La transversalidad de ser hombre bisexual

“¿Entonces puedes ver atractiva o sentir algo por una mujer?”

“Eres gay. Si solo has tenido relaciones afectivas con hombres, eres gay.”

“¿Crees que a una mujer podría gustarle un hombre que ha estado con otros hombres?”

“Hagas lo que hagas, nunca salgas con un hombre bisexual”

Soy una persona que se identifica como bisexual y cuya vivencia y expresión de género es la de un hombre. El salir del clóset y tener una relación homosexual identificándome como persona bisexual me ha puesto en la silla de los acusados durante ya varios meses. Ser hombre y ser bisexual es estar sometido a la invalidación de poder sentir atracción erótica afectiva por personas de su mismo sexo y/o género o del sexo y/o géneros diferentes al suyo.

La representación de las personas LGBT+ en todos los espacios es importante, es valiosa, política y salvadora. Durante mi salida del clóset conmigo mismo puedo decir que Pol Rubio, personaje de la serie “Merlí”, fue un rescate de una persona que se sentía perdida y sin una identidad que deambulaba entre la heterosexualidad y la homosexualidad.

A las personas nos socializan para ser heterosexuales y en el otro extremo vemos el “castigo antinatural” de la homosexualidad. Tenemos dos opciones: la validación amorosa y a la vez tóxica de la heterosexualidad, y por otro lado, el castigo social e invisibilización de la homosexualidad. Dentro de ese negro y blanco nunca nos dicen que están los grises, muchos tonos de gris. El gris bisexual, gris pansexual, gris asexual (con muchos más grises dentro del espectro asexual), gris no binarie, gris intersex y muchos, muchas y muches tonalidades más. Que la diversidad sexual es amplia, enorme y que la vivencia de ella es tan bella y amorosa como cualquier otra.

Las personas crecemos como heterosexuales, nuestra familia (si tenemos suerte) nos hablan de educación de la sexualidad desde la heterosexualidad. Desde ahí es invisibilizado e inconcebible que las personas sean un tono de gris. Desde ahí nos marcan la pauta de que el mundo espera que sean personas obedientes a la cisheteronorma y ese fue mi caso.

Para mí, salir del clóset significó cuestionarme muchos años. Durante mi adolescencia sentí una atracción erótica y afectiva por una mujer, durante muchos años me gustó y aunque nunca he tenido una relación afectiva “formal” con una mujer, hoy me doy cuenta de que siempre tuve esa sensación reprimida por algún hombre. Me lo callé, me lo guardé y lo reprimí porque sentía amor por una chica y nadie me dijo que a la vez podía sentir interés, atracción o “cosquilleo” por un hombre. Incluso en el sexo, podía y me complacía tener relaciones sexuales con una mujer, pero aunque sentía la atracción o curiosidad de hacerlo con un hombre, la mera posibilidad significaba enfrentarme con muchos miedos porque nadie nos enseña o normaliza el sexo por placer y menos si es homosexual.

Cuando vi por primera vez a Pol Rubio y hace unas semanas a Adam Groff en Sex Education, me sentí completamente identificado y validado. Ambos personajes (o al menos desde mi vivencia) reflejan muy bien lo que es salir del clóset como hombres bisexuales. La confusión entre generar afecto o atracción erótica por un hombre, a la vez que podrías o lo has sentido por una mujer. Esa confusión creada por la falta de información de la diversidad sexual, por los estereotipos, por la revictimización que implica ser hombres bisexuales y sobre todo por la situación de vulnerabilidad que implica serlo.

Pol y Bruno.
Serie: Merlí.

La bisexualidad siendo hombre trae consigo violencias dentro y fuera de la comunidad LGBT+ y en especial en la G. Los hombres bisexuales somos concebidos como personas confundidas que estamos en un tren con destino a la homosexualidad, que somos personas promiscuas, superficiales, desleales/infieles y consumidoras de cuerpxs sin importarnos los afectos. Demostrando así, que ninguna opción bisexual es válida, si eres hombre con otro hombre eres gay y si eres hombre con una mujer, eres heterocurioso.

Salir del clóset y tener una relación con otro hombre, ha sido una travesía difícil de asimilar, pero creo que ha sido terreno ganado. Quiero que otros hombres encuentren a la bisexualidad como válida. Aunque en mi familia he tenido los obstáculos de la expectativa heterosexual (¿para cuándo la novia?) y la decepción de ser un “homosexual confundido”, creo que he tenido la fortuna de contar con una red de apoyo en mi hermano, mi padre, mi pareja (a quien le agradezco la incondicional compañía amorosa, empática y comprensiva), mis amigas y amigos con quienes poco a poco he salido del clóset y me han aceptado junto con mi pareja, a buenos amigos gays con valiosa educación LGBT+ y a dos personas muy especiales que admiro, que me brindaron el primer espacio seguro y laboral para expresarme y ser yo, aunque pronto estarán a la distancia.

Escribo este artículo desde las lágrimas, desde el coraje, la resiliencia y la fuerza que a implicado abrirme paso desde mi verdadero yo, desde un yo bisexual. No es fácil, las personas no están sensibilizadas con la diversidad sexual y la bisexualidad no es la excepción.

Hay esperanza, estoy seguro. Mi bisexualidad y tu bisexualidad es válida. A nadie le debemos respuestas, a nadie le rendimos cuentas, a nadie le debemos explicación de nuestra bisexualidad y a nadie tenemos que convencer, mucho menos a un juzgado como en el caso de Yucatán. Escribo desde el anonimato, pero con la ilusión de aportar algo y que, en un futuro, mi anonimato sea absurdo y mi identidad no sea violentada.

Recuerda: la bisexualidad no es una receta de repostería, no es binaria, no hay porcentajes ni cantidades. La bisexualidad la sientes y vives a tu manera, a tus colores y a tus sentires.

 

 

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