La lesbofobia que no vemos

Por Polly Flores (Twitter: @ninfadelcenote )

No hay una sola experiencia LGBT. Somos una comunidad que no está basada en una cultura, sino en un tipo de disidencia causada por el sistema cisheteropatriarcal. Estos últimos años he tratado de acercarme más al activismo LGBT, particularmente en espacios en línea, pues es lo que mi forma de vida me permite más fácilmente. He notado cierta aprehensión hacia mi persona, y después de hablarlo con mis compañeres en ciertas redes, me explicaron que muchas personas en nuestros círculos de activismo han tenido malas experiencias con lesbianas, por lo tanto tienden a tener cuidado cuando lidian con una. Los primeros meses de mi aproximación al activismo en redes, esto me hizo mucho sentido, yo también he tenido malas experiencias con lesbianas radfem, yo también trato de averiguar si son transincluyentes o no antes de acercarme (ya sea de una forma personal o para crear redes comunitarias), y también me he llevado decepciones, aunque ni siquiera esté tan en riesgo como otros miembros de la comunidad.

Pero poco a poco, esta aprehensión a las lesbianas comenzó a dejarme un mal sabor de boca, y tras conversar con mis amigues, logré llegar a dos razones. La primera es que las radfems han conseguido apropiarse del termino “lesbiana” a pesar de que no todas sean lesbianas y mas aún, que no todas las lesbianas son radfem. La segunda, es que el temor a la palabra lesbiana que esta asociación ha dejado y ha contribuido a que la lesbofobia no sea analizada en los circulos antiTERFs.

En mi opinión, la lesbofobia -al igual que todas las formas de discriminación hacia las comunidades LGBT- se puede observar en tres tipos de personas: los cishets, las radfems, y la misma comunidad, muchas veces incluso de otras lesbianas. La lesbofobia suele ser entendida como una combinación literal de homofobia+sexismo, sin embargo, aunque ahí podemos encontrar sus raíces, las manifestaciones lesbofóbicas pueden ser mucho más complejas. En mi experiencia, las personas cishet que no tienen mucho conocimiento sobre la comunidad LGBT oprimen a las lesbianas ya sea fetichizándonos o siendo abiertamente violentos, y ésta es la lesbofobia más evidente, pero no es la única.

El lesbianismo político es relativamente popular dentro del movimiento Radfem. En él, se propone que la atracción es una elección política, y por lo tanto, es correcto escoger relacionarse sólo con otras mujeres para priorizar las relaciones femeninas. Esto es frecuentemente exhibido por sus oponentes como bifóbico: muchas personas bisexuales han hablado de cómo esto culpabiliza a las mujeres por relacionarse con hombres e invisibiliza su atracción, esa bifobia es terrible y necesita ser discutida en distintos espacios, pero en esta ocasión quiero tomarme el tiempo para discutir la lesbofobia inherente en el lesbianismo político.

En primer lugar, el lesbianismo político afirma que la atracción es una elección, lo cual me parece claramente no solo lesbofóbico sino homofóbico en general. Es un argumento utilizado por grupos homofóbicos constantemente y contra el cual hemos tenido que luchar como comunidad por mucho tiempo. La sexualidad puede ser fluída (pero no siempre lo es), nuestras

vivencias pueden afectar quién nos atrae y la política definitivamente puede influir en la atracción, sin embargo, reducirla a una elección política es ignorar la inevitabilidad de la atracción homosexual incluso antes de que fuera una rebelión política.

Además de esto, la atracción no siempre equivale a que con quién te relacionas. No soy lesbiana sólo cuando estoy en una relación, soy tan lesbiana soltera como cuando tengo pareja, afecta mis vivencias diarias y ha creado la persona que soy. Borrar estas vivencias y reducir mi lesbianismo a mis relaciones me parece francamente insultante. Y como última crítica al lesbianismo político, el hecho de que incluya la priorización de relaciones entre mujeres en general, incluso cuando las mujeres en esas relaciones no sean ningún tipo de sáfica, me parece una forma de borrar la atracción romántica y sexual del lesbianismo para mostrarlo de una forma más “aceptable” ante la sociedad cisheteropatriarcal, y no puedo imaginarme nada más lesbofóbico que apropiarse de nuestra lucha, extirpar lo que nos hace lesbianas y venderlo como un movimiento político a mujeres cishetero.

Pero incluso en grupos que no incluyen ni una persona cishetero puede existir lesbofobia. El lesbianismo es la única identidad en la comunidad LGBT que no incluye hombres de ninguna forma. En un mundo cisheteropatriarcal, ser una comunidad de no-hombres que no sienten atracción alguna a hombres nos pone en una situación vulnerable, particularmente a lesbianas trans, no binaries o inconformes al género. Nuestra sociedad define a la mujer en parte por su atracción y disponibilidad sexual y romántica para los hombres, esto por supuesto viene del sexismo sistémico y normalmente inunda cómo se nos ve  y cómo se nos enseña a vivir en sociedad desde niñes, además de que es algo contra lo que muchas mujeres tienen que luchar. Pero para las lesbianas, puede crear un sentido de falta de identidad o de falta personal, y en parte es por esto que muchas personas se identifican como lesbianas y no como mujeres, pero también es una razón por la cual muchas lesbianas tienden a sentir la heterosexualidad obligatoria con más fuerza y pasar por un proceso doloroso antes de lograr superarlo.

La falta de atracción hacia hombres también nos aísla de casi todos los demás grupos, nuestra sociedad está enfocada y prioriza a los hombres, sin importar nuestras interacciones y relaciones familiares o platónicas con ellos. No sentir atracción a ellos nos mantiene lejos de conversaciones entre personas que sí tienen esa atracción desde la niñez y por el resto de nuestras vidas. Incluso muchos aspectos del feminismo giran en torno de mantener a las mujeres seguras y saludables al sentir atracción y/o relacionarse con hombres, y las lesbianas no podemos ser parte de esas conversaciones. El Test de Bechdel-Wallace, por ejemplo, comenzó como un concepto por y para lesbianas que demostraba como se nos aísla de la cultura en general, pues hablaba de cómo es difícil incluso ver películas que no incluyan conversaciones entre mujeres sin hombres, pero este test fue adoptado por el feminismo y se le borró el aspecto lésbico.

En mi experiencia personal (la cual es limitada pues soy cis y femme), las pequeñas lesbofóbias son bastante comunes en la comunidad LGBT. Se nos asocia con TERFs inmediatamente a pesar de que hay transfobia en casi todas las comunidades y de que, como ya expliqué, el radfem muchas veces borra nuestra identidad; cualquier intento por tener espacios solamente para lesbianas es acusado de ser parte del movimiento TERF; se nos asume agresivas; se nos acusa de bifobia y homofobia cuando discutimos nuestro orgullo por nuestra falta de atracción a hombres y parece haber cierta resistencia a tener conversaciones que se enfoquen en nosotres y sólo en nosotres. Además, he notado un movimiento reciente para incluir gente que sí siente atracción a hombres en el lesbianismo y, al haber resistencia frente a esto, una tendencia a pintar a las lesbianas como intolerantes por definición, por lo cual me parece importante hacer la pregunta ¿por qué hay resistencia a que exista un término que no incluya hombres?

Me parece vital que todas las personas que se consideran parte de cualquier sigla de la comunidad LGBT, examinemos nuestros prejuicios no sólo hacia otras letras, sino hacia la nuestra. Crecer y vivir rodeades de cissexismo, homofobia y bifobia hace imposible poder escapar y dejar de internalizar estos modos de discriminación, pero es necesario que logremos analizarlos y trabajar constantemente en dejarlos atrás, y creo que es tiempo que comencemos a tener esa conversación alrededor del lesbianismo de una forma más general.

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