La mirada masculina (The male gaze) en The Walking Dead

La última temporada de The Walking Dead, la serie de zombies más longeva de la historia, está próxima a llegar a su fin y, básicamente, lo que todes esperamos saber es si Rick Grimes sigue vivo o de plano se murió (aunque el trailer es más que obvio). Sin embargo, antes de que este suceso tan esperado acontezca, me parece importante escribir algunas críticas (que nadie me pidió), sobre todo porque es preciso y necesario que los personajes femeninos en las series dejen de estar escritos a partir de la mirada masculina.

Antes de continuar, tengo que aclarar dos puntos: 1) este análisis se centra en las temporadas 1 a la 8, eso no exime de críticas a las siguientes temporadas; 2) spoiler alert: si apenas comenzaste a ver la serie y no quieres saber datos relevantes, deja de leer en este momento, pero si eres de las personas que aman saber que va a pasar para evitar la ansiedad de la incertidumbre, puedes seguir leyendo.

La mirada masculina, o el male gaze, es un concepto que se crea a partir de la publicación “Placer visual y Cine narrativo” de Laura Mulvey. En este texto, la autora explora “cómo el insconsciente de la sociedad patriarcal ha estructurado la forma fílmica”, es decir, las formas en que las mujeres somos retratadas en el cine narrativo y comercial a partir de una idea masculina. Esta mirada masculina produce dos consecuencias: 1) “Controlar la fantasía” sobre las mujeres, a partir de lo cual reproduce estereotipos de género (mujeres que cumplan con la estética y los roles de la feminidad) que les son convenientes a los personajes masculinos, y 2) “Surge además como el representante del poder en un sentido nuevo: como portador de la mirada del espectador” (p. 371), con lo que roba agencia a las mujeres e impide que los personajes femeninos puedan desarrollarse más.

A pesar de que Mulvey enfatizaba el hecho de que la mirada masculina estaba inscrita en los hombres cisgénero, considero que la autora no tomaba en cuenta las formas en que el patriarcado y el machismo también se reproducen entre las mujeres cis. Es por ello que, al hablar de la mirada masculina, no sólo me aboco a “hombres cis”, sino a todo un sistema patriarcal que es tan grande, está tan internalizado y abarca tanto que puede ser reproducido por múltiples personas independientemente de su expresión e identidad de género.

A continuación, veremos algunos ejemplos de la reproducción de esta mirada masculina y cómo Hollywood sigue haciendo profits a partir de ella:

  1. Las mujeres impulsivas y emocionales:

En muchas ocasiones en The Walking Dead, podemos observar cómo las mujeres parecen ser locas impulsivas que se mueven por las emociones, replicando así el estereotipo de “la mujer” en el pensamiento colectivo patriarcal y misógino. Pareciera que, desde la temporada uno, los únicos seres racionales, pensantes y capaces de llevar un liderazgo correcto son los hombres (y especialmente los hombres blancos). Por ejemplo: Maggie como líder en Hill Top es movida únicamente por un acontecimiento (el asesinato de Glenn), son los hombres (como Rick o como Jesus) que la guían a través de una senda de racionalidad. Al final, Maggie se va y abandona a todes, mostrándola como una persona egoísta y reaccionaria.

Fuente: Express.co.uk
  1. La mujer manipulada.

Otro caso es el de “la mujer manipulada”. Debido a que las mujeres “no son racionales” y su juicio está nublado por sus emociones, por ende, sus decisiones favorecen al “enemigo”. Pareciera que las mujeres no son capaces de distinguir entre el bien y el mal, o peor aún, que se niegan a verlo. El énfasis, entonces, no recae tanto en la manipulación, sino en la mujer “tonta” que no se da cuenta. El gran ejemplo es de Andrea, quien al estar enamorada del Gobernador no podía ver el daño que le estaba haciendo a sus amigues.

Fuente: IMDb.com
  1. La maternidad vs la autonomía

Por otro lado, las mujeres que son autónomas e independientes son retratadas como ermitañas, toscas, cero amigables y poco deseables. Para que las mujeres se vuelvan amables, deseables y partícipes de las decisiones, deben asumir su rol maternal; es decir, las mujeres son reducidas a cumplir con el destino y el deseo que toda hembra humana debe seguir. En este caso el ejemplo es Michonne, quien tras pasar de un personaje fuerte e independiente, se ablanda a partir de los recuerdos de su hijo y del ejercicio de la maternidad junto a Carl y Judith. Esto no quiere decir que deje de ser fuerte e independiente, pero su papel se reduce cuando está al lado de Rick.

Vía: spoilertime.com
  1. El placer sexual y la estétitca hegemónica

Además, otra forma de la mirada masculina es negar el placer y el ejercicio de la sexualidad a las mujeres que salen del canon estético. Hasta la temporada nueve vimos a muchas mujeres tener parejas y relaciones sexuales (desde una perspectiva bastante heteronormada, moralina y cristiana, porque la única posición posible en el apocalipsis zombie es el misionero), pero la mayoría eran mujeres jóvenes, heterosexuales y delgadas. Tal es el caso de Carol, hasta antes de la temporada 8, a quien el rol de madre y vieja le quitaban la capacidad de poder mantener relaciones sexuales con otras personas. Como si la edad anulase el deseo sexual hacia otres. Esto replica la idea de que la sexualidad en las mujeres tiene fecha de expiración, la cual llega junto con su capacidad reproductora. Además, se acentúa la idea de que las mujeres no somos individues con agencia que podamos elegir, más bien somos elegidas para satisfacer el placer de un hombre (porque claro está, la posibilidad de vernos con otras mujeres es inadmisible).

Fuente: Elcomercio.pe

En fin, estos son sólo cuatro ejemplos de cómo funciona la mirada masculina en una de las series más populares de la década, sin embargo se replica en un sinfín de series, películas y cortometrajes. Al final, la fórmula de “más mujeres es igual a más inclusión” no sirve de nada si las mujeres que retrata la industria se rigen a partir de una mirada masculina y patriarcal.

Además, la desigualdad de pago, de contratos y de tratos entre hombres y mujeres, así como el acoso y abuso sexual que existen en el cine siguen dando mucho que desear. La mirada masculina es tan sólo la punta del iceberg, puesto que la erradicación de las múltiples discriminaciones (sexo, raza, género, edad, etc.) que se reproducen en la industria fílmica (como parte de un sistema moderno/colonial más extenso) nos indican que nos falta un gran camino por recorrer. 

Mujer morena, activista y feminista decolonial y antirracista veracruzana. Maestrante en Teoría y Crítica de la Cultura en la Universidad Carlos III de Madrid. Internacionalista formada en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y la Universidad de Pretoria en Sudáfrica. Profesora adjunta en la UNAM e integrante y co-fundadora de la Colectiva Feminista “Dignas Hijas”. Escribe sobre sexualidad y América Latina a partir del estudio de la cultura desde un enfoque decolonial, con el fin de desmitificarlas y evidenciar estereotipos racistas, misóginos y coloniales. Además, menea la cola con funk y reggaetón.

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