Lo que me sucedió al leer a Alejo Carpentier

Hay lecturas que ocurren sin pena ni gloria. No trascienden ni se quedan mucho tiempo en la memoria, por lo tanto, difícilmente serán parte de una conversación. Otras lecturas dejan una huella tan grande que meses, o incluso años, después las recuerdas al pie de la letra. Bueno, casi. Son esas las que participan en conversaciones, las que recuerdas con cierto cariño o su simple mención despierta el rant de una vida. Aunque no lo parezca, con “Viaje a la semilla” de Alejo Carpentier nos encontramos frente a la primera opción. He aquí lo que sucedió. Alejo Carpentier escribe “Viaje a la semilla” con un manejo del lenguaje de quien ha sido educado en las formas de este, siendo lecturas asiduas los libros de Balzac, Flaubert y Zola. Hablamos de densos párrafos que uno debe leer no sólo con detenimiento, sino varias veces para terminar de comprender su significado. Todavía así, se me escapan mensajes que sólo se vislumbran al leer entre líneas más de una vez. En su narrativa, Carpentier utiliza palabras pomposas. Incluso parece reírse del lector cuando éste trastabilla al leer en voz alta. “Viaje a la semilla” está cargado de descripción, adjetivos y es de nota el tema del cuento: lo fugaz de la vida. Las imágenes se mueven veloces en la mente al terminar de leer, sin embargo, uno no podría tardar más por culpa de su narrativa. De ser personas, uno se engentaría; y de tratarse de un ornamento barroco, quedaría saturada con tanto oro.

Alejo Carpentier tiene influencia del barroco, y esto vuelve la lectura un tanto complicada. Siendo corta de paciencia, en definitiva, la perdí en múltiples ocasiones y más cuando extraje un párrafo, según yo complicado. ¿Qué pasó al leerlo independiente del resto del texto? Bueno, pues nada. Cero complicaciones, es impresionante. Quizá sea el bloque lo que me hizo pensar que está complicado, quizá intimida cuando lees tres palabras extrañas y te sientes acongojado al errar en la pronunciación. También es posible que Alejo Carpentier tenga un juego entre manos. Las primeras partes del cuento destacan por su complicada sintaxis y conforme va avanzando la lectura, la narrativa es más sencilla y comprensible. Esto coincide con los momentos de la vida del protagonista, Marcial, pero yo no me di cuenta hasta el final. Entonces, mi mente explotó ante la construcción del cuento como un todo. Conforme retrocede la vida de Marcial, el conocimiento se va perdiendo, por ende, el conocimiento del lenguaje también. Sucede que el cuento narra la vida inversa de Marcial, es decir, empieza por su muerte, cuando posee mayor conocimiento y experiencia; y va regresando en el tiempo hasta convertirse en un bebé dentro del vientre de su madre. En otras palabras, se va moviendo el reloj biológico en dirección inversa hasta llegar a ser nada. Han pasado largos meses desde que leí “Viaje a la semilla”, sin embargo, es de las primeras que saltan a mi mente cuando sale a colación una lectura compleja y satisfactoria. Una joyita.

Comunicóloga. A veces hablo de libros y escritura creativa, el resto del tiempo colecciono historias y postales. Se me va el avión, una disculpa.
En todas las redes como Bookish Bruha. Esa h no es muda.

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