Lo difícil

Otra nota más sobre Nath Campos. Seré la primera en admitir que ya estoy cansada de escucharlo. ¿Cuántos y cuántas vimos el video por morbo? Al fin y al cabo es chisme, ¿no? Claro, nunca lo diríamos en voz alta. No. En voz alta, en redes, en la mesa, decimos “qué horror que pasen estas cosas, qué mal estamos, pasa la sal”.

No solo estoy cansada, estoy harta de escucharlo y que nada cambie.

Yosstop dijo: “no me sorprende’.  Y ¿Hubo alguien a quien sí? Todes hemos conocido a un Rix. Todes nos hemos burlado de uno de sus chistes, admitido en privado que nos cae mal, pero ¿cuántos y cuántas hemos estado dispuestos y dispuestas a cortar a alguien de nuestras vidas por ese tipo de comportamientos?¿Cuántas y cuántos eliminaríamos a un primo, un mejor amigo, un conocido porque se portó mal en una fiesta después de unos tragos, porque escuchamos que roló un pack, o porque le incomoda a una amiga?

Nadie queremos ser esa persona: la que arma un drama y arruina el “mood” de la peda, la dinámica del grupo. Y me incluyo. Son demasiadas las veces que no he dicho nada ante un comentario misógino de un compañero por miedo a que me cataloguen como “la amargada”. A fin de cuentas, ¿cuánto daño puede causar mi breve silencio?

Estoy harta de pretender que lo correcto es lo más fácil, porque, si así fuera, no estaría escribiendo esto y Nath Campos nunca hubiera tenido que subir su video. Lo correcto va a causar que cortes a gente de tu vida y que generes una reputación y que tu círculo social se cierre, porque cuando se vive bajo una estructura patriarcal, todo lo que atente contra ésta se va a atacar como el sistema inmune a una infección. Lo correcto es lo difícil.

“No causa risa” “No solo es un chiste” siempre terminan en que te giren los ojos, en que intercambien una sonrisa de ‘ya va a empezar’ con el de al lado. Pero lo que nos muestran las confesiones de mujeres valientes, como Nath Campos, es la cantidad de dolor que se paga para que tu chiste o tu buen rato queden intactos y este es tu ultimátum para escoger qué importa más en tu vida. No es fácil admitir que, si conoces a un Rix, conoces a una Nath, pero tu incomodidad no es una excusa para quedarte callado o callada.

Todas las mujeres en tu vida están familiarizadas con la violencia. No nacemos con este conocimiento, pero, a cambio de él, pagamos el precio de nuestra inocencia y nuestra paz mental y el día que te enteras de que existe -ya sea porque te pasó a ti o a alguien cercano a ti- es el día que empiezas a vivir con miedo, y ese nunca se va. Ah, pero ahí no acaba, si tuviste esta realización de pequeña -que estoy segura de que la mayoría la tuvimos- te toparás con otra al crecer: nunca serás verdaderamente independiente.

Esta última me ha ardido por algunos años, porque todas merecemos serlo, pero me estoy dando cuenta que ninguna lo somos del todo. Inclusive en mi posición privilegiada de mujer blanca de clase media, nunca podré salir sola a caminar sin miedo. Nunca podré ir a una fiesta sin tener ese momento -aunque sea muy breve- en el que pienso que alguien me va a hacer algo. He normalizado pensar que me voy a morir cada vez que me subo a un Uber o estoy sola con un hombre. ¿Es normal que cheque cuántas salidas hay cuando estoy sola con un conocido o inclusive mi amigo? ¿Es normal que nunca vuelva a recoger el vaso que dejé de ver en una fiesta por miedo a que lo hayan drogado?

Los anticuerpos que combaten la lucha contra el machismo y el patriarcado son la normalización de estos pensamientos y -más importante- la normalización del comportamiento de tu amigo, el macho violador.

Llamemos a las cosas por su nombre. El chiste misógino es un aviso de que ese agresor va a agredir. El “se pasó, pero estábamos tomados” es un abuso. La persona a la que se le acudió y quien ignoró y no hizo nada, es cómplice.

El miedo que sientes todos los días de tu vida, la incomodidad que te hace sentir ese hombre, tu falta de libertad, NO son normales.

El feminismo -aunque giren los ojos- no es un rasgo de personalidad chocante, es una necesidad y SÍ SIRVE porque el día de hoy le dio el valor a una mujer para denunciar a su agresor y recuperó un poco de la independencia que el machismo y la violencia de genero nos roban a las mujeres.

Ya no quiero tener miedo cada vez que un hombre alce su voz, o en esos momentos en los que me debo estar divirtiendo o simplemente en los que solo debo ser. Ya no le quiero tener miedo a mis amigos. Pero, más que nada, no quiero que ninguna otra mujer tenga que sufrir un acto de violencia -el cual te quita un pedacito de tu persona- para que tengamos estas conversaciones y para que estas conversaciones por fin pasen a ser un cambio importante, tangible, y permanente.

Escojo el silencio incómodo que tendrá que venir cuando no acepte el chiste misógino, y me niego a volver a ser cómplice. Escojo creerles a las sobrevivientes de estos abusos y cortar a su agresor de mi vida, sin importar quien sea. No es justo que tengamos que vivir con nuestro miedo y nuestro enojo porque es lo más conveniente para todes les demás. Así que te regalo mi miedo, macho violador, porque nunca más tendrás mi silencio.

Si estás siendo vícitima de violencia de género o necesitas contención y acompañamiento psicológico y/o legal en Yucatán, puedes contactar a la fundación APIS.

Cel. 9999 88 40 48

Stephi. Soy feminista, tengo 21 años y estudio Comunicación en la Anáhuac Mayab. Procuro leer tanto como lo hacía en la primaria y ver todas las películas y escuchar todos los álbumes que pueda antes del Apocalipsis.

Sigo aprendiendo y no pretendo dejar de cometer errores. Solo espero que sea uno diferente cada vez.

Bi.

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