La representación del aborto en la imagen en movimiento

Recuerdo que cuando tenía alrededor de 19 años una noche desperté sudando frio tras haber tenido un angustiante sueño: había quedado embarazada y tenía que tomar una decisión. La Sand de la fantasía tenía claro que no estaba lista para ser madre, pero la elección del a-b-o-r-t-o le resultaba totalmente agobiante, empezando por pensar en contarle a mi mamá lo que quería hacer, continuando por el sufrimiento durante el proceso y terminando con la supuesta e inherente depresión después de él. Ninguna persona de mi contexto cercano me había hablado de su experiencia con este procedimiento, pero el miedo, la angustia, la culpa estaban ahí. ¿De dónde venía dicho miedo? o ¿de dónde vienen esos pensamientos?

 Casi que por inercia debería señalar los discursos de la religión católica, pero a partir de mi experiencia creo que hay más actores en la estigmatización y perpetuación del miedo a un proceso que es parte de la vida sexual y reproductiva de las mujeres y personas con capacidad de gestar. En mi caso la cultura audio visual jugó un rol bastante importante, claro que no es nuevo señalar a la industria cultural como reproductora de imaginarios colectivos.

Las imágenes más antañas que vienen a mi memoria pertenece a un programa de televisión abierta del canal dos o trece. La interrupción del embarazo se llevaba a cabo en una clínica clandestina y el procedimiento salía mal, la chica moría. Podríamos pensar que los tiempos han cambiado porque, por lo menos dentro de la república mexicana, la Suprema Corte de Justicia ha declarado inconstitucional criminalizar el aborto. Sin embargo, en las representaciones visuales aún podemos notar una tendencia estigmatizante ante este procedimiento. En su mayoría los productos audiovisuales suponen los siguientes escenarios para las personas que abortan: a) mueren (consecuencia de la clandestinidad); b) después del procedimiento su salud mental se ve deteriorada; c) el aborto se vuelve su “hobbie”; d) su gusto por los festines dionisiacos se potencializa.

Un ejemplo de lo anterior puede ser el estado psíquico que toma Cassie Howard en la serie de Euphoria después de que aborta, aunque no está explícitamente relacionado. Cabe señalar que en una de las escenas que se desarrollan en la clínica, cuando le toman sus datos resaltan que a su mamá le gusta alcoholizarse y que su padre está ausente. Como poniendo énfasis en el modelo de familia no tradicional de donde proceden las mujeres que abortan. Un caso semejante es el de Mave Willy en la serie de Sex Education. Al igual que Cassie es una adolescente con una mamá que consume drogas y un padre ausente. La protagonista no encarna un discurso estigmatizaste, sino una señora de mediana edad que nos presentan como alguien que ha hecho de la interrupción voluntaria del embarazo un hábito.

Emilia Cuevas.

En contraste con lo anterior, la producción independiente que lleva por título Ixu Jarhaskach’e acompañando, realizada en el estado de Michoacán, es una propuesta discursiva interesante en torno al aborto. A diferencia del proceso relativamente solitario en las series norteamericanas, en este filme notamos toda una red de mujeres que se moviliza desde la ciudad hasta la comunidad de Mayra para ayudarla a abortar. La protagonista ya no es la adolescente rebelde que no uso protección, la trabajadora sexual o consumidora de sustancias que alteran la percepción. Es una mujer joven purépecha, con dos hijas (como la señora con la que se encuentra Mave), casada y que vive lejos de un centro urbano. Así mismo, dado que el aborto no es legal en Michoacán, en la cinta observamos un procedimiento que se lleva a cabo en la clandestinidad y con una acompañante capacitada, lo cual, pone de manifiesto que el estado no es el único con la capacidad de gestionar un aborto seguro.

Cuando vi el filme, desde un inicio me preguntaba cómo iban a mostrar el proceso fisiológico. Lejos de una idealización del aborto, su solución fue la representación de los cuidados y las redes de acompañamiento que, en su forma más realista, era una mujer cuidando a otra mujer. En un sentido más simbólico, mi momento visual favorito, fue una toma cenital, con un dron, donde varias mujeres con rebozos en medio del campo están unidas generando composiciones bellísimas que me recordaron los aquelarres de brujas. También es un momento muy bello porque en algún punto ellas se mueven con una libertad envidiable.

La apuesta de las personas que dirigieron este proyecto, en conjunto con la Marea Verde Michoacana, dieron en el clavo al visibilizar un aspecto que suele ser eclipsado en las valiosas luchas legislativas en favor del aborto, la dimensión cultural. La generación de nuevos imaginarios en torno a habitar el aborto es de igual importancia que lo legislativo, ya que solo por medio de estos será más asequible que las personas pensemos en este proceso más allá del miedo y el dolor. Poner el dedo en la transformación de los consensos culturales nos pone más cerca de elegir con mayor libertad sobre nuestro proyecto de vida y por supuesto de vivir vidas más vivibles.

Para mis hermanas/hermanes que han abortado, todo mi amor y respeto. Ustedes son la resistencia.

Mis pronombres: ella/ she. Vivo en CDMX. Estudié Historia del Arte en la UNAM que está en Morelia. Soy una feminista entre feminismos. Me gusta caminar y tomar fotos.

Investigo sobre la vida cotidiana y la cultura material en el virreinato de la Nueva España. Me interesa el poder de la cultura material sobre las personas. La crítica feminista a la Historia del Arte me cría.

Aquí escribiré mezclas entre feminismo, cine, [h]arte, filosofía, política y lo que se vaya atravesando en mí existir en la cotidianeidad.

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