Amparo Dávila: Narrativa del desamparo

“No hay escapatoria posible al huir de nosotros mismos: el caos de adentro se proyecta siempre hacia afuera”

—Amparo Dávila

Olvidada en el panteón de los escritores mexicanos de su generación, Amparo Dávila es una escritora mexicana nacida en Pinos, Zacatecas (1928), lugar que sirve de inspiración para crear la atmósfera de sus cuentos pues existe cierta sensación de asfixia que se encuentra presente en los lugares donde se desarrollan las historias de desamparo y desesperanza del cual están inmersos los personajes y el lector mismo. Ella misma cuenta que el pueblo donde pasó la mayor parte de su niñez era el único cementerio cercano, lo cual resultaba en una especie de “espectáculo” para una joven Amparo que se entretenía viendo desfilar a los muertos desde la biblioteca de su padre.

La obra de la autora zacatecana, sin ser autobiográfica es vivencial, pues es la infancia que Dávila recuerda en Pinos: “Mi mamá padecía un insomnio crónico a causa de su estado nervioso y las pasiones de mi papá eran los negocios y las mujeres”. Esta afirmación encierra algunos de los temas recurrentes en la narrativa del desamparo: la figura de la mujer vencida por su locura; la muerte misteriosa, turbia, premeditada y hombres que protagonizan historias debido a su propia condición de privilegios en una sociedad que Dávila retrata como machista y patriarcal.

En la narrativa de Amparo Dávila, existen dos lecturas que se pueden realizar: una presente y otra latente. La presente no requiere de algún exhaustivo análisis a realizar. La escritura es puntual, es solemne y no hace gala de elementos escriturales que compliquen su lectura. Sin embargo, esta escritura puntual y redonda de Dávila envuelve al lector y lo desorienta del objetivo principal que es la lectura latente. La escritura es subterránea, vital para entender la esencia del relato. Esta escritura no descansa en las palabras escritas, sino en las palabras que se ocultan, fantasmagóricas, pero que se manifiestan de manera abrupta. Cuando todo transcurre con cotidianidad en las rutinas de los personajes, que con hastío realizan trabajos burocráticos o las tareas del hogar, hay un algo que pone de cabeza la vida de los protagonistas. No basta con seguir con detenimiento el desarrollo de sus cuentos ni advertir los espacios y los personajes, siempre termina uno en desconcierto y sin poder vislumbrar aquello que le da sostén a ese horror que nos paraliza.

Sería injusto catalogar la obra de Amparo Dávila dentro del género de lo fantástico, porque para ella, la fantasía es un recurso para reafirmar la realidad. En sus relatos conviven la fantasía y la realidad como una misma para dar una explicación a todo aquello que no se ha dicho, aquello que no tiene nombre. Leer a Dávila es darse cuenta que lo magistral de ella es como vuelve presente lo latente; así como si fuese psicoterapia psicoanalista, los personajes tienen que enfrentarse a sí mismos; esa introspección que nos conlleva a atrevernos a llegar hasta el fondo y también el peligro de quedar atrapados en el umbral del desamparo.

Para aquellas personas interesadas en adentrarse al microcosmos narrativo de Amparo Dávila, recomiendo:

  • Tiempo destrozado (1959)
  • Música concreta (1964)
  • Árboles petrificados (1977)
  • Cuentos reunidos (2009). Incluye el volumen inédito Con los ojos abiertos y que contiene toda su obra narrativa.

 

Fuentes consultadas:

https://www.letraslibres.com/mexico/libros/cuentos-reunidos-amparo-davila

https://www.letraslibres.com/mexico-espana/memorables-y-el-olvido-amparo-davila

Psicólogo. Interés por la educación y consejería de la sexualidad, estudios queer y literatura latinoamericana.

Amo las películas de Yorgos Lanthimos, el jazz, la trova y leer artículos del New Yorker.

Mi libro favorito es “Los recuerdos del porvenir” de Elena Garro.

Convencido de que “lo personal es político”.

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