Lo bueno, lo malo y lo obtuso de Reclaim Her Name

“George Eliot. I don’t know him.
He is a her, Mary Ann Evans.
How wonderful.”
Anne With An E (T1, E7).

Hablar de la mujer a través de la historia es hablar de desigualdades y luchas para revertirlas, y aunque mi librero me haga creer lo contrario, la esfera literaria y sus alrededores no son una excepción. Tradicionalmente, los grandes clásicos de la literatura lo son por grandes escritores de su época. En comparación, son pocas las escritoras que han escapado del estigma y trascendieron a tal nivel; y todavía menos vieron su carrera despegar al mismo nivel que la de un hombre.
Por siglos, se veía a la mujer como incapaz de producir obras de la misma calidad y profundidad que las de un hombre. Sus escritos eran considerados más rosados, light, sentimentales o un reflejo de su vida, casi una autobiografía. ¿Una obra seria, que toque temas de importancia, profundos o erotismo? Impensable, la crítica social se hacía presente en múltiples formas.
Si bien la época influye mucho, pues una sociedad cambia con el tiempo y el lugar —no es lo mismo hablar de la esfera literaria en la época victoriana que en el Japón de principios del siglo XI—, es una realidad que muchas escritoras han abandonado sus nombres completos para evitar la crítica, ser tomadas en serio o poder publicar. ¿Cuántas obras atribuidas a escritores son en realidad hechas por escritoras? ¿Cuántos “anónimo” enmascaran el nombre de una mujer? Con el pasado siendo pasado y los registros de muchas obras en el olvido, inexistentes, quizá nunca podamos develar el secreto en su totalidad, pero sí podemos intentar revertir la situación con aquellos nombres femeninos que han salido a la luz: brindarles el reconocimiento que merecen, darles su lugar en la historia universal de la Literatura y dar un paso más en colectivo.
Sin duda, ese era el propósito de Reclaim Her Name, que forma parte de la campaña por el 25 aniversario del Women’s Prize for Fiction. En unión con su patrocinador, trabajaron en una colección de veinticinco libros escritos por mujeres que publicaron con un seudónimo masculino. ¿El objetivo? Dar el crédito que se merecen, y de paso poner el tema sobre la mesa para impulsar conversaciones que giren alrededor de los retos que enfrentan las mujeres en la industria editorial y la decisión de utilizar seudónimos, de cualquier tipo, diría yo. Y es ahí, en ese último punto, en donde inicia la crítica y en mí nace la duda.
En este caso, la palabra clave es decisión. No hay decisión sin motivo, este grupo de veinticinco mujeres tomó la decisión de publicar con seudónimos masculinos, ¿pero por qué? ¿Todas fue para que “su trabajo fuese publicado o tomado en serio”? Es la única explicación que Baileys y Women’s Prize for Fiction. Sin embargo, la decisión de varias mujeres incluidas en la colección respondió a cuestiones de identidad, diferenciar lo público de lo privado y otras vertientes. Es decir, publicar y ser tomadas en serio cae en segundo plano, al menos, en el caso de George Eliot, Vernon Lee y Amantine Dupin (George Sand).
Violet Paget (Vernon Lee), escritora de la novela gótica The Phantom Lover y una buena cantidad de obras sobrenaturales y críticas de arte, por ejemplo, decidió ocultar por completo su nombre real tanto en su vida como en sus obras literarias. Un caso similar es el de George Eliot, escritora de Middlemarch. En la pequeña biografía que figura en la edición de Middlemarch en la colección Reclaim Her Name leemos que “…utilizó un seudónimo masculino en la portada de sus libros para ser tomada en serio”.
La realidad es muy distinta, George Eliot fue el nombre público con el que Mary Ann Evans —quien por cierto era conocida como Marian Evans Lewes entre 1851 y 1880— se dio a conocer y para cuando Middlemarch se publicó en 1871, el público sabía que George Eliot era mujer. De hecho, fue Dickens quien escribió una carta en 1858 y aventuró la posibilidad de que “George Eliot” sea el seudónimo de una mujer. Habrá sido pública la carta, porque un joven pastor se animó a atribuirse el seudónimo, lo que hizo que Mary Ann Evans revelara el secreto. ¿El resultado? George Eliot siguió siendo tan popular y reconocido como antes, y llegó a convertirse en uno de los favoritos de la princesa Louise, hija de la reina Victoria.
Finalmente tenemos a George Sand, el seudónimo con el que se conoce a Amantine Aurore Dupin. Ella destacó por su actuar revolucionario, utilizar ropa de hombre y fumar en público. Se sabe y se dice que “era Sand el que era el novelista, no Dupin”. Era una dualidad pública, una persona, y cada una convivía en un espacio decidido por la autora. Víctor Hugo expresó que “George Sand no puede determinar si es hombre o mujer. Tengo un gran respeto por todos mis colegas, pero no es mi lugar decidir si ella es mi hermana o mi hermano”.
Para la Europa de su época no era desconocida esta información, George Sand (identificada como mujer) incluso gozó de mayor popularidad en Inglaterra —entre los 30’s y 40’s de su siglo— que Honoré de Balzac y Víctor Hugo. Por lo tanto, el intento de encasillar a la autora en la biografía que se coloca en Reclaim Her Name —“sus romances son conocidos a nivel mundial. Es tiempo de que su nombre lo sea también”— es errónea. Nuevamente, se sabía quién era en verdad George Sand y era reconocida en su medio; como los casos anteriores.
Si se ha perdido este conocimiento, si no se sabe en la actualidad, es porque no se ha enseñado. ¿Por qué no podemos identificar a una mujer por el nombre que ella decidió darse? ¿Por qué insistir en vestirla con crinolinas cuando ella decidió los pantalones? Quizá las otras autoras de la colección Reclaim Her Name sí tienen motivos relacionados con alejarse del prejuicio y los señalamientos de la sociedad por ser escritoras, pero otras no.

George Eliot por François DAlbert Durade

Reclaim Her Name hace bien en traer el tema a la vista de todos, está logrando su cometido: iniciar una conversación respecto a la condición de la mujer en esta área profesional. Sin embargo, en el proceso está pasando por alto el poder de decisión de las mujeres que lucharon por el derecho a ser diferentes y buscaron ser publicadas bajo nombres que seleccionaron. También tergiversa el motivo de estas decisiones y reduce el origen de un seudónimo masculino a ser tomadas en serio y ser publicadas, cuando va más allá. Entonces… ¿qué se tiene que hacer?
Cambiar la narrativa, abordar con la mayor cantidad de vertientes y quizá encontrar una forma de incluir dos nombres en una portada, dar prioridad a las identidades por encima de la condición genética. Todo esto sin perder de vista el pasado, revindicar sin abolir el pasado… y con un poco de esfuerzo, se cambiarán las perspectivas y concepciones del público. Reclaim Her Name debe ser sólo el inicio.

Comunicóloga. A veces hablo de libros y escritura creativa, el resto del tiempo colecciono historias y postales. Se me va el avión, una disculpa.
En todas las redes como Bookish Bruha. Esa h no es muda.

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