Los que se marchan de Omelas: a dónde van aquellos que se alejan de la injusticia

Lectura en voz alta de Los que se marchan de Omelas:

Entre el estruendo de tambores y platillos por la fiesta del verano, en una ciudad de torres con tejados rojos que dominan el mar, y dieciocho montañas que la abrazan, se encuentra Omelas. Donde todos y todas las que la habitan son felices y también donde todas las sonrisas se han vuelto algo arcaico, narra Úrsula K Le Guin.  «Quizá sería mejor forzarles a imaginarla por ustedes mismos, aunque no estoy segura del resultado, ya que seguramente no podré satisfacerles a todos».

Los que se marchan de Omelas, es un cuento escrito por Ursula K. Le Guin en 1973. Cuya noción central aparece en la obra The Brothers Karamazov (1958) de Dostoyevski, sin embargo, el mérito se le atribuye a William James por su ensayo The Moral Philosopher and The Moral Life (1897).

En su relato, Ursula K. Le Guin nos describe un lugar imaginario, la ciudad de Omelas. Nos pide que trabajemos con nuestra creatividad y pensemos en ese maravilloso lugar donde está presente la espiritualidad y la religión pero no el clero ni las instituciones religiosas. Tampoco hay leyes ni reglas, no son necesarias. Ni armas ni guerra. No hay ni reyes ni esclavos. Nos dice que quienes habitan Omelas «no son gentes sencillas, nada de dulces pastores, ni nobles salvajes, ni candidos utópicos. No son menos complejos que nosotros».

Y hay algo más, sus pobladores guardan un secreto que rompe con la armonía de la ciudad. En el sótano de uno de esos grandes edificios con paredes encaladas, hay una habitación con cerrojo donde el suelo es húmedo y su olor hediondo. Es un cuarto de tamaño minúsculo con dos escobas arrinconadas que habita una niña o niño que está siendo maltratado, y la alegria de Omelas depende del sufrimiento de ese niño/a. Todas y todos en la ciudad lo saben; en Omelas los crímenes no existen.

En ese momento del relato es donde se enlaza el fundamento de William James que mencioné al inicio:

« (…) si se nos ofreciese la hipótesis de un mundo en el que las utopías de los Srs. Fourier, Bellamy y Morris estuvieran superadas y millones de personas fueran permanentemente felices con la simple condición de que cierta alma perdida más allá del límite de las cosas llevase una vida de solitaria tortura, ¿qué puede ser, excepto una específica e independiente emoción, lo que nos haga sentir inmediatamente, incluso aunque surja un impulso en nuestro interior que nos lleve a aferrarnos a la felicidad así ofrecida, lo espantoso que puede ser su disfrute cuando se acepta deliberadamente como el fruto de tal ocasión?»

Ursula nos invita a ser exploradores de los cuestionamientos planteados más allá de la reflexión moral, ética y antropológica esenciales en su obra, para ella no hay verdades descubiertas. Teme que Omelas no nos parezca una ciudad agradable y nos plantea añadir una orgía, y una droga que denomina drooz. Porque sí, algunos de sus residentes se quedan, pero también están los que abandonan Omelas. Aquelles que van a un lugar que ella no describe porque no sabe si existe algo más allá que la ciudad de la felicidad, pero está casi convencida que aquellos que se marchan, saben bien hacia dónde van.

Los que se marchan de Omelas: una lectura presente

Dentro del marco de ciencia- ficción en el que se desarrolla la obra de Ursula K. Le Guin, sus libros y relatos se presentan como algo atípico por temas como el anarquismo y la no violencia, así como por la inquietud ética y moral en el plano de la fantasía literaria. No obstante, en términos del contexto actual, en el que han quedado a la exposición los sistemas de opresión y se han intelectualizado cuestiones como la esclavitud moderna, el relato de Úrsula nos incita a pensar “¿cómo podemos vivir con justicia?” y “¿cómo sería vivir en una sociedad no basada en la opresión?”, aún después de casi 50 años de haber sido escrito. Sobre todo cuando hoy parece no haber espacio para la otredad, aunque sí muchas justificaciones a juicios morales que ignoran los patrones de poder vigentes.

Los que se marchan de Omelas, nos recuerda la manera en la que vivimos en este momento y nos pregunta a dónde van aquellos que se alejan de la injusticia. Como una forma de decir que no es la única manera en la que podemos vivir. Nos invita a hospedarnos en el misterio de la vulnerabilidad humana y la esperanza, aunque esta última sea difícil pero ayude a imaginar la libertad y la justicia.

Del centro al sur. Comunicóloga en formación.

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