Latinoamérica en llamas: contextualizando los clamores

A pesar de compartir un mismo continente, un pasado colonial similar y aspectos sociales parecidos; la región Latinoamericana es especial por su gran diversidad cultural, demográfica y social. Estas diferencias se reflejan a su vez en la plétora de sistemas políticos y económicos que se han desarrollado en el colectivo Latinoamericano. Actualmente, encontramos países con gobiernos de derecha en Brasil y de izquierda en Ecuador y México; países capitalistas que han adoptado políticas neoliberales, como Argentina y Chile, y otros más cercanos al socialismo, como es el caso de Bolivia y Venezuela. Sin embargo, a lo largo de las últimas semanas, hemos visto cómo en las capitales de la región ha surgido una oleada de manifestaciones, con frecuencia violentas, que no discriminan entre ideologías políticas o sistemas económicos y han sacudido a casi todos los gobiernos Latinoamericanos. ¿Qué tienen en común las protestas en América Latina y qué lecciones nos enseñan sobre la evolución y los desafíos a la democracia en la región?

Para entender mejor, hagamos un ejercicio mental. Imaginemos una casa. Imaginemos que te está yendo muy bien en el trabajo y, con los ingresos extra por tu aumento, decides comprar cortinas nuevas, una tele nueva, gastar más en el súper, etc. Latinoamérica, como con tu aumento, también vivió un rápido crecimiento económico a finales del siglo XX y principios del presente; en parte gracias a los precios beneficiosos de productos básicos y sin procesar, tales como el petróleo, productos agrícolas y metales. Los gobiernos de la región igual decidieron utilizar sus grandes sueldos, derivando en un crecimiento que ayudó a financiar programas sociales que sacaron a millones de la pobreza. Esto impulsó un verdadero desarrollo en el subcontinente y consolidó una creciente clase media consciente de sus derechos y empoderada para exigirlos.

Sin embargo, supongamos que te despide la empresa para la que trabajas, recortes en el área de ventas dicen, y pierdes tu quincena. De repente, ya no te da para pagar Netflix ni remodelar como querías; con trabajo te da para comprar comida. Nunca invertiste tu dinero en otras partes y, como tus ahorros ya no te dan, sacas préstamos para poder terminar de pagar tu tele y tus decoraciones en Coppel y para no morirte de hambre. Igual, cuando un país depende de la producción de un solo grupo de productos primarios, su capacidad para mejorar la calidad de vida de sus habitantes va de la mano de los ingresos que recibe por estas exportaciones. Así, cuando los precios del crudo, la soya, el maíz, el cobre o el hierro (por nombrar algunos), vulnerables a los cambios del mercado global, se desplomaron o dejaron de subir, la producción económica, el crecimiento y el presupuesto de los gobiernos de la región sufrieron efectos devastadores que empujaron a varios de ellos a contraer deudas o caer en déficits y/o recesiones.

Un día, mientras ves el techo – ya no tienes tele- pensando qué vas a hacer para poder saldar deudas, te das cuenta que la pintura hace rato que se esta pelando; encuentras que los espejos están rotos, las vigas tienen grietas, las pinturas que colgaste son feísimas y el tapete que escogiste no pega con el resto de la sala. Miras alrededor: ¿en serio esta es mi casa? Frustrado/a te preguntas por qué te sientes fuera de lugar en tu propio hogar. Como tus deudas y el estado de tu casa, las crisis económicas que afectaron en diferente medida a los países de la región también desvelaron una combinación de conflictos profundos y complejos que reflejaban importantes brechas políticas entre el Estado y sus ciudadanos. Tanto pensar te da sed así que te acercas a servirte agua y del grifo sólo caen unas cuantas gotas. Estas brechas ligadas a la legitimidad, la administración gubernamental y el bienestar social dejaron al descubierto cambios en las relaciones de poder y pusieron a prueba la capacidad de los sistemas políticos para responder a las necesidades y demandas sociales de los latinoamericanos. Prueba que todos los gobiernos parecen haber reprobado. “Tal vez es el color” piensas. Ya habías probado verde, blanco y rojo, y blanco y azul. Uno de tus vecinos de la cuadra te recomienda un rojo Pantone. Le haces caso, pero ni así te sientes a gusto. Ya habías escuchado que a otro vecino le pasó lo mismo. ¡Ya no sabes qué hacer! ¿Y si pintas fosfo por despecho? Por eso, a lo largo y ancho del continente, sin importar si gobierna la izquierda o derecha, los conservadores o liberales, se protesta de igual forma por la desigualdad económica, por carencias en los servicios públicos y por la corrupción.

Conforme se intensifican los conflictos sociales y las crisis económicas, los gobiernos decepcionan y da la impresión que las divisiones ideológicas tradicionales se vuelven obsoletas. A la distinción entre partidos de izquierda y derecha, que antes representaba una realidad social, ahora le cuesta explicar nuevas estructuras. Por eso surgen nuevos partidos radicales o se elige a candidatos que prometen romper con el status quo. Se habla, apropiadamente, de una crisis de representación para explicar las alternancias políticas y las protestas, haciendo hincapié en la creciente desigualdad entre clases sociales y entre la ciudadanía y la clase política.

Este distanciamiento tan evidente entre partidos políticos, su electorado y el gobierno es resultado de un fenómeno que está redefiniendo las características de la democracia en la región y que ya ha cobrado sus primeras víctimas: las instituciones políticas tradicionales no han podido adaptarse a un mundo cada vez más complejo, globalizado, interconectado e interdependiente. Es aquí cuando algo hace click en tu cabeza. ¿Y si la casa está mal construida? Tras varias llamadas enardecidas, te enteras que los materiales y la técnica con la que construyeron tu casa ya caducaron. Para colmo, resulta que los constructores no sabían qué materiales comprar con el presupuesto que les diste. Uno de ellos se sintió porque no le hacían caso durante el proyecto y se fue. Nunca recibieron tus instrucciones porque no saben usar Facebook ni Whats y no saben trabajar en equipo. ¿Cómo iban a construir una buena casa si no entienden la nueva maquinaria?  Latinoamérica ahora se encuentra más abierta al mundo y sus problemas son más complicados de resolver. Para los políticos de hoy, esto implica hacer frente a nuevos retos: atender cambios en su producción económica sin desatender demandas de igualdad y apoyo social; la aparición de nuevos movimientos que presionan por un mayor reconocimiento en sociedades multiculturales; la expansión del espacio público con el desarrollo de nuevos medios de comunicación; y el retorno del multilateralismo a nivel internacional[1].

Están apareciendo personajes nuevos en la política, tanto colectivos como individuales, e interactúan con los antiguos en nuevas dimensiones sociales y culturales que al Estado y sus instituciones les cuesta trabajo comprender y manejar. Todo esto aunado a un mundo donde las personas tienen cada vez más espacio y oportunidades para producir información y contribuir directamente a la creación de narrativas ha resultado en un nuevo espacio público que da más facilidad para expresar agravios públicos[2]. Los nuevos desafíos políticos – los sistemas de pensiones fallidos, el cambio climático, el rol de las organizaciones internacionales, la desigualdad, las crisis migratorias – han probado la capacidad de los partidos políticos y distintos gobiernos latinoamericanos para identificar estos cambios clave y ajustar su forma de hacer política acordemente para guardar cara, credibilidad y legitimidad para gobernar. Nadie acertó. En vez, fueron incapaces, no solo de mantener instituciones efectivas y economías mínimamente funcionales, sino también de garantizar mayor inclusión, de promover cohesión social y de establecer una resolución de conflictos convincente. En otras palabras, la crisis de representación es en realidad una de gobernabilidad. Independientemente de su tipo de sistema político o económico, los países latinoamericanos exhiben problemas estructurales para identificar y responder a las nuevas necesidades y demandas de sus respectivas sociedades.

Resulta que no era tu sueldo – o falta de – ni tu decoración lo que estaba mal, sino que, a pesar de que aparecieron nuevos materiales y formas de construir en lo que era tu nuevo terreno, tus constructores siguieron usando las viejas. Ahora tienes bases débiles, columnas astilladas y pisos inclinados. Por eso no importa de qué color pintes, qué retratos cuelgues o cuántos espejos pongas, la pintura siempre se pela, los cuadros quedan chuecos y los espejos se rompen. Mientras sigan existiendo carencias en la gobernabilidad y adaptabilidad de los Estados latinoamericanos, podemos seguir esperando cambios drásticos y desafíos en las democracias de la región y crecientes dificultades para mantener economías sanas. Todo esto seguirá creando espacios y oportunidades para el desarrollo de conflictos sociales que eventualmente desemboquen en movilizaciones masivas y protestas.

 

[1] United Nations Development Programme – Fundación UNIR Bolivia, Understanding Social Conflict in Latin America (La Paz, 2013), available from https://www.undp.org/content/dam/undp/library/crisis%20prevention/Understanding%20Social%20Conflict%20in%20Latin%20America%202013%20ENG.pdf

[2] Ibid

Estudiante de Ciencias Políticas y Derecho Internacional en un Programa de Doble Titulación entre L'Institut d'Études Politiques de Paris (Sciences Po) y the University of British Columbia.

Obsesionado con el estudio del poder, me dedico a interpretar, evaluar y explicar eventos, patrones y estructuras de política.

Yucateco primero. Lo único que me gusta más que una buena conversación es un buen café

Una respuesta a «Latinoamérica en llamas: contextualizando los clamores»

  1. Muy buenas forma de explicarlo, o sea hay una decepcion generalizada de todos los gobiernos! Entre mi hija hablando de sustentabilidad y mi sobrino de relaciones politicas creo que el mundo esta ante un grandisimo reto!

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