Las mujeres que perdemos en el fuego

Sus compañeros ni estaban enterados de la quema de la madre y la niña. Se están acostumbrando, pensó Silvina. 

Mariana Enriquez en Las cosas que perdimos en el fuego 

En 2016, la editorial Anagrama publicó Las cosas que perdimos en el fuego, la segunda antología de cuentos escrita por Mariana Enriquez. Esta obra reúne 12 cuentos que están catalogados dentro del género del terror y el horror. La escritora argentina explora estos géneros a partir de problemáticas sociales que se viven en Argentina y otros países de latinoamérica: la salud mental, la pobreza, los desórdenes alimenticios, la desigualdad, el olvido de las infancias y la violencia de género. 

Desde que Las cosas que perdimos en el fuego fue publicado fue todo un éxito ante la crítica. La colección de cuentos consolidó a Enríquez como una de las escritoras más relevantes de la escena latinoamericana y ha sido traducida a más de 15 idiomas. En la mayoría de las reseñas y opiniones sobre el libro se resalta el aspecto social de los relatos de Enríquez. En las múltiples entregas de premios en las que el libro ha sido reconocido se menciona la capacidad de Enríquez por retratar la violencia y el horror que están presentes en la cotidianidad latinoamericana. 

Hoy, pienso en estos halagos y en el relato que le da nombre al libro y no puedo evitar sentir náuseas. En el cuento Las cosas que perdimos en el fuego Enríquez cuenta una historia dolorosa y violenta sobre un lugar donde los hombres empiezan a quemar mujeres de forma sistemática. Ante esta situación, un grupo de mujeres decide quemarse de forma voluntaria y crear una comunidad que se defiende de la violencia machista. El cuento de la escritora argentina no está basado en su imaginación, sino en algunos casos de mujeres quemadas que se volvieron mediáticos. Sin embargo, el terror que construyó Mariana Enríquez en este relato parece retratar de forma aterradoramente exacta la situación de cientos de mujeres mexicanas en pleno 2022. 

Según Animal Político, de acuerdo con datos de la Secretaría de Salud federal sobre lesiones atendidas en clínicas y hospitales de México, entre enero y junio de 2022 fueron quemadas de forma intencional al menos 47 mujeres. Esto significa que, en promedio, se perpetraron entre uno y dos ataques cada semana. Estos mismos datos revelan que 13 de las víctimas tenían 17 años o menos y una tenía apenas unos meses de nacida. En 29 casos la paciente reportó que existió violencia familiar y solo en 28 de los casos las autoridades de salud informaron ante el Ministerio Público que habían atendido este tipo de lesiones.  

Estos datos comenzaron a mencionarse en los medios de comunicación porque un par de casos se volvieron mediáticos. La historia de Margarita Ceceña y de Luz Raquel Padilla llegaron a los noticieros más importantes. Margarita falleció por quemaduras que un familiar le ocasionó a principios de julio cuando la bañó en gasolina y le prendió fuego por una supuesta disputa familiar. Luz Raquel, quien cuidaba a un niño con autismo, fue quemada en un parque de Zapopan después de que alguien garabateó “Te voy a quemar viva” frente a su departamento. Fue entonces cuando les periodistas comenzaron a poner atención a esta problemática, que pone en riesgo la seguridad y la integridad de las mujeres y que parece ir en aumento. 

Marco Ugarte / Associated Press en Los Ángeles Times)

Al leer la nota de Animal Político no dejo de pensar en el cuento de Mariana y lo irreal que parecía cuando lo leí. “Hombres quemaban a sus novias, esposas, amantes, por todo el país. Con alcohol la mayoría de las veces, como Ponte (por lo demás el héroe de muchos), pero también con ácido, y en un caso particularmente horrible la mujer había sido arrojada sobre neumáticos que ardían en medio de una ruta por alguna protesta de trabajadores”. Las similitudes con lo que está pasando hoy me parecen inverosímiles, me provocan terror. A pesar de que desde hace años sabemos que en México matan más de 8 mujeres al día, que nos estén quemando vivas me parece el punto máximo de violencia, de impunidad, de objetivación. 

Todes debemos preocuparnos por esto. La situación de inseguridad en la que viven las mujeres y otras minorías es insostenible. Los niveles de violencia solo aumentan y las medidas de prevención, detección y reparación son inexistentes. En México matan mujeres y nadie hace nada desde hace mucho. Les vecinos callan, les familiares fomentan la violencia, les amigues aplauden el machismo y la violencia.  La quema de mujeres que estos datos revelan no está en un vacío, en México la violencia contra las mujeres y la violencia en general lleva años acentuándose. Las personas no comenzaron a quemar mujeres de la nada. La quema de mujeres ha sido permitida por la impunidad, por la nula estrategia de seguridad pública y por el machismo.   No podemos permitir que esto siga pasando y que la crueldad y la violencia aumente hasta prácticas tan grotescas como estas. No queremos vivir en el mundo de terror de Enríquez, no podemos seguir perdiendo mujeres en el fuego. 

Tengo 22 años, estudio Ciencia Política en el ITAM y soy de Tlaxcala —el estado que no existe—. Me gusta leer novelas, escuchar a Taylor Swift, pensar sobre teoría política y descubrir cafeterías en la Ciudad de México. Antes de dormir escucho podcasts de true crime y a veces me despierto a las 5 a.m. para ver partidos de tenis. Además, le dedico gran parte de mi tiempo a poner mi granito de arena en la lucha antipatriarcal.

Me gusta escribir sobre temas sociales, políticos y a veces sobre algunos irrelevantes.

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