La historia no se repite, pero rima

A inicios del siglo XX hubo tres acontecimientos que marcaron el resto del siglo: la Primera Guerra Mundial, la pandemia de la Gripe Española y la Gran Depresión.

La pandemia de la gripe española comenzó en 1918 y fue la primera vez que una pandemia logró una escala global. Se estima que su tasa de mortalidad fue de entre 10% y 20%, matando aproximadamente a 100,000,000 de personas en todo el mundo. Uno de los factores que potencializaron esta pandemia fueron las condiciones precarias en las que se vivía en Europa durante esos años, debido a que la región llevaba cuatro años en guerra cuando apareció el virus. La enfermedad se esparció como el fuego entre las trincheras y las ruinas de las ciudades europeas arrasadas durante la primera guerra mundial.

Esta enfermedad afectó principalmente a gente joven, siendo el grupo de 20 a 40 años el más vulnerable. Una vez finalizada la guerra, Europa en su conjunto había perdido a gran parte de su fuerza laboral gracias a la guerra y la enfermedad. Además, los países derrotados tuvieron que hacer frente al costo de reconstrucción al que fueron obligados a responder en la firma del tratado de Versalles. Uno de los países derrotados fue Alemania, el cual sufrió una crisis económica tan severa después de la guerra que dio espacio a personajes como Hitler, ya que él ofrecía arreglar los problemas económicos y devolverle su grandeza a Alemania (¿No suena familiar?). Lo que sucedió después de eso es historia.

Estados Unidos se sumó a la guerra en 1917 y para financiar su participación, su gobierno emitió bonos al público en general. Esto fue una novedad para los estadounidenses, ya que anteriormente solo expertos invertían en esta clase de activos. Fue ahí que el sector financiero americano vio la oportunidad de emitir sus propios bonos, acciones, créditos y otros instrumentos dirigidos al público en general. A partir de ese punto empezó el “sueño americano”, ya que los créditos tenían intereses muy bajos y eran otorgados a cualquier persona sin importar sus posibilidades. Además, se les incentivaba a invertir ese dinero en bolsa, ya que el mercado en ese entonces siempre iba al alza, por lo que siempre tendría rendimientos cualquier inversión y el crédito se pagaba fácilmente. Esto provocó un exceso de demanda en el mercado de acciones, por lo que los valores de las acciones subían sin importar el desempeño de la empresa. Es decir, el valor de la empresa estaba sobrevalorado ya que el precio de sus acciones era meramente especulativo y no basado en el desempeño de la empresa en sí; de esta forma se creó una enorme burbuja en el mercado bursátil.  Esta situación continuó hasta el 23 de Octubre de 1929, día en que Wall Street perdió un 7%, lo cual provocó un pánico entre los accionistas debido a que la burbuja había estallado. Al día siguiente, Jueves 24 de Octubre de 1929, todos querían vender sus acciones, lo cual provocó un exceso de oferta y el precio de las acciones se desplomaron, perdiendo dos terceras partes de su valor en cuestión de minutos, lo cual provocó a su vez que las acciones que habían sido compradas con dinero prestado se convirtieran en deudas incobrables para los bancos, provocando así la quiebra de los mismos y la pérdida del dinero de las personas que ahorraban en dichos bancos. Esto a su vez provocó el cierre de muchas empresas y el despido de sus trabajadores.

La serpiente que come su propia cola: Ouróboros. Usado para representar la naturaleza cíclica de las cosas y el eterno retorno.

¿Por qué estamos recordando todos estos eventos? Porque estamos en una situación muy parecida en la actualidad, prácticamente 100 años después. Si bien no estamos frente a un escenario como la primera guerra mundial, sí estamos viviendo una guerra comercial entre Estados Unidos y China, y también una guerra de precios entre la OPEP y Rusia. De igual manera, estamos viendo cómo años de corrosión en el sistema está dando lugar a políticos extremistas alrededor del mundo. Actualmente estamos viviendo una crisis sanitaria igual o peor a la enfrentada el siglo pasado y estamos viendo como esta misma crisis sanitaria va a provocar una catástrofe económica en los próximos meses si no se desarrolla una vacuna o un medicamento efectivo antes. Por dar un ejemplo: la tasa de desempleo esperada por la FED en el segundo trimestre de 2020 es del 30%, algo nunca antes visto, ni siquiera en el punto máximo de la gran depresión se llegó a esos valores. En ese entonces la tasa de desempleo alcanzó un máximo de 24.9%. Claro, las cifras de ese entonces no son tan confiables como las de ahora porque no se habían desarrollado métodos eficientes para medir el desempleo, además de no incluir a las mujeres en las cifras de ese entonces.

Los políticos en los que tanta gente confiaba y que ofrecían resolver los problemas nos han fallado, los sabios mercados a los que se les rinde culto de forma religiosa fallaron al priorizar la utilidad monetaria sobre la utilidad colectiva, el valor de las empresas valoradas (anteriormente) en miles de millones de dólares se han derrumbado, la ciencia y el desarrollo en el que tanto confiamos nos ha fallado en el momento que más lo necesitamos.

El coronavirus o la crisis económica no acabaran con nosotros, pero sí nos demuestran que cometemos los mismos errores que las personas del siglo pasado, a las que tanto criticamos y juzgamos.

Soy estudiante de la carrera de administración en el ITAM. Me gusta todo lo relacionado con la política, economía y negocios.

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