibilidades quedarnos en casa, y no hemos hecho alguna fiesta -o asistido a una-, hace ya unos 40 días que nuestras interacciones cara a cara se han visto muy limitadas. Nos quedan al menos otros 30, en los que tenemos que seguir intentando mantenernos lo mejor posible en todos los sentidos, adaptándonos a diferentes formas de comunicación y encontrando alternativas a esos espacios que teníamos.

Sí, nuestros lugares seguros se han modificado, sobre todo por cómo se da la convivencia, pero no debemos abandonarlos; debemos mantenerlos y generar otros, aunque sea en nuestra soledad, para hacer esta situación un poco más soportable.

Estudio Comunicación Social y prefiero escribir antes que hablar. Considero que es muy importante realmente escuchar a las demás personas para así aprender de ellas.

Me gustan los libros de fantasía y las series de ciencia ficción de los 60’s. La mayoría de mis series favoritas están subestimadas.

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