La mitología de los símbolos patrios

Hace un par de semanas —o bien, pudieron ser días, últimamente el tiempo funciona diferente— se hizo viral el video de una adolescente bailando en TikTok con el himno nacional de fondo. No tardaron en llegar los comentarios aguerridos a señalar que era una falta de respeto a los símbolos patrios. De la misma manera, han aparecido los comentarios, tanto de usuaries alrededor de la república como del mismo presidente, para mostrar inconformidad con la vandalización de las pinturas en la CNDH a manos de la toma feminista.

Hay algo en las pinturas ultrajadas con colores brillantes y el lema de ACAB que lo diferencia del resto de las pintas de protesta. No estoy completamente segura de que puedan compararse con las pintas del Ángel o de Bellas Artes. Son imágenes muchísimo más poderosas de una manera en la que no se podría describir con facilidad.

¿Por qué conmueven mucho más las imágenes de la toma de la CNDH?

Por una parte, porque ya no podemos ver a las colectivas feministas como encapuchadas nada más, estos seres anónimos en busca de justicia que acuerpan la lucha en su terreno material. Poniendo el cuerpo entre la hermana y la policía con la cara tapada, no sabemos cuáles son las historias que engloban estas mujeres. Sabemos que son de violencia, pero no podemos saber todas. En parte porque son demasiadas y en parte porque nos han obligado a ahogarnos en el silencio. Cuando veo las marchas me pregunto cuántas historias de dolor habrá paradas en la multitud de las cuales jamás se van a hablar. 

La toma de la CNDH es todo lo contrario, si bien hay mujeres encapuchadas en el anonimato, tenemos un grito por parte de las mujeres que han sido víctimas o han perdido a sus hijas ante la negligencia de la justicia mexicana. Gritan y pintan y rompen porque nos han condenado al silencio.

A mí siempre me gana la emoción al escuchar el testimonio de Yesenia Zamudio sobre el feminicidio de su hija Marichuy. Desde lo más egoísta la escucho y pienso en mi mamá. Si algún día soy yo, no puedo imaginar el dolor horrible que sentirá mi mamá. Veo a Yesenia y me dan ganas de llorar porque, por mucho que admire su labor —y esto es sumamente egoísta— jamás quiero ver a mi mamá hacer eso. Gritar y romper porque ya no estoy. No quiero jamás que sufra así, ni conmigo ni con mis dos hermanas. Sin embargo, me llena de lágrimas de coraje ver todo el dolor con el que denuncia y me levanta el espíritu saber que Marichuy no se perderá en los anales de la historia. Que su mamá siempre buscará justicia por ella. 

Los símbolos patrios no las representan. Las fiestas del 16 de septiembre, la bandera y el himno nacional no se hicieron pensando en ellas, en nosotras. ¿Para qué sirve tener ídolos históricos cuando hemos decidido darles la espalda a nuestras propias ciudadanas? ¿Por qué la pintura de Francisco I. Madero tiene más valor que las mujeres que ya no están?

Los monumentos representan los valores de una nación y cuando ya no representan nada, hay que tirarlos. 

No es normal tenerle miedo a tu país. Vivir con el terror de que si mañana desapareces y te hayan hecha pedacitos en una maleta jamás se hará justicia. Ese no es mi país. Si a mí y a mis hermanas no nos protege, ¿cómo espera que me subordine? ¿Dónde veo el sentido para cantar su himno, honrar a su bandera y respetar a sus ídolos?

A mí no me representa. A mí me representan las mujeres que tomaron la CNDH. Ellas son mi símbolo patrio, las que representan el valor más importante de este país, la justicia. Ellas son las que trabajan para que el país sea más seguro para mí y todas nosotras. No el presidente, no la CNDH, no la policía. Que quemen y pinten los símbolos patrios, ya no valen nada.

Fotografía: Andrea Murcia.

Ya les quitaron su tranquilidad, a sus hijas y a sus hermanas; ¿cómo van a honrar a la patria que permitió que les quitaran todo? Que quemen este país si es necesario con tal de que mañana, podamos caminar tranquilas sin miedo a que nos asesinen, a que nos violen, a que nos desaparezcan de la historia.

Si verdaderamente se ama al país, se luchará lo necesario para que sea un mejor lugar para todas y cada una de nosotras.

Los símbolos patrios han perdido su significación. Sólo son monumentos, paredes, pinturas, edificios. Se reconstruyen, se vuelven a pintar. Las mujeres no, nuestras hermanas no, nuestras madres no.

Que caiga la patria si no hay justicia. 

Celeste, como el color. Estudio Sociología en la UNAM y me especializo en Estudios de Asia. Tengo 20 años y constantemente me hago la misma pregunta ¿Se podría hacer un análisis sociológico de esto? La respuesta, para mala fortuna de los que me leen, siempre es sí.

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