La interseccionalidad como herramienta para el cambio

Por  Gustavo Guzmán (Twitter e Instagram @tavojimman )

La interseccionalidad es un concepto muy utilizado por nuestras hermanas feministas, una herramienta analítica que ayuda mostrar las desigualdades que vive una persona en quien se encuentran dos o más identidades que la hacen ser más vulnerables ante casos de opresión y discriminación; así se han expuesto las situaciones por las que atraviesan mujeres que además de ser mujeres son negras, indígenas, clase baja, trans, o con una discapacidad. Sin embargo, esta herramienta no solo sirve para mostrar las desigualdades por las que pasan las mujeres interseccionales, también puede visibilizar las desigualdades y necesidades de otras poblaciones como la comunidad LGBTQ+. Todas las personas que conformamos esta comunidad somos diferentes, tenemos características y experiencias distintas que necesitan ser visibilizadas. Tal  es el caso de las personas  que  somos  LGBTQ+ y que vivimos  con una discapacidad.

Cando vives con una discapacidad te enfrentas con tantos obstáculos y barreras, como los sociales, físicos, educativos, laborales, institucionales, etc., que a veces en lo último que puedes pensar es en tu sexualidad y ,sin embargo, la sexualidad también es parte de nosotres al igual que de todo ser humano, pues nacemos con ella, entonces ¿qué pasa? Que precisamente se le resta importancia a esta sexualidad, por ser quienes somos se nos considera seres asexuados, que no tenemos necesidades, sentimientos, deseos, que nuestros cuerpos no pueden ser sexualizados ni mucho menos deseados, convirtiéndonos en los niñes eternes, en seres incompletos y enfermos. Lo anterior es pues una de las bases principales de opresión y discriminación que vivimos las personas con discapacidad. Por otra parte, al identificarnos como LGBTQ+ el reto es mayor, pues hay situaciones en las que la comunidad ha ido avanzando y que, a pesar de ello, nosotres como persona con discapacidad (PCD) seguimos batallando y con más rudeza.

Situaciones tan básicas como autodescubrir nuestra sexualidad, conocer las variables y posibilidades que hay dentro de ella, nos son complejas ya que muchas veces no tenemos acceso a una información confiable sobre estos temas. Nuestros entornos frecuentemente están influidos por la religión y la falsa moralidad, ya sean centros de rehabilitación o familia, lo cual limita nuestra posibilidad de expresar nuestras dudas o inquietudes acerca de lo que estamos sintiendo, tenemos miedo de causar incomodidad o problemas. Así pues la aceptación de una identidad de género o una orientación sexual distinta a la hegemónica  se ve obstaculizada  por creencias,  prejuicios,  estigmas  y críticas. La gente alrededor nuestro asume que no tenemos deseos o necesidades, en el mejor de los casos asumen que te gustan las personas de tu género opuesto y no se detienen a pensar que esto no siempre tiene que ser así.

El acceso a una educación sexual pertinente, precisa, confiable y actualizada, donde se hable de la diversidad, responsabilidad, seguridad y salud sexual, difícilmente es posible, pues en primera, nuestra familia no lo considera necesario para nosotres, en segunda, la información de los programas y campañas no están diseñadas para ser accesibles con nuestra discapacidad, ya que no hay personas capacitadas para transmitirle la información a una persona sorda o ciega o con una discapacidad intelectual o socioafectiva, el material didáctico no tiene los ajustes razonables considerados para nuestro uso, por tanto,  nuestra  educación  se ve precarizada e incompleta.  Lo cual no sucede con las personas que viven sin una discapacidad.

Al no estar bien informades sobre lo compleja y diversa que es nuestra sexualidad, sobre todo lo que abarca y los matices que posee, estamos más expuestes a situaciones de riesgo como vivir  violencia e incluso  abuso  sexual. Sobre todo estamos más vulnerades, al ser parte de algo que lo todavía se considera anormal e inmoral, siendo homosexuales o trans, tenemos un mayor peligro a caer o ser sometides a las mal llamadas terapias  de conversión, las cuales  causan un daño irreparable a la psique de quienes las experimentan, desencadenando múltiples problemáticas de depresión, estrés postraumático,  ansiedad, etcétera, que obviamente afectan a la persona. Estas problemáticas si bien también están presentes en la población LGBTQ+, en las personas con discapacidad se incrementan más, debido a la falta de autonomía e independencia que la mayoría de las veces nos identifica además de la ya mencionado falta de acceso a la información o a información accesible.

Por lo mismo, los métodos de protección y anticonceptivos, son de difícil acceso para nosotres pues al ser una cuestión íntima y personal muchas veces no tenemos la confianza de solicitar que nos acompañen a conseguirlos y, en algunos casos, debido a la carencia económica que también caracteriza a la discapacidad debido a la falta de empleo, es difícil hasta el poder tener dinero para comprarlos.  El difícil acceso que tenemos hacia los métodos de protección, puede repercutir en nuestra salud ya que tenemos un alto riesgo a contraer enfermedades de transmisión sexual y ,nuevamente, al no contar en primera, con el conocimiento sobre ello y en segunda con la confianza de solicitar apoyo a nuestras familias, una ETS que tal vez sea de fácil tratamiento para las demás personas, para nosotres puede convertirse en un caso grave e irremediable. Con los tratamientos o terapias hormonales, puede suceder algo similar y más complejo aún, debido al desconocimiento de estos como opción de transición o que muchas veces  cuando se conocen no se tiene el apoyo de las familias lo cual dificulta en gran medida realizar todos los trámites y citas requeridos desistiendo muchas veces del proceso y esto también repercute en su salud, aunque ahora en vez de física, psicológica.

Así podemos ir enumerando la gran cantidad de obstáculos, desigualdades y necesidades que, si bien en ambas condiciones están presentes, se acentúan más cuando eres una persona en la cual convergen ambas al mismo tiempo. ATENCIÓN, que todo esto surgió de la vulneración y negación de nuestra sexualidad, faltarían muchos escritos más que expongan los retos a los que nos enfrentamos en otros sectores como el laboral, el educativo o el social,  en los cuales vivimos una doble exclusión y discriminación, en una por tener discapacidad y en otra por ser LGBTQ+.

Para concluir, quisiera recordar que se están hablando de derechos humanos, los cuales están dictados por organismos nacionales e internacionales enfocados a estos temas. El acceso a educación y la salud sexual no son caprichos, son derechos universales, los cuales no tenemos garantizados simplemente por las ideas, estigmas y prejuicios de una sociedad que ignora y desconoce y que, sin embargo opina e impone. La interseccionalidad pues, a través de su enfoque analítico, ayuda a señalar estas vulneraciones y permite construir alternativas de solución a estas desigualdades a las que nos enfrentamos. No obstante, este enfoque no es posible, si nosotres como personas interseccionales no nos visibilizamos, si no exponemos nuestras realidades, necesitamos empoderarnos, demostrar que existimos y empezar a trabajar por un cambio, por un futuro en donde podamos ser libres de expresar las identidades que convergen en nosotres y poder vivir nuestra #DiscapacidadConOrgullo.

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