La viralidad de la fantasía

¿Alguna vez han pensado cuánto tiempo pasamos sumergidos en redes sociales como TikTok? La aplicación de vídeos cortos ha superado ampliamente al resto de redes sociales con relación al tiempo que pasan las personas usuarias en ella. En cifras duras, las personas pasamos en TikTok una media de 29 horas al mes, muy lejos de las 16 horas mensuales de Facebook y las solo 8 horas promedio de Instagram.

Es así como los 20 segundos que creímos pasar en la plataforma, de un momento a otro se transformaron en dos horas sin que nos diéramos cuenta y nos preguntamos ¿en qué momento pasó? Esas dos horas que queríamos dedicar a escribir, a pintar, a trabajar, a leer, a pasar tiempo con nuestra familia o incluso a dormir, se esfumaron. Así nos dan las 3 de la mañana, muy entretenides mirando la pantalla vídeo tras vídeo.

En esta época en que es muy fácil ser viral y hacerse famose ¿cuál es el real aporte que nos da este entretenimiento constante que absorbemos de parte de les influencers? El hecho de repetir LipSync, bailes y desafíos en general sin mucho contenido más que divertir, si bien pueden ser efectivamente muy entretenidos, digamos que no necesariamente generan mayor valor para la sociedad.

Jóvenes con millones de seguidores y las viralidades que se han convertido literalmente en una nueva pandemia nos llevan a preguntarnos: ¿por qué todo el mundo quiere ser famose de manera inmediata? ¿para qué? ¿Cuáles son los mensajes que quieren entregar? ¿Cuál es el objetivo de su “influencia”?

Por: drobotdean

A veces se pierde la perspectiva de que les “seguidores” no son un número más en las redes sociales. Son gente real, con mentes y problemas reales, que te están viendo, que “te siguen” y eso es una gran responsabilidad. Para esto es necesaria una gran preparación sobre los contenidos y los mensajes que se entregan. Pero en el mundo actual esto dejó de ser necesario. Hoy vemos jóvenes de 16 años ganando millones y sin mayor responsabilidad con los mensajes que entregan.

El filósofo coreano Byung-Chul Han en su último libro Infocracia plantea que les influencers son venerados como modelos a seguir, llegando incluso a una dimensión religiosa. Les seguidores son verdaderes discípules que participan de una eucaristía digital. Las redes sociales son una iglesia en donde el like es el amén, compartir la comunión y el consumo la redención.

Lo peligroso de la situación es la distorisión de la realidad que estamos viviendo y lo fácil que parece que es la vida para todas, todos y todes.  Las parejas perfectas que además se ven perfectes en sus fotos, les que tienen el cuerpo divino, les que tienen el trabajo de ensueño, les que solo viajan, les que tienen ropa increíble, y un largo y profundo etcétera.

Nada es real. Nada de lo que vemos en redes es 100% real. El problema está en que las personas ya no tenemos la capacidad de diferenciar la realidad de la fantasía. Y nuestra realidad que debemos enfrentar a diario y que dista mucho de lo que vemos en las redes, nos genera un vacío muy profundo que no se puede llenar solo con entretenimiento.

Tengo 30 años, soy sociólogo y estudio periodismo. Durante mi vida he sido barrista, dirigente estudiantil, activista socioambiental, y en general siempre he estado vinculado a temas sociales y políticos.

Me gusta leer, el fútbol, la música, jugar PS4 y ver series o películas. Me interesan los procesos políticos, los fenómenos culturales, y en general los cambios paradigmáticos de los tiempos que vivimos.

Escribo hace tiempo, pero es primera vez que lo comparto con el mundo. Siempre abierto a la crítica y un buen debate por mis redes sociales. Espero que mi punto de vista te parezca interesante.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *