Las versiones nuestras que no somos

Este texto es un suspiro contemplativo de lo que no pudo ser, no fue, ni será. Lo que les quiero contar nació de una conversación de esperanza y agüites con una amiga muy sabia y querida llamada Jimena. Me gustaría advertirte que voy a hablar de tristezas y alegrías y que, si el corazón no está dispuesto, te lo puedo compartir otro día. ¿Cuántas veces no has pasado el día entero o la noche preguntándote sobre si las cosas hubieran sido distintas?  Hoy, en particular, quiero contarte de los hubieras que transformaron la forma en la que miramos el mundo, los que de vez en cuando nos quitan el sueño o inquietan por el día.

Existen “hubieras” gigantes y “hubieras” chiquitos. Los gigantes pueden resultar principalmente entretenidos: ¿qué sería de mí si hubiera nacido durante la revolución francesa en una familia con 7 hermanes? o ¿quién sería yo si hubiese vivido el cruce por el estrecho de Bering? incluso, ¿cómo sería si viviera en un barco pirata? la respuesta casi siempre terminará en el mismo lugar: no sería yo. Esta respuesta puede ser razón de dolor, felicidad o curiosidad conforme los hubieras se van haciendo pequeños: ¿cómo sería yo si tuviera una gemela?, ¿cuáles serían mis sueños si no me hubieran dicho que las ciencias exactas son la única forma confiable de obtener conocimiento?, ¿cómo me daría cuenta de que mis actuales amistades son absolutamente increíbles si no me hubiese tropezado con falsas amistades antes?, ¿quién sería hoy si no hubiese sido valiente al salir de espacios que me hacían daño?, ¿cómo actuaría si no supiera que mis palabras y acciones pueden herir?

Yo puedo seguir con las preguntas un par de páginas más, pero prefiero que  también tú crees algunas que se empalmen con tu propia historia. A continuación algunas ideas: sobre tus padres, tus hermanes (¿Qué tal si fueras le hermane mayor en lugar de le menor o viceversa?), sobre tus gustos (¿qué habría estudiado si no hubiese tenido une profesore increíble en preparatoria?), sobre tus dificultades (¿a qué me hubiese dedicado que no lo hice porque me dijeron que me salía mal o no tuve los recursos suficientes?). Me gustaría imaginarte ahora sobre un océano de preguntas y respuestas imaginarias, las cuales es imposible que estén equivocadas porque simplemente, no fueron y no serán. Muchas de esas preguntas permiten agradecer a las personas importantes que tenemos cerca o a las que extrañamos; permiten reconocer lo que nos consolida en pequeñas preguntas que hacen que suceda lo que parecía imposible y se alineen para crearte a ti, persona que está leyendo esto, escrito por mí que escribo desde otro lugar del mundo, esperando que te haga un poco de sentido y coincidamos les dos en este pequeño espacio virtual.

Pero “hubieras” hay tantos que quiero hablar de unos particulares e importantes en nuestro corazón, porque nos duelen y no podemos imaginar con nitidez cómo sería ese otro universo distinto. Con la misma diversidad que existen personas existen sus hubieras dolorosos: si no nos hubiéramos tenido que despedir tan pronto de personas importantes, ¿cómo seríamos si nos determinara su presencia y no su ausencia?; ¿cómo seríamos si estuviéramos con salud? ¿Si no conociéramos la ausencia de sustancias importantes en nuestro cerebro o el dolor en nuestro cuerpo?; ¿cómo amaríamos si amar no nos hubiese dolido? ¿sería un amor valiente o también a veces temeroso? Cada une carga en su cerebro y su corazón con su propio o propios hubieras dolorosos.

Se habla mucho de que el hubiera no existe y te habrás dado cuenta de que yo no soy muy partidaria de esa frase, porque pienso que el hubiera sí existe y sí duele; incluso, a veces, también da gusto o alivio. El hubiera habita en nosotres y de vez en cuando es necesario apapacharle; apapachar a la persona que no somos desde nuestro recuerdo, desde nuestras acciones, desde la persona que sí somos hoy.

Hoy sí somos alguien, alguien que tiene sus propios agüites y esperanzas, alguien que tiene la capacidad de cuidar a los hubieras que le acompañan cuando necesitan el tiempo y espacio que merecen. Hubierar (un verbo que hubiera de existir), es una práctica común de las personas intranquilas. Sin embargo, nunca viene acompañado de certidumbres ni respuestas correctas, tampoco respuestas equivocadas, por eso, aunque a veces nos quite el sueño habrá que abrazarle y regresarle su calidad de hubiera: cuidarle cuando sea necesario, pero no permitirle descuidar a la infinita cadena de sucesos que sí tuvieron lugar, cuyo resultado conocemos y también es merecedor de tiempo, espacio y apapachos (que si no quedó muy claro, ahora anda del otro lado de la pantalla).

Me despido con abrazo para ti y para todas las versiones de ti que no están, que se reunieron alrededor de este mensaje, que sepan acompañarse y sigan construyéndose.

Hola, soy maria sin acento y escribo mi nombre en minúsculas, me gustan las personas y por eso estudio ciencias sociales. Cuando era pequeña quería ser astronauta, pero luego me encontré con la inmensidad en la diversidad de las personas que habitamos la tierra y mis sueños se fueron transformando. Me apasionan los temas que se relacionan con la infancia, la vida libre de violencia, la diversidad cultural, la economía y otras formas de reproducir la vida.

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