Varios audiolibros después… El veredicto

Es sábado, día de limpieza. Estoy barriendo la sala, el comedor, la cocina o mi habitación; el escenario es el mismo: la tranquilidad reina, mas no el silencio. Del iPad sale la voz de una mujer que narra las peripecias de Mare Barrow, Cal y Cameron en King’s Cage. Escucho muy atenta cada detalle, cada descripción, que se transforma en una imagen visual en mi mente. Por un segundo detengo la escoba y desvío los ojos al dispositivo. Toca alejarme de la fuente, por lo que elevo el volumen. ¿En qué va a terminar el asalto? La intriga me mantiene tan enganchada como cuando leí el primero en físico.

Para mí, que siempre abogué a capa y escapada por los libros impresos, el descubrir que la tecnología no brinda una experiencia de menor calidad cuando se trata de lecturas literarias —los audiolibros que escucho suelen estar a 1.25x o 1.5x y la velocidad solo hace que me enganche más con la historia, miren que yo nunca lo vi venir— es todo un descubrimiento. Y me deja con un pensamiento: el romanticismo y las ganas de coleccionar las ediciones más bellas de mis libros favoritos me mantienen pegada a las ediciones en papel.

Hoy dejo de lado mi terquedad para reconocer que esta maravilla llamada audiolibro se va a quedar en mi bolsillo de opciones para iniciar una lectura. Además de ser el libro en voz, con entonaciones y emociones a flor de piel —o no sé, ¿Benedict Cumberbatch (en algunos casos) contándote una historia por dos o cuatro horas?, permite tener los ojos en un lugar y parte de nuestra atención en otra.

¿Vas a lavar los platos? ¿Saldrás a correr a un espacio seguro y controlado? ¿Estás en el auto y tienes la capacidad de escuchar un audiolibro sencillo en el camino? ¿Te mueves en Uber, Didi y sus variantes? O mejor… ¿te vas a bañar y no quieres meter tu libro/tablet/Kindle a la regadera? ¡Ahí es cuando te sacas el audiolibro de la manga —dispositivo móvil— y aprovechas para avanzar en tu lectura!

Y a veces hay audiolibros que son mejores que el libro… Sí, mejores. Emma de Jane Austen en la versión de Bookmate, por ejemplo, es un libro que me resultó tedioso por las descripciones del día a día, lo mucho que divagan los personajes y lo leeeeento que avanza la trama. Sin embargo, la narradora le pone el espíritu que yo no hallé cuando leí por mi propia cuenta (avancé 80 páginas y lo dejé dos meses). Los chistes sonaban a chistes, el sarcasmo estaba presente y podía aumentar la velocidad a mi gusto. Al final, terminé el libro bastante satisfecha, no creo que haya pasado a la lista de “Leídos” de pasar por alto este nuevo formato.

En otras ocasiones el audiolibro resulta un buen compañero para el libro, ya sea físico o electrónico. En especial para aquellas personas que están aprendiendo o buscan practicar un idioma. Es muy común que no sepamos cómo se pronuncia tal o cual palabra, y terminemos creando la pronunciación que más se asemeja a las reglas que conocemos. A veces está bien, otras… no tanto. El error podría quedarse por largo rato, tanto que podríamos olvidar que es una suposición y vamos por ahí con una palabra pronunciada erróneamente.

Es en esos momentos cuando entra el audiolibro a fungir como herramienta para el aprendizaje. Play y te acompañará a lo largo de tu lectura. En Spotify no es posible hacerlo, pero servicios como Storytel y Bookmate te permiten aumentar la velocidad. Aunque yo lo he usado para avanzar más rápido, también se puede ajustar con el objetivo de ir a un paso más similar.

No sé, todo el rollo del audiolibro me parece maravilloso. Quizá lo único que desearía sería la existencia de vinilos para colocar en el tocadiscos y acompañar la narración con un delicioso chocolate caliente o una esponjosa rebanada de pastel, como hacía de niña con los cuentos que sonaban en el tocadiscos de mi mamá.

Oh, que curioso… la niña a la que siempre le ha gustado que le cuenten historias solo encontró un medio más moderno. 

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Comunicóloga. A veces hablo de libros y escritura creativa, el resto del tiempo colecciono historias y postales. Se me va el avión, una disculpa.
En todas las redes como Bookish Bruha. Esa h no es muda.

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