Las medidas de una lectora en tiempos de encierro autoimpuesto por el COVID-19



He perdido la cuenta de los días. Desconozco qué hice el día anterior, si es que no hace un par de horas, y vivo en la constante pérdida de tiempo. Podría hacer más, aprovechar y dedicarme a mis proyectos personales. No sé, remodelar el blog, escribir esa novela que llevo desarrollando en mi mente por meses o, simplemente, leer. En cambio, me paso el día en el celular a la espera de un mensaje y, mientras tanto, pesco ciriles.

Estoy exagerando, lo sé. La realidad es que paso las mañanas haciendo home office y es hasta las 2 p.m. cuando por fin dispongo de mi tiempo. Son las horas que pasan sin que me dé cuenta, hasta que ya es de noche y no hice absolutamente nada, si acaso regar las plantas para refrescarme un poco. Fracaso.

Según yo, iba a leer un libro al día durante este encierro autoimpuesto. ¿La verdad? Leí un libro. Llevo cuatro días sin tocar mi lector digital y mi apetito lector anda por los suelos. ¿Por qué me pasa esto justo cuando tengo tiempo? Una respuesta puede ser que no es tan emocionante leer cuando sabes que es lo único que puedes hacer. Bueno, no lo único, pero sí la mejor opción. Después de todo, la adrenalina de estar leyendo en vez de hacer los deberes siempre es estimulante; te llena de una extraña energía que quieres seguir percibiendo en tus venas. También se le llama “el placer de procrastinar”.

Recurro a un ejemplo reciente para evidenciar a lo que me refiero. Devoré un libro durante los tres días anteriores al Examen General para el Egreso de Licenciatura (EGEL), cuando todavía me faltaba un par de temas por repasar. Ahí sí volé por las páginas y eso que tenía la presión a todo lo que da. Mi mente me decía “córrele, chula, no vas a terminar de estudiar”. ¿Qué hice? Leer.

¿Y hoy? Leí dos páginas de un libro sobre Vincent Van Gogh que publicó Muy Interesante. No me doy por bien servida, sin embargo, es una mejora.

Queda poco menos de treinta días para regresar de manera formal a clase, si es que este distanciamiento social autoimpuesto no se convierte en una auténtica cuarentena, porque así es: una decisión de la sociedad y una suspensión de labores por parte de la Secretaría de Educación Pública (SEP), que afectó directamente a las universidades que aún no habían dicho ni ma. ¿Más allá? Desconozco a ciencia cierta la situación, pero sea lo que se avecine, tengo que hacer un cambio en mi rutina y esforzarme en mi fuerza de voluntad; es inconcebible que me pase treinta días en la flojera total.

Empezaré este cambio en este preciso momento, un compromiso ante ti, querido lector. Si algo he aprendido con el tiempo, es esa extraña constante de mantener mi palabra y demostrar resultados cuando quedan plasmadas mis intenciones en la web. Para mi desgracia, por lo que esto representa para decisiones que sólo me repercuten a mí, de verdad que soy responsable cuando involucra a terceros; parece más fácil dejar de lado mis intenciones personales que el compromiso con el lector. ¿Existirá influencia del valor que encuentro en la palabra? Es posible.

En fin, durante este encierro —todavía seguirá por cuatro semanas más, madre mía— pretendo leer obras pertenecientes a mi estante de no leídos, un reto para quien desee unirse. ¿Los suertudos? Un libro escrito por un autor latinoamericano, una obra epistolar, un poemario y una biografía. Ojo, no vale matar dos pájaros de un tiro, está compuesto por cuatro libros con cuatro consignas muy, muy, muy sencillas y en el peor de los casos —que ningún libro en el estante me llame— es posible encontrar opciones de dominio público con solo hacer una búsqueda en el Dr. Google.

¿Podré conseguirlo? Es una cuestión que se resolverá en la próxima ocasión, mientras tanto, intentaré no perder la cabeza. Una vez más es de noche, el día se fue en un suspiro y, en definitiva, no leí más de las dos páginas mencionadas. ¿Lo bueno? Ya voy ganando en el reto lector de esta cuarentena. Una biografía. As always, iniciamos por el final.

 

Comunicóloga. A veces hablo de libros y escritura creativa, el resto del tiempo colecciono historias y postales. Se me va el avión, una disculpa.
En todas las redes como Bookish Bruha. Esa h no es muda.

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