La lectura como un diálogo continuo o de cómo a veces un meme dice más que un libro

Veo la lectura como un diálogo continuo con otras voces. Un diálogo con personas vivas y muertas, con mundos reales y ficticios. En realidad, yo leo para encontrar en las letras de otres mis propios sentimientos y pensamientos. Tal vez para sentirme un poco menos sola o para sentir que no caigo en una locura desbordante tras ver que alguien más pensó algo parecido. Como cuando Alejandra Pizarnik habla sobre su experiencia al leer los diarios de Cesare Pavese: “Profunda sorpresa. Y miedo. Porque casi todo lo que ha escrito me parece pensado por mí. Es más: yo lo he pensado —mejor decir: sentido— y hasta he tomado notas de ello en mi diario. Me desilusiona un poco tanta semejanza y, al mismo tiempo, me siento salvada. ¿Salvada de qué? No sé. Pero de algo oscuro y viscoso. Posiblemente me refiero a la locura.”

A decir verdad, comencé mi hábito lector desde un sentimiento de inferioridad que quise combatir. Comencé acumulando conocimiento para pronto -quizás tardé un par de años- darme cuenta de la estupidez de esa empresa.  Ahora mi relación con la lectura se ha tornado en no ser más que una relación conmigo misma. Normalmente cargo con una libreta para escribir las cosas que me evocan ciertas letras. Es una especie de respuesta a lo que me dicen otres. Leo y escribo. No obstante, también plasmo sobre los libros mis propias huellas. A manera de corchetes, flechas, notas al pie, frases al margen. Por eso no me gusta prestar mis libros, hacerlo es como brindarles a otres la posibilidad de entrar en mi mente y en mi corazón, porque si ven las marcas que dejo en los libros verán las marcas que esa lectura dejó en mí y a veces eso me aterra.

También por mucho tiempo me daba pena decir qué libros me habían gustado y qué otros no porque eso suponía abrir mi alma. Como cuando digo que la primera novela con la que lloré fue con Las penas del joven Werther de Goethe. Demasiado trágico e intenso como para que alguien más sepa que esa intensidad del corazón la siento en mi alma. Una amiga dirá que es mi luna en cáncer y tal vez eso tenga sentido.

Aunado a esto, pronto -quizás tardé un par de años- me percaté de que criticar a quienes no han leído a ciertos autores es una actitud nefasta y sin sentido. Simplemente es un absurdo legislar la lectura cuando une comprende que esta actividad es demasiado singular y peculiar como para creer que hay lecturas universales que todes deben leer. Hay autores que no nos llaman por cómo escriben, por lo que piensan o por los temas que tocan. Otras veces, simplemente no estamos en el mood de leerles y eso no es ningún pecado.

La primera vez que leí a Dostoievski no me gustó y dejé a la mitad Crimen y castigo. Y realmente sentí como un crimen esa decisión y sentía que merecía un castigo lector por tal aberración. Tiempo después dejé de sentir esa culpa y por diversos motivos volví a tomar un libro del autor ruso y quedé fascinada, aunque me parece una lectura cansada. Tengo muchos libros incompletos que pienso retomar en algún momento de mi vida. El Quijote sigue en mi librero esperando leer la otra mitad que me faltó.

Algo distinto pasa con los libros de Filosofía. Esos no siempre los puedes leer de principio a fin. No es como que un día digas “hoy voy a leer la Crítica de la razón pura” y te dispongas a hacerlo. Lo que pasa con esos textos es peculiar porque recurres a ciertas partes, ciertos capítulos, aunque algunos sí se leen completos y sin pausas. Otros son necesarios leerlos en compañía como El Capital o la Fenomenología del espíritu. Es necesario, en cierto sentido, sentarte con alguien más y decirle “no sé qué carajos quiso decir Hegel aquí” y tras una charla fructífera creer que entendiste algo más del autor para regresar a su lectura y volver a quedarte confundide. Esa actividad me parece muy divertida, aunque por momentos muy frustrante.

Ahora bien, otra de las conclusiones a las que llegué después de un largo tiempo es que la lógica del consumo capitalista se mete en nuestras entrañas y también ataca esta parte de la vida que debería ser placentera. Por momentos comencé a consumir libros, buscando acumular capital intelectual. Claramente esto es absurdo y estúpido y creo que no es necesito explicar por qué.

He llegado a la conclusión de que la filosofía y la literatura no son más que ideas y sentires que dicen cosas del mundo, que nos expresan cosas de lo que somos y nos pasa; y desde ahí se habla con les demás. Desde ahí se dialoga, se entiende y se comunica. Es grato leer sobre otras experiencias, otras vidas y otros tiempos. En general me gusta leer otras vidas que no son mías, pensamientos que no son míos y con eso pensar y sentir mi propia vida.

Leer ficciones que me hagan sentido, o no, y me hagan analizar, soñar, reflexionar. En la ficción encontramos cachos de realidad, encontramos cosas que nos dicen algo de nosotres. Como cuando uno de los personajes de El baile y el incendio dice que “quizás todo sería más fácil si no me hubiera convencido a mí mismo de que tenía talento”. Y entonces me río y me río aún más por lo que dice después de esa frase y por lo identificada que me siento. Y entonces todo se siente un poco más pasajero. O como cuando estaba leyendo Sé mi cuerpo y Butler menciona que la represión opera generando aquello que reprime y me quedé pensando por días en eso y en mis propios traumas. O como cuando pensé que lo mejor es partir de la idea de que no sabemos nada de nada ni de nosotres mismes y que debemos vivir con ese desconocimiento del mundo y no pretender abarcar todo porque es imposible y después leí en El libro del desasosiego que Pessoa dice que “vivir en un dulce y fluido estado de desconocimiento de las cosas y de uno mismo es el único modo de vida que a un sabio conviene y entusiasma” y se sintió reconfortante, no por creerme sino porque alguien más pensó que eso es la mejor actitud ante la vida que se puede tener y está bien. Tener tantas certezas en el mundo me parece sumamente sospechoso, la verdad.

Regresando al punto y como dije previamente: leer es hablar con otres, es escuchar lo que alguien pensó sobre lo que pasó en su mundo, en relación con lo que otres dijeron antes. No hay más. No hay nada trascendental. Les filósofes no nos hablan de algo más que un simple mortal, no diría o podría experimentar o pensar. Sobre esto quisiera decir que los libros nos otorgan un horizonte de sentido amplio con el cual podemos nombrar de manera más compleja y profunda nuestros sentimientos y reflexiones. Podemos desdoblar lo que nos pasa y entenderlo desde diversos puntos. Sin embargo, pensar que otra persona no nos puede entender porque no ha leído lo mismo que nosotres es caer en la ilusión del falso entendimiento intelectual. Lo que se hace con esta actitud es escudarse para cerrar el diálogo y el discurso. Es meter el pensamiento en un tipo de racionalidad que ocupa determinados conceptos para nombrar al mundo que todos compartimos. Hacer eso implica restringir el espacio de reflexión. Decir que otra persona que no leyó lo mismo no puede entendernos, es normar el lenguaje y el discurso. Lo que quiero decir es que, a mi parecer, el lenguaje no es más que la creación de sentidos y relaciones entre conceptos, y, aunque cierto orden discursivo da mayor complejidad al mundo, este mundo sigue siendo el mismo, es decir, el referente es el mismo. Por tal motivo, lo que se debe de hacer es buscar otras formas de nombrar aquello que se quiere decir.

Claramente es más fácil decir, cuando tienes el corazón roto por un amor no correspondido, que te sientes tan desafortunade como desafortunado fue el corazón de Werther, y alguien más que leyó el libro lo entendería, pero también puedes decir que sientes demasiado amor por una persona que sientes que te desbordas y que, aunque parezca exageración, sientes que duele tanto que podrías quitarte la vida pero que claramente no quieres hacerlo pero que así se siente.

O puedes decir que necesitas guiarte por un imperativo categórico y guiar tu vida según una ética basada en la razón como a Kant le hubiera gustado. Pero también puedes decir que quieres comenzar a conducir tu vida sin caer en contradicciones entre tus actos, ser coherente con tus ideas incluso en las circunstancias más adversas. Y de cualquiera de las dos formas se entendería que lo que quieres es no ser una mierda, pensar antes de actuar y ser buena persona (podríamos entrar en qué consiste ser buena persona y qué es lo bueno, pero en términos generales cualquiera entendería que no quieres joder a nadie y dar tranquilidad y seguridad a los que te rodean y ya).

Considero que hay muchas formas de referirse al sentido de las ideas y si alguien no puede explicarse con otra persona que no maneja su lenguaje académico-literario, me temo que ese alguien a lo mejor no entiende realmente lo que le pasa y piensa. Porque todo es comunicable, es cosa de encontrar la metáfora correcta para que el otre comprenda.

Por último, quisiera mencionar que no quiero decir que la opción es no leer ni hablar de eso y que no necesitamos la filosofía, literatura o poesía (francamente yo no podría vivir sin ellas). Lo que quiero decir es que es importante entender que el lenguaje es múltiple, así como son diversos los sentidos que se dan a las palabras/imágenes/metáforas para referirse al mundo. En este sentido, siempre puede encontrarse una manera de comunicarse sin necesidad de usar el mismo referente. A veces un meme expresa mejor las cosas que un libro o que un verso escrito por un “gran poeta”. Literal, a veces un meme dice más que un libro. Por ejemplo, esos memes sobre la indiferencia acompañada de miedo al ver el inminente fin del mundo y la necesidad de ir a trabajar todos los días y querer disfrutar la vida. En una sola imagen se plasma el sentimiento de toda una generación, sin tener que escribir 60 cuartillas para describirlo. En suma, la lectura/escritura es un proceso personal donde dialogas con otras personas y otras épocas, pero esta no es la única manera de comunicarse y por tal motivo no hay que cerrarnos a la posibilidad de crear nuevos significados y sentidos a las cosas, imágenes y palabras.

Ella/Elle. No binarie. Me gusta escribir y crear; amo el cine, los gatos y el café. Estudié Filosofía (FFyL-UNAM) y me interesa la filosofía política y la estética. Feminista marxista que en sus tiempos libres dibuja, lee y pinta. Me interesa hablar de movimientos sociales, comunidad LGBT+, neurodivergencia, cine, literatura y anticapitalismo.

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