Cuando la cuarentena se llena de “La nostalgia de los sentidos”.

-Mayela Canto.

A través de sus redes sociales, Conchi León se ha convertido en un alguien a quien siento cerca de mí y de mi historia, aun sin tener la fortuna de conocerla en persona.

Nuestras conexiones empezaron así: un día que podría ser cualquiera, pero para mí no lo fue, leí una publicación en su Facebook, en la que hablaba de una anécdota infantil sobre un anillo y luego compartía sus pensamientos entorno a como el amor a veces aprieta y resta libertad. No pude contenerme. Al terminar de leer aquella publicación, le escribí contándole que había visto al hombre que creía amar con un anillo nuevo, pequeño, apretado y, a mis ojos, ridículo como ridículo era continuar, queriendo compartir mi vida con él, siendo que para mí el amor libera y construye; mientras que para él amarra y hace sufrir.

Ese día no lo podré olvidar. Manejaba a casa y, por un momento, me fue necesario detenerme. Necesitaba respirar profundamente y decirme en voz alta: Mayela, no más amores apretados, nunca más.

Continué siguiendo por redes sociales la historia de Conchi hecha publicaciones: las anécdotas que comparte de su mamá, sus experiencias teatrales, sus videos, una que otra entrevista y hasta el famosísimo hamaca gym. Asimismo, ayer me di un hermoso regalo de cumpleaños: su libro “La nostalgia de los sentidos. Manual de dramaturgia testimonial”.

Durante la Cuarentena algo ha pasado con mi atención: no logro centrarla más de diez minutos en algo. No he visto ninguna película y me tardé tres días en terminar el capítulo de una serie porque siento que no puedo seguir el hilo de nada. Pero, como es su costumbre, Conchi hace magia.

En una tarde y una mañana, me leí el libro completo. Me inundé de la nostalgia de mis sentidos:

– Yo recuerdo a mi abuelo Arturo, muy perfumado comiendo sorbete de mango y cantando /te extraño/ como se extrañan las noches sin estrellas/como se extrañan las mañanas bellas/

– Yo recuerdo a mi abuela Ofe prepararme huevos estrellados y leche con café en alguna mañana antes de irme a clase, diciéndome este desayuno es como de día de santo. Hay pan, ¿quieres?

Y comparto esto como uno de los ejercicios que propone Conchi en su libro y, aunque felizmente hice algunos de los ejercicios, me pregunto: ¿Yo haciendo ejercicios de teatro testimonial? ¿Qué está pasando contigo Mayela? En seguida vienen a mí un montón de respuestas, pero entre todas las emociones y los pensamientos que me atraviesan en este momento, me quedo con lo siguiente: vaya fortuna la mía de darme un tiempo para estar conmigo, burlar el encierro actual y entonces volar por los aires de mi historia con toda libertad.

Termino de escribir estas líneas y toca a la puerta de mis pensamientos el Teatro Penitenciario al que Conchi le dedica una parte de su libro. Recuerdo el testimonio de una mujer que encontré en el libro que decía: “No diré que no me ha costado estar aquí. Ha sido bien difícil, pero yo agradezco haber caído aquí. Tras las rejas mi panorama se abrió al 100; creo que antes ocupaba mi mente al 5%, aquí me di cuenta de muchas cosas”. Estos “arrestos” domiciliaros en los que voluntariamente estamos hace más de un mes, también de alguna manera nos han salvado, puesto que, más allá de invitarnos a cuidar nuestra salud física, también nos ha llevado a mirar de frente la importancia de cuidar nuestra salud mental. Es verdad que el confinamiento actual dista mucho de ser como los de las penitenciarías, pero cierto es que hemos estado presas/presos del miedo, de las auto exigencias, de la vulnerabilidad y de la incertidumbre con motivo de la pandemia y que hoy para mí, leer este libro ha significado saborear la libertad aun en cuarentena.

No escribo teatro. No soy actriz, pero me considero la protagonista de mi vida y hoy, más que nunca, hago conciencia de que cuando me apropio de mí, de mi cuerpo, de mi historia, de mis luminosidades y de mis sombras; me hago libre. Y es así cuando tengo facilidad para acceder a las nostalgias de mi infancia, de las despedidas que suceden, de las que yo he decidido que sucedan. De las experiencias de dolor y de todas las conexiones amorosas que hoy me hacen sentir acompañada aun en la “soledad” de mi hogar.

Soy terapeuta. En repetidas ocasiones he conversado con las personas, con quienes comparto procesos psicoterapéuticos, algunas de las historias de Conchi; y vaya que hemos podido abrir nuevas posibilidades y construir nuevos caminos. Los ejercicios de “La nostalgia de los sentidos” son parte de los tesoros que serán guardados en el cofre que heredé de mi abuelita y que ocupa un lugar especial en el consultorio. Una vez más, Conchi y su magia, también en el consultorio.

Gracias Conchi, porque a través de tus palabras, me encuentro. Porque a través de tus palabras, acompaño a otras personas a encontrarse y porque estoy segura que habrá en el camino muchos encuentros más.

¡Lee a las invitadas e invitados de YucaPost!

2 respuestas a «Cuando la cuarentena se llena de “La nostalgia de los sentidos”.»

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