La importancia de los espacios seguros en la vida nocturna y la resistencia LGBT+

El 10 de julio pasado, acompañados de gritos que vitoreaban “p*nch*s p*t*s”, jóvenes pertenecientes a la comunidad LGBT+ fueron golpeados, agredidos y asaltados en la Zona Rosa, en la Ciudad de México. A las tres de la madrugada, entre 10 y 15 personas, frente a cuerpos policiales que no respondieron de manera inmediata, salieron de Rico Club –uno de los clubes nocturnos más concurridos de la zona– con palas y piedras para agredir físicamente a las víctimas. Más adelante, cuando les afectades recibieron atención médica, les hicieron saber que ese era el cuarto incidente de índole violenta en la zona, y que sucesos como esos eran más comunes de lo frecuentemente reportado. Entre sangre, huesos rotos y puntadas, la homofobia sigue latente en nuestro país. Ante esto, los clubes nocturnos LGBT+, más allá de ser lugares de fiesta, son lugares de resistencia; son lugares en los cuales muches dentro de la comunidad se sienten cómodes manifestando su identidad u orientación sexual. Por lo tanto, estos lugares deben garantizar ser seguros y proteger a toda la comunidad de la violencia que ésta sigue enfrentando en México.

Este incidente aislado no es una manifestación única y rara de homofobia, transfobia o violencia hacia la comunidad LGBT+ en nuestro país. Tan sólo un mes antes, hubo una balacera en Candela –otro bar de la Zona Rosa–, donde dos personas resultaron lesionadas. Hace seis meses, en Ciudad Juárez, los cuerpos de Noemí Medina y Tania Montes –quienes eran una pareja lésbica– fueron encontrados, víctimas de un feminicidio. La memoria de Armando González sigue presente, ya que él fue asesinado la madrugada del 7 de julio de 2019 en la misma zona. Como lo denunciaron testimonios para Espacios Diversos y Seguros:

“Empezamos a recibir denuncias y nos encontramos que es algo generalizado[;] el personal de seguridad se excede en violencia al momento en el que retira a las personas incluso llegan al punto de que roban celulares cuando los están sacando […]. Muchas mujeres heterosexuales encuentran a bares de la comunidad LGBT como espacios seguros o lo eran porque hemos recibido quejas de que el mismo personal las ha acosado, les empiezan a invitar bebidas y[,] cuando ya están tomadas[,] se empiezan a exceder o las quieren besar a la fuerza y[,] entonces[,] ¿qué responsabilidad existe por parte de los propietarios? El mismo personal no [está] resguardando la integridad y la seguridad de quienes asistimos a estos espacios.

Y, en un nivel más general, en México, la expectativa de vida de las personas transgénero en el país es de 35 años. Aún más, México y Brasil son los dos países con más índices de crimen contra las personas trans en Latinoamérica. Como lo reportó el periódico El País:

Tan solo el año pasado, el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio contra Personas LGBT, registró 81 asesinatos [con razón de] orientación sexual e identidad de género en el país, de los cuales casi el 50% fueron hacia mujeres trans. Además, el informe Violencia de género con armas de fuego en México señala que cinco de cada 10 fueron ejecutadas a balazos, y el 44% se dedicaba al trabajo sexual.

Por su parte, de acuerdo con la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, al menos 117 personas LGBT+ fueron asesinadas en 2019 y, aún más, el cálculo de las personas LGBT+ asesinadas es de una cada tercer día. Como lo estableció la Comisión:

En el último lustro, el periodo que va de 2015 al 2019, al menos 441 personas LGBT fueron víctimas de violencia homicida. El 2019 fue el año más violento del quinquenio, con un aumento de 27 por ciento con respecto a la cifra del año anterior y se colocó muy por encima del promedio de 88 homicidios de personas LGBT al año en ese periodo de tiempo, lo que confirma la tendencia ascendente de este tipo de violencia extrema motivada por el prejuicio hacia las diversidades sexuales y de identidades de género.     

Mientras trascendemos el Mes del Orgullo por este año, no debemos olvidar las causas de la resistencia LGBT+, ni las luchas que van más allá del festejo queer.

            Sin embargo, no debería ser responsabilidad de las personas LGBT+ evitar concurrir a los antros LGBT+ de la Ciudad sólo por evitar ser víctimas de un ataque o una agresión. Como lo dijo el profesor de la Universidad de Waterloo, Corey W. Johnson, “en ciertas formas, los bares gais son lugares expresivos, donde las personas prueban y exploran sus identidades LGBT[+]. También han sido un espacio esencial a través de la historia del movimiento LGBT[+]”. En una entrevista, Yasmin Finney –Elle en Heartstopper– habló sobre su proceso de construcción de identidad como una mujer trans y discutió cómo la escena underground y queer en Londres le ayudó a encontrar comunidad dentro de su experiencia trans, así como a conocerse más a sí misma. Históricamente, los antros LGBT+ han sido un espacio que asegura a la comunidad de no ser agredida como lo han sido, y todavía son, en la calle. Como lo narró el artículo El ambiente: espacios de sociabilidad gay en la ciudad de México, 1968-1982:

Es durante el sexenio de José López Portillo (1976-1982) cuando comienzan a proliferar y tener éxito los bares gais en la ciudad de México, como recuerda Luciano: […] “Si por algo surgía un sitio gay, sobre todo en el periodo de Luis Echeverría, lo clausuraban. En el periodo de José López Portillo y su mujer-tacón la moral era relajada y de eso se pudieron aprovechar los gobernados. Sí, con López Portillo se aflojaron algunas tuercas en el aspecto de la moral sexual —no en lo demás, no para las demás cosas— pero sí en ese muy importante aspecto. Y fue cuando realmente aparecieron los bares gais y empezaron a tener éxito.” […] Los bares ofrecían un ambiente de seguridad a sus clientes. Juan afirma que “adentro del bar te sentías protegido, siempre con el miedito de que pudiera haber una redada, pero más seguro, mientras que en la calle la gente podía agredirte”. En la interpretación, Sergio apunta: “la ventaja de los bares es que podías conocer otros gais en un ambiente de seguridad y cierta respetabilidad”.

Tanto en México como alrededor del mundo, la vida nocturna ha funcionado como un espacio de libertad y resistencia, por lo cual el festejo detrás del Pride, más allá del pinkwashing que es evidente cada junio, debe ser protegido por el Estado y por la comunidad para garantizar un espacio seguro para todes les que nos identificamos como LGBT+, libre de machismo, racismo, violencia y opresión. El pasado 10 de julio, las víctimas de la agresión que sucedió afuera de Rico Club cerraron su denuncia con las siguientes palabras:

[Q]uisimos contarlo por acá [para] alertar a la gente. Tengan cuidado, tomen sus precauciones. No es justo que un “lugar seguro” para [nosotres] (que supuestamente es un antro LGBT+) […] sea todo lo contrario y tengan gente lgbtfóbica y violenta ahí dentro.

Es responsabilidad del Estado y de los espacios de resistencia LGBT+ crear un ambiente seguro para todes les que recurren bares y antros LGBT+. Como comunidad, levantemos la voz para que los gritos, las amenazas, los golpes y la violencia ya no sean comunes en los espacios que ocupamos.

Él/He

Tengo 21 años y estudio Derecho en el CIDE. No escribo porque sepa algo en específico; lo escribo porque me interesa mucho saberlo. Mis intereses principales son de sociedad y música, pero intento aprender todos los días de todo lo demás.

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