Carlos Fuentes: el escritor crítico y versátil que buscó la identidad mexicana

Por el trabajo diplomático de su padre, Carlos Fuentes Macías vivió su niñez en distintas ciudades del continente americano, lo mismo radicó en Montevideo que en Buenos Aires o en la capital estadounidense. Cabe destacar que en esta ciudad norteamericana fue donde Carlos Fuentes empezó a mostrar dotes por las artes literarias, pues escribía en la revista escolar y organizaba e interpretaba obras de teatro. Esta vocación literaria la alimentó con obras del escritor Alejandro Dumas y la nutrió aún más con el repertorio artístico de Balzac y Miguel de Cervantes, sin dejar de lado la literatura norteamericana.

A pesar de dominar la lengua inglesa, desde su juventud Carlos Fuentes prefirió siempre al español tanto para escribir como para expresarse. Tenía fe en que el español es la “palabra de la libertad”, convicción que se afianzó en su paso por Chile, país liderado en las letras por Pablo Neruda y en lo político por las libertades de la democracia. Más aún, Carlos Fuentes pensaba que a la literatura inglesa no le hacía falta un escritor más porque había mucha producción de la misma, en cambio, en la literatura hispanoamericana se necesitaba más continuidad y mejores obras. De ahí que se decantara por escribir siempre en español.

Así, desde su amor hacia su lengua y hacia una nación que no conocía, fue que decidió poner su residencia permanente en México para inscribirse en la Escuela de Jurisprudencia de la UNAM. En efecto, mientras estudiaba teoría del derecho también salía a recorrer la Ciudad de México: visitaba cines, calles, plazas y alamedas, todos lugares descritos que quedaban registrados en su cuaderno de notas. De tal forma que las notas de su cuaderno más la imaginación surgida en varias de sus habituales caminatas del Zócalo para ir a la Universidad, le permitieron construir las distintas escenas narradas en su primera novela publicada en 1958 y que lleva el título de La región más transparente.

Fue tan apabullante el éxito de su primera obra, que decidió declinar al ejercicio de su profesión como abogado, al renunciar a su cargo en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Quería ser un escritor de tiempo completo porque sólo así podría escribir obras tan complejas como Aura y La muerte de Artemio Cruz para el año de 1962; la primera epopeya del realismo mágico y la segunda, obra que apuntala críticas muy concisas a los ideales de la Revolución y a los que resultaron vencedores de la misma. Sí, lo que siempre determinó a Carlos fue su ardiente crítica a las instituciones políticas mexicanas de su tiempo heredadas de la Revolución Mexicana, actitud que incluso, le valió un distanciamiento de su mentor Octavio Paz.

Aura. Vía Informador MX

Desde su columna en la revista Política, las letras de Carlos Fuentes apuntaban al manifiesto de creación de instituciones garantes de la libertad de expresión y de la búsqueda de consolidación democrática. Sus críticas al régimen autoritario del partido hegemónico quedaron plasmadas en su provocativo París: La revolución de Mayo, ensayo engañoso hacia su destinatario porque Carlos Fuentes no describe el convulso año de 1968 parisino, sino que esboza su crítica hacia la situación nacional de ese año. Así, concordante con su escrito, años más tarde renunciaría a su nombramiento como embajador de Francia porque no quería tener el mismo nombramiento al de su homólogo Gustavo Díaz Ordaz, nombrado cónsul de España en 1977, que a los ojos de Fuentes, era responsable de los hechos trágicos de Tlatelolco de 1968.

En efecto, su agudeza crítica y congruencia con sus ideas sólo pudieron ser compaginadas con su versatilidad en las letras. Sus obras abordan diversos temas, pero siempre hubo un tema que cruzó todas ellas, el cual siempre fue la búsqueda de identidad del ser mexicano. Quizás fue la influencia de Alfonso Reyes en su niñez, pero Carlos Fuentes buscó abordar la compleja identificación de la identidad del ser mexicane a través del estudio de su herencia histórica y cultural, porque creía que, a partir de ahí, uno podría entender las razones de la creación de las instituciones que rigen hoy en día su vida y comprender la esencia de todo lo demás que rodea al mexicane.

Vale nombrar su obra Terra Nostra, novela que aspiró a describir la España descubridora de América con la finalidad de esbozar toda una representación de sus instituciones y sus estructuras de poder, las cuales se implantaron en suelo mexicano durante la época del Virreinato, pero que perduraron muchas décadas más después de la Independencia de México. En esa línea, su compilación de cuentos publicados bajo el título de El Naranjo, vinieron a desmenuzar la complicada relación que hubo entre conquistador español y conquistado, con lo cual, esboza un análisis acerca de las consecuencias de esa relación y todo el producto institucional que se construyó a partir de la misma. Como buen apasionado de la Historia de México, ambas obras reflejan no sólo un conocimiento profundo del tema, sino también una latente preocupación por conocer el contexto de su tiempo por medio de lo heredado por sus antepasados.

Así, a la par de abordar críticas duras al sistema político y buscar desentrañar la identidad del mexicano desde estudios plasmados en sus ensayos, cuentos y novelas, también pudo abordar estos temas a través de piezas dramáticas como Todos los gatos son pardos o través de su antología como lo fue Los cinco soles de México. Más aún, su afición y gusto al cine lo animaron a escribir guiones cinematográficos como lo fueron las cintas de Los Caifanes y Las dos Elenas. En definitiva, Carlos Fuentes fue un escritor versátil que dominó gran parte de los géneros literarios; no por nada tenía el afecto y admiración de Gabriel García y Mario Vargas Llosa, dos de sus amigos que siempre le reconocieron su atrevimiento y su gran aportación a la literatura latinoamericana.

Por todo ello, hoy más que nunca hay que tener presente a Carlos Fuentes, no sólo para saborear su agudeza crítica hacia las instituciones mexicanas, sino también para replantear en todo momento la pregunta: ¿qué es la identidad mexicana? Para a partir de ahí, tratar de comprender muchas de las cosas que rodean la vida en México, con la finalidad de poder mejorarlas o en su caso, superarlas. Carlos Fuentes nos dejó las herramientas para cuestionar en todo momento las instituciones de poder y nos dio la llave para echar a andar en todo momento nuestra imaginación para ser personas más libres.

En definitiva, sólo nos queda releer sus obras, tomar su conocimiento y disfrutar su imaginación porque la muerte nos los arrebató en 2012.  Con su pérdida, perdimos a un titán de la literatura y a un malogrado caricaturista. Perdimos al escritor que disfrutó sentarse en soledad por las mañanas a escribir a mano las grandes obras que nos siguen maravillando. Perdimos al escritor amante del arte y al niño interior que creció en distintas latitudes del continente, al más cosmopolita que disfrutó dar cátedra en Princeton y Harvard, porque él era así, generoso con su conocimiento. Perdimos al escritor aficionado a la escultura que siempre soñó tener un México más libre.

Carlos Fuentes perdió la batalla ante la muerte, pero ganó que su obra perdure en el devenir de la historia.

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Abogado por el ITAM. Me apasiona el análisis de temas políticos y
electorales. Soy un fiel seguidor de los Pumas. Apasionado de la
Historia y de la literatura.
En ocasiones soy corredor. Por destellos declamo poesía.
Frecuentemente escucho a “The Doors”.

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