El vendedor de silencio

Enrique Serna Rodríguez nació en 1959 en la Ciudad de México. Estudió tres semestres en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, pero renunció y se acabó formando como licenciado en lengua y letras hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad; finalmente, se tituló en 1985 con una tesis sobre el poeta novohispano Luis Sandoval Zapata escrita a máquina. ¿Por qué escribir sobre un autor (casi) olvidado con textos desaparecidos? Habría que preguntarle, pero sin duda es un hecho que en su trayectoria literaria ha demostrado un claro interés en reinterpretar el pasado y contarlo a su propio estilo.

Sin llegar a encasillarlo como autor de novelas históricas, porque su trabajo es más amplio y sus ensayos son bastos y muy diversos, sí ha dedicado algunos textos para traer al presente la historia de México y el mundo. Serna es autor de cuentos (Amores de segunda mano y El orgasmógrafo), ensayos (La edad de la chingada y Genealogía de la soberbia intelectual) y novelas (El seductor de la patria, Ángeles del abismo y El vendedor de silencio, su más reciente publicación); y en todos deja una marca particular que lo distingue entre los autores del México contemporáneo.

En El vendedor de silencio, además de novelista, Serna se convierte en biógrafo, psicólogo y narrador equisciente de Carlos Denegri, uno de los periodistas más recordados del siglo pasado. Denegri se congració con el poder político y económico a muy altos niveles, eso le valió para acrecentar las actitudes y la soberbia que se relata de forma aguda la novela. La historia de Denegri es una historia de machismo, poder, corrupción y excesos que ejemplifica muy bien lo peor de la clase política mexicana, y por eso merece ser contada.

“No he sido un santo, lo admito, pero tampoco el monstruo que pintan” le dice Denegri a la joven Natalia mientras la cortejaba.  Esta frase describe muy bien el tono con que debe ser leída la obra, principalmente cuando la abrumadora soledad y momentos de tristes de Carlos nos hacen empatizar con el mismo hombre, que además de cometer múltiples delitos, vivió para servir y alimentar a las estructuras de poder del (rancio) Partido Revolucionario Institucional.

Es muy interesante cómo Enrique Serna introduce a la persona lectora a los espacios más íntimos de las elites políticas, económicas y artísticas del siglo XX: pláticas de alcoba, reuniones de trabajo, fiestas y conspiraciones por el poder. Bien podría decirse que, así como en el oficio de periodista de Denegri le tocaba enterarse de mucho y callarse mucho más, cualquiera que lea “El vendedor de silencio” podrá conocer los más oscuros secretos que fraguaron la realidad del México contemporáneo.

Sorprende muchísimo conocer los tratos y mañas que hicieron los caudillos en el poder durante los gobiernos post revolución. También sorprende conocer de cerca las personalidades y trayectoria de periodistas contemporáneos a Denegri cercanos al poder como Jacobo Zabludovsky y otros más críticos como Julio scherer. Asimismo, uno puede conocer de cerca más de la vida de artistas como Salvador Novo y María Felix y el ascenso político de Luis Echeverría y otros personajes funestos en la historia nacional.

La novela genera durante su desarrollo emociones diversas, y su final muchas más; sobre todo si no se conoce mucho acerca de la vida de Carlos Denegri. Leer “El vendedor de silencio” en estos días es un ejercicio de memoria muy interesante. Para las personas más jóvenes implicaría conocer el pasado que tiene al país en su situación actual, y para quienes vivieron o recuerdan de manera vívida algunos de los pasajes que se relatan, implica una relectura del antiguo régimen y las elites mexicanas.

Frecuentemente se dice que la historia se cuenta según quien la escriba, en este caso, la historia es de silencios que duraron mucho tiempo. Sin duda el periodismo nacional se encuentra en una sintonía distinta a la del libro, pero la historia de Denegri invita a reflexionar en las formas, contextos e intereses a los que sirven la pluma o el teclado. Sin una prensa crítica el poder podrá tener todo lo que quiera, para sí y para quien sea. Cuando la sed de poder es grande, no importan los colores, y siempre que exista alguien dispuesto a pagar, vendedores de silencio y halagos como Denegri, tendrán un lugar en la nómina de presidencia, gobernación o cualquier otra oficina.

Punto y aparte, hay que reconocer que siempre han existido personas con un compromiso ético con la verdad y la sociedad. En estos momentos las y los periodistas reciben múltiples e injustas descalificaciones por hacer su trabajo, y desafortunadamente muchas y muchos otros han sido asesinados en su ejercicio profesional. No se puede callar la verdad y es una obligación de las autoridades garantizar la seguridad de las y los periodistas, aunque no aplaudan y aunque sus investigaciones incomoden.

 

 

 

 

 

 

 

Miembro de la Red Peninsular de Apoyo al Litigio Estratégico a favor de los pueblos indígenas y comunidades campesinas en los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo, y de la Red Juvenil "Valiente” para defender la tierra, el territorio y el medio ambiente.

Escribo sobre política, sociedad y medio ambiente con perspectiva de derechos humanos.

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