La importancia de la OMC para un mundo más organizado y más próspero

La globalización es un fenómeno que comprende muchos aspectos, pero uno de las dimensiones más importantes es la interdependencia económica entre diferentes países y regiones. Esto ha traído numerosos beneficios, como el aumento del flujo de comercio mundial, que ha creado más riqueza a nivel global y el flujo de diferentes ideas y conocimientos entre lugares remotos. Sin embargo, la globalización también tiene un lado problemático: muchas personas no han sido capaces de adaptarse al entorno cambiante que produce y sus beneficios se distribuyen de manera muy desigual. En los últimos años, años muchos líderes mundiales están recurriendo a políticas proteccionistas y discursos nacionalistas que desafían la idea de que el comercio mundial es algo positivo. Algunas de estas críticas se han dirigido a la Organización Mundial de Comercio (OMC), la cual es el organismo internacional que regula el comercio global de bienes, servicios y propiedad intelectual. Por ejemplo, el presidente Donald Trump frecuentemente acusaba a la OMC de servir a los otros países a costa de Estados Unidos; planteamientos que eran claramente infundados, pues Estados Unidos es uno de los países que más se ha beneficiado de los mecanismos de solución de controversias de la OMC. Ante este escenario, es importante conocer mejor esta organización, sus objetivos y su importancia en el sistema comercial global, para poder participar mejor en los debates políticos actuales.

Después de la Segunda Guerra Mundial, empiezan serios esfuerzos por crean un sistema multilateral de comercio que dote de cierta estabilidad a la economía mundial. En 1947, un grupo de países firma el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (mejor conocido por sus siglas en inglés, GATT), el cual estableció reglas fundamentales para negociar en el plano global e inició una serie de rondas entre los países miembros para discutir la liberalización progresiva del comercio mundial. El GATT fue pensado como una medida provisional que estuviera vigente en lo que se creaban bases institucionales más sólidas. Por eso, en la Ronda de Uruguay (1986 -1994) se decide crear la OMC, que nace en 1995 con el Acuerdo de Marrakech. Al día de hoy, la OMC cuenta con 160 miembros, con sede en Ginebra, Suiza, y con el inglés, el español y el francés como leguas oficiales. En esta organización, los países se ponen de acuerdo por consenso (aunque el voto también es un mecanismo posible) para desarrollar las reglas que aplican a todos sus miembros; además, sirve de foro para la negociación de acuerdos comerciales y para resolver disputas comerciales entre países por medio de un tribunal independiente que analiza los casos. Igualmente, la OMC se encarga de revisar periódicamente las políticas comerciales de los países miembros para verificar que se ajustan a los estándares acordados. Es muy importante recalcar que el Secretariado de la OMC, con el Director General a la cabeza, no prescribe las reglas, sino que son los propios países miembros, representados en la Conferencia Ministerial, quienes negocian y a veces logran convenir en las normas que la OMC ha de promover; el Director General sólo coordina el trabajo de la OMC.

La OMC se sostiene sobre tres principios centrales. El principio de la nación más favorecida, que implica la no discriminación entre miembros de la OMC y que si uno otorga una ventaja comercial a otro país, parte o no de la OMC, debe extenderla a todos los miembros de la organización. El principio de trato nacional, que alude al deber de no tener un trato discriminatorio entre los productos similares nacionales y los importados. El principio de transparencia, que conlleva la obligación de diseminar información verídica sobre políticas comerciales, tanto entre la OMC y los países como entre los propios miembros. Asimismo, la OMC busca que los países en vías de desarrollo se beneficien del comercio mundial, por lo que contempla cierta flexibilización de sus reglas cuando se trata de economías pequeñas o vulnerables. Esto último ha provocado serias críticas, pues Estados como China o India continúan beneficiándose de un trato diferenciado como países en vías de desarrollo; sin embargo, vale la pena indicar que este estatus no lo otorga la OMC, sino que cada país tiene la libertad de auto adjudicárselo o no: principio de autoselección. A pesar de que no es una organización perfecta, resulta innegable que la OMC contribuye a hacer del comercio global algo más predecible y transparente; también da la oportunidad a los países, sin importar su tamaño, de participar en el diseño de las normas globales en ciertas condiciones que moderan las extremas desigualdades del escenario internacional. En fin, hace falta que los ciudadanos y ciudadanas de las democracias nos informemos más profundamente sobre las organizaciones internacionales para identificar mejor cuando los políticos las usan como chivos expiatorios.

Me llamo Ramón Fernando Stevens Martínez y soy estudiante de la maestría en Ciencia Política de El Colegio de México. Me dedico a temas de política exterior de México, así como sexualidades y teoría queer vistas desde las Relaciones Internacionales.

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