La Obesidad y la Diabetes en México: Estrategias Fallidas Frente a un Nuevo Panorama Epidemiológico

Como cada año, este pasado 14 de noviembre se celebró en nuestro país, así como en el resto del mundo, el Día Mundial de la Diabetes. Irónicamente, como la condición que busca concientizar, la fecha pasó relativamente desapercibida para el gobierno. Esto resulta problemático cuando consideramos que México se encuentra frente a un paisaje gris en cuanto a la salud de su población actual y en el porvenir. El reporte Panorama de Salud 2019 publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señala que el 72.5% de los adultos y el 37.7% de los niños mexicanos tienen sobrepeso y obesidad. Es igual de notable que el 13% de la población adulta vive con algún tipo de Diabetes Mellitus, el doble del promedio de la OCDE y el más alto entre los países miembros, con el 90% de casos de Diabetes relacionados con sobrepeso y obesidad.

El sobrepeso y la obesidad no solo nos cuestan miles de vidas al año, también tienen importantes consecuencias en la economía de México, particularmente cuando nos enfocamos al caso de la diabetes. Entre costos directos e indirectos, la Fundación Mexicana de Salud proyectó que en el 2018 solo la carga económica de la diabetes tipo 2 sería de 506 mil millones de pesos, lo que equivale al 2.62% del PIB estimado de ese año. Este cálculo incluye costos directos al sistema de salud, como los son los medicamentos, la atención de las complicaciones de la diabetes, transportes ambulatorios y pruebas de laboratorios; al igual que indirectos como el costo de muertes prematuras, ausentismo e incapacidad laboral, invalidez, y pérdida de productividad. ¿Caro? No, carísimo. Y esto solo cuando hablamos de la diabetes (y solo la tipo 2), pues los mexicanos también viven en promedio 4.2 años menos debido al sobrepeso, el cual representa 8.9% de nuestro gasto en salud, reduce la producción del mercado de trabajo de 2.4 millones de trabajadores y reduce el Producto Interno Bruto (PIB) de México en un 5.3%.

Gran parte de nuestra población se encuentra enferma y los síntomas se están viendo reflejados en nuestra sociedad, nuestras instituciones y nuestra economía. ¿Qué estamos haciendo para prevenir y controlar esta epidemia? En el 2013, la Secretaría de Salud del gobierno de Peña Nieto diseñó la Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes (ENPCSOD) y es la herramienta que ha definido hasta hoy la política de salud frente a la emergencia que representan estos padecimientos crónicos. La ENPCSOD llamó mucho la atención por introducir regulaciones en la publicidad de alimentos y bebidas, un nuevo etiquetado frontal, restricciones en la venta de “comida chatarra” en las escuelas y medidas fiscales. Sin embargo, a seis años de su implementación, los números ponen en evidencia una estrategia fallida que, si bien representó un importante primer paso, fue poco efectiva en el manejo de esta epidemia. La prevalencia de sobrepeso disminuyó sólo 2.6% de 2012 al 2016, la obesidad 1.9% y la hipertensión 0.6% en el mismo período. Lo único más decepcionante que estos números es que la prevalencia de diabetes tipo 2 aumentó en vez de disminuir, mientras que su mortalidad pasó de 70.8 muertes por cada 100 mil habitantes en 2013 a 84.7 en 2016.

Para entender el fracaso de la Estrategia Nacional, debemos explorar el diseño de esta política de salud, la cual crea espacios para la interferencia de la industria de bebidas y alimentos, deja conflictos de intereses irresolutos, es deficiente e ineficiente en el financiamiento del primer nivel de atención médica y no impulsa medidas para mejorar el acceso a alimentos saludables. Antes, es de notar que una de las principales limitaciones de la ENPCSOD es precisamente que no es una ley. Como tal, la Estrategia tiene poca fuerza para hacerse cumplir y depende de la buena voluntad tanto de la industria que busca regular, como del gobierno, quien es responsable de llevar cuenta de los avances, asignar apropiadamente los recursos necesarios y garantizar continuidad de una administración a otra.

Junto con la ENPCSOD, se creó el Observatorio Mexicano de Enfermedades No Transmisibles (OMENT) para evaluar la efectividad y los resultados de la Estrategia. Sin embargo, entre los miembros de su Consejo Asesor, encontramos que casi la mitad de sus miembros cuentan con un alto grado de conflicto de intereses potencial. Entre las organizaciones con más influencia dentro del OMENT resaltan ConMéxico, un consejo que agrupa 43 compañías de alimentos y bebidas como Bimbo, Kellog’s, Nestlé, Coca-Cola y Pepsico; The Aspen Institute Mexico con estrechas conexiones a la industria; y a la Confederación de Cámaras Industriales en la República Mexicana (CONCAMIN), una fuerza política de la industria dedicada a promover y defender sus intereses. También es relevante mencionar que ninguno de los institutos de salud está representado en el Consejo Asesor de OMENT, al igual que ninguno de los grupos de consumidores fundamentales en la promoción y aprobación del impuesto sobre las bebidas azucaradas y alimentos ricos en calorías y bajos en nutrientes.

Este tráfico de intereses, por su parte, se ha visto reflejado en las regulaciones implementadas como parte de la Estrategia Nacional. La publicidad de alimentos y bebidas no saludables dirigidas a la infancia, por ejemplo, se prohibió únicamente en la televisión y en cines y dejó fuera los horarios con mayor audiencia infantil. Igualmente, se omitieron prohibiciones en internet y en el exterior, así como el uso de regalos y promociones en ciertos productos (como el famoso huevito Kinder). El etiquetado frontal, si bien se aprobó un nuevo sistema que estaremos viendo en 2020, desde el 2015 estuvo basado en aquel de las Guías Diarias de Alimentación, un sistema que utiliza como valores de referencia aquellos creados por la propia industria de alimentos. El etiquetado GDA, además de que sólo 2% de los estudiantes de nutrición cuestionados por el Instituto Nacional de Salud Pública pudieron interpretarlo correctamente, utiliza valores de adulto en productos dirigidos a niños, muestra tamaños de porciones arbitrarias y deja fuera algunos nutrimentos importantes.

Más allá de estas limitaciones inherentes en su toma de decisiones, la ENPCSOD presenta dos fallos en aspectos que son críticos en la prevención y en el control del sobrepeso, la obesidad y la diabetes: el primer nivel de atención médica y el acceso a alimentos saludables. La Estrategia no abordó la carencia de un modelo en el sector salud que permita evaluar los resultados respecto al presupuesto asignado. Los convenios de transferencia de recursos entre la federación y las entidades, en materia de sobrepeso y diabetes, son laxos y no exigen resultados específicos en indicadores de salud. Por otra parte, las entidades federativas no solo no utilizan los recursos en base a metas establecidas de prevención y control, sino que hay grandes diferencias entre los indicadores a los que les dan seguimiento. Simplificado: las entidades reciben sus presupuestos y deciden bajo qué criterios van a evaluar sus propios resultados, como en la primaria cuando la pobre maestra le dice al salón que se van a calificar ellos mismos.

La Estrategia también parece haber olvidado que, para que los niños puedan tener vidas más saludables, necesitan tener a la mano los alimentos para sustituir la chatarra. Como tal, hace falta fortalecer el sistema alimentario con políticas que regresen la producción de productos saludables para los mexicanos al centro de la política agrícola de nuestro país. Con esto se podría comenzar a mejorar la disponibilidad de alimentos nutritivos y saludables, impulsando su asequibilidad como la primera opción para millones de familias mexicanas en vez de productos altos en grasas, azúcares y calorías; pero poco nutritivas como es el caso actualmente.

¿Qué lecciones podemos aprender de la ENPCSOD?

Podemos aprender que hace falta una nueva Ley General que regule y haga frente a los entornos que promueven la obesidad en México. La difícil tarea que tienen los legisladores, si quieren evitar que uno de cada dos niños nacidos a partir del 2010 desarrolle diabetes a lo largo de su vida, es crear políticas y regulaciones que trabajen a favor de la salud de la población mexicana, pero, que, por su naturaleza, van en contra de los intereses de la industria alimentaria y sus grandes corporativos. Una legislación efectiva en la prevención y el control del sobrepeso, la obesidad y la diabetes; deberá reunir esfuerzos de todas las ramas de gobierno para construir sistemas de seguimiento, monitoreo y evaluación de estos padecimientos, nuevos marcos legales para garantizar la rendición de cuentas, la reestructuración de nuestra política alimentaria y cambios importantes en la educación de niños y adultos por igual. Si el gobierno se da cuenta que hace falta dejar de privilegiar a unos cuantos solo para mantener inversiones de empresas sin responsabilidad social, también hará falta la participación de la sociedad desde un ámbito individual y familiar. Después de todo, nuestra salud es una labor y decisión personal. El diagnóstico para México está hecho, el doctor sólo necesita la asertividad para darnos el tratamiento.

Estudiante de Ciencias Políticas y Derecho Internacional en un Programa de Doble Titulación entre L'Institut d'Études Politiques de Paris (Sciences Po) y the University of British Columbia.

Obsesionado con el estudio del poder, me dedico a interpretar, evaluar y explicar eventos, patrones y estructuras de política.

Yucateco primero. Lo único que me gusta más que una buena conversación es un buen café

2 respuestas a «La Obesidad y la Diabetes en México: Estrategias Fallidas Frente a un Nuevo Panorama Epidemiológico»

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    Definitivamente el gobierno no va a poder solo ni tampoco hay que responsabilizarlo de todo; nosotros, cada quien y en sus familias, tenemos que hacer nuestra parte.

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