La Soledad en tiempos de Covid-19

El Covid vino a transformar todos los aspectos de nuestras vidas, desde la convivencia con nuestros seres queridos hasta la forma en que realizamos nuestras actividades. Asimismo, la obligación del encierro para evitar la propagación del virus provocó que lleváramos también al encierro nuestras vidas y sobre todo, que en las paredes de nuestro hogar quedaran impregnados todos los sentimientos encontrados que hemos vivido a lo largo de este arduo año. Así es, el surgimiento de nuevos y encontrados sentimientos, cambios en los ciclos de nuestros cuerpos, son consecuencias directas de un abrupto rompimiento del cómo veníamos viviendo nuestras vidas.

No estábamos preparades ni mental ni físicamente para acondicionarnos a un encierro tan extenso que no tiene fin. Nuestras vidas cambiaron abruptamente, nuestras actividades tenían que seguir, pero tuvieron que adecuarse a la nueva realidad, nuestras emociones sufrieron nuevas sensaciones y nuestros cuerpos tienden a reaccionar a esta nueva situación. Para nadie es sorpresa que en esta pandemia, nuestra salud mental como sociedad se encuentra muy deteriorada por distintas y variadas razones que van desde la pérdida de nuestros seres queridos por causa del virus hasta la falta de contacto con las personas que solíamos ver todos los días.

Así, uno de estos sentimientos y emociones que se acentuó en la época de pandemia fue el de la soledad. En efecto, el recluirnos a nuestros hogares para continuar con nuestras vidas alejados del contacto humano diario que solíamos tener, trajo como consecuencia que siguiéramos con nuestra cotidianidad en completa soledad, sin ningún contacto cercano con otras personas que no fueran integrantes de nuestro hogar. Cuando me refiero a soledad, lo que trato de decir es que no tuvimos ese acampamiento físico que solíamos tener antes de que este virus se presentara en el mundo, nuestras actividades diarias ya no tuvieron ese calor humano del que gozaban antes de la reclusión por la cuarentena.

Es cierto que la tecnología nos permitió seguir realizando ciertas actividades de forma grupal, desde seguir tomando clases junto con nuestres amigues hasta el de poder conversar con nuestros seres queridos por medio de mensajes. Sin embargo, no fue igual, pues perdimos esa fraternidad y esa expresión de emociones que sólo se expresan de forma física al ver a una persona que queremos, nuestros oídos perdieron esa experiencia única de las risas de nuestros amigues que sólo te da su presencia física y perdimos el gran valor y reconforte que un abrazo o beso de un ser querido tiene en nuestras vidas. Esta pandemia nos arrancó esto y más.

Vía Bells Medios

Así, a pesar de que la tecnología nos permite mantenernos en contacto con nuestres amigues, no es la misma experiencia. Podemos engañarnos que nos sentimos cerca de ellos, pero jamás va a ser lo mismo el mensaje fraterno que escuchar de propia voz lo que le ha ocurrido en su día a día, no tiene el mismo impacto ver a tus seres queridos por medio de una pantalla que tenerlos enfrente de forma física, en donde tienes la posibilidad de abrazarlos e incluso de poder estrechar sus manos para saludarlos. No es la misma experiencia, la pandemia nos arrancó esto y acentúo, al menos en su servidor, la sensación de la soledad.

En efecto, a pesar de que mis actividades las realizo como de costumbre, a excepción, claro, de tener el contacto presencial con quienes compartía las mismas, afloró en mí la sensación de soledad. Esa sensación de saber que estás en contacto con tus seres queridos por medios electrónicos, pero al mismo tiempo, saber que hay algo, una barrera que impide que los puedas ver frente a frente. Se siente un impedimento para que podamos tener una conversación físicamente como las solíamos tener. Sí, la soledad se experimentó no como un sentimiento de saber que no tienes a nadie a tu lado, sino como un sentimiento que aflora al saber que ahí tienes a tus seres queridos, pero hay algo que te impide tenerles cerca.

Es cierto que la soledad no es un sentimiento malo, sino que sólo es un sentimiento que toda persona experimenta en el curso de su vida y el cual hay que dejar aflorar para poder paliarlo. Es más, Erich Fromm decía que la soledad es un sentimiento del cual podemos aprender mucho, pues es en el estado emocional de la soledad en donde la reflexión y la sabiduría crecen en su máxima expresión, lo cual nos permite saber y conocer lo que queremos cambiar en nuestras vidas. La soledad puede llegar a ser un estado que nos permita crecer como personas, y en donde en muchas ocasiones, llegamos a conocernos profundamente.

Sin embargo, la pandemia del Covid-19 nos obligó de manera abrupta a sentir y experimentar de forma obligada la soledad, no se nos preparó para recibir esta emoción, cuando lo ideal hubiera sido que uno pudiera elegir el estar en esa condición o por lo menos, preparar a nuestra mente y cuerpo para sentirla en una experiencia imprevista para el mundo entero. Por todo ello, la soledad pasó a ser una de las fuertes emociones que se acentuó en esta época de encierro, a consecuencia del nulo contacto físico y presencial que tenemos con nuestros seres queridos.

Ante ello, me quedo con la hermosa frase de la escritora Carmen Gaite al decir que “la soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad humana de compartir cosas es evidente”. Y en efecto, la pandemia nos obliga a sufrirla y nos evita compartir nuestras vidas con los seres a los que más amamos. No obstante, esperemos que sólo sea un estado obligado mientras dura el encierro, y en un futuro sea un estado emocional elegido.

Abogado por el ITAM. Me apasiona el análisis de temas políticos y
electorales. Soy un fiel seguidor de los Pumas. Apasionado de la
Historia y de la literatura.
En ocasiones soy corredor. Por destellos declamo poesía.
Frecuentemente escucho a “The Doors”.

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