Lo difícil de sentir(nos)

Recientemente fui a un café con una amiga, y mientras nos poníamos al día sobre la universidad, el trabajo y la vida en general, ella me comenzó a contar sobre la persona con la que está empezando a salir. En medio de la plática, me dijo “es que, como que no vamos al mismo ritmo, no pensé que le preocupara eso, a mí me da igual”. Más entrada la conversación me platicaba que, cuando hablaron sobre algunas de sus inseguridades, salió el tema de las exparejas. Tema incómodo para ella, pero que “le ayudó a entender ciertas cosas”.

A los pocos días, un amigo me contaba que le gustaba una persona, pero que el “aun no se sentía listo” para estar en una relación. Cabe mencionar que esta conversación terminó en una larga plática sobre su ex. Yo pregunté (más para mí misma que para él): ¿Qué es lo que nos hace dudar?

Creo que estas dudas o temores, parten de las experiencias, buenas o malas. Lo que más me llamaba la atención de ambas situaciones es que, además del esfuerzo por entender a la otra persona, requería un esfuerzo entenderse a sí mismo o a sí misma.

Cada uno de nosotros y nosotras tenemos una historia, cada persona que conocemos es un libro nuevo por descubrir. Personalmente, creo que ahí se encuentra el primer reto, el reto de entendernos a nosotros mismos/as.

En mi último proceso de mudanza, recogía mis libros y recordaba cómo cada uno de ellos había influido en diferentes momentos de mi vida, veía dibujos y pinturas viejas e intentaba recordar lo que sentía la María Paula de ese momento. Y me di cuenta de que, para entenderme en el presente, necesitaba reconocer y abrazar a mis antiguas yo.

La realidad es que todo cambia todo el tiempo, la vida no es estática. No somos las mismas personas que ayer, y no somos las mismas personas que seremos mañana. Pero lo que fuimos forma parte de lo que somos y de lo que seremos.

Hay un símbolo budista denominado “unalome”, el unalome es una representación del camino que cada persona tiene en su vida. Este camino no es lineal, tiene curvas que pueden representar nuestros miedos, nuestras debilidades, nuestras fortalezas y nuestras decisiones. Estas líneas curvas e irregulares en un punto comienzan a enderezarse simbolizando nuestra evolución y transformación.

Si intentamos trazar nuestro propio unalome, necesariamente tenemos que mirar hacia nuestra historia personal. Tenemos que reconocernos en nuestros errores, aciertos y decisiones para entender en qué parte nos encontramos y cómo llegamos ahí.

Definitivamente no es una tarea fácil, tampoco es algo que se nos enseñe o a lo que se nos acostumbre. Recordar pudiera parecer doloroso en algunos casos, pero no se trata de revivir, se trata de reconocernos a través de nuestras propias narrativas para entender cómo hemos llegado hasta aquí, cómo hemos crecido y cómo hemos evolucionado.

Considero que solo a través del auto reconocimiento es que podremos identificar y entender nuestro presente, e incluso, cuando no podamos entender, esta conexión nos ayuda a sentir(nos), conectándonos con nuestras emociones.

En un mundo en el que sentir se entiende como debilidad, el auto reconocimiento y el permitirnos sentir me parece revolucionario, además de ser parte del autocuidado. Es una forma de reconciliación con uno/a mismo/o y con lo que nos rodea.

Permitirnos sentir(nos) nos ayuda a generar empatía, a entender que las vivencias son distintas, y que podemos ver en la persona que tenemos enfrente toda una historia, con altas y bajas, con irregularidades e imperfecciones, pero que justo ahí reside la belleza de la vida y de todos y todas.

El progreso no es lineal y nuestras historias tampoco.

 

Estudiante de décimo semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán. Miembro del Colectivo Más Derechos Humanos y de Amnistía Internacional Yucatán.

Escribo de temas de interés social con perspectiva de derechos humanos.

"Cada quien necesita viajar a su propio tiempo por su propia distancia".

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