La flecha de la historia

Existe una palabra que puede ser tan benéfica como controversial en la historia de la humanidad: progreso. El orden social bajo el cual los seres humanos nos hemos desarrollado para poder alcanzar objetivos a través de los siglos, sin importar de qué civilización en particular estemos hablando, constituye un factor indispensable para que el día de hoy podamos librarnos de algunas cargas y, así, preocuparnos por otras. Vale la pena aclarar que no es fin del presente texto tratar de descubrir el verdadero fondo del progreso, sino conocer la flecha que el pasado nos ha construido.

Cada vez que volteamos a ver las líneas de tiempo, las cuales datan de más allá de 6 millones de años hasta el presente, con el fin de poder apenas trazar una delgada silueta de lo que ha implicado la evolución de la sociedad, es fácil sentirnos ahogados en los años, los cuales, bajo la correcta dimensión, nos hacen ver lo pequeño que somos en el espacio-tiempo. No obstante, tal perspectiva puede cambiar si en lugar de hablar de la historia de la mujer y el hombre, hablamos de la historia de las ideas, pues son éstas las que han producido guerra y también paz. Además, tal y como el viejo proverbio árabe diría: los seres humanos nos parecemos más a nuestros tiempos que a nuestros padres.

Bastan solo 10 segundos para percatarnos que este artículo está siendo leído en un mecanismo que ha sido resultado no solo de Steve Jobs o Mark Zuckerberg, sino de toda una cadena de evolución que ha tenido diferentes raíces en distintos tiempos. Toma cerca de 0.40 segundos en promedio para que con tan solo un click, Google nos arroje 894 millones de resultados sobre la palabra ¨paz¨. Hoy nos es suficiente presionar un botón que dice ¨Tweet¨ para provocar una marea de comunicación. Pero, en fin, ¿a dónde voy con todo esto? Sencillo, a los datos duros.

En nuestros tiempos hemos escuchado al interior y al exterior de México que hay un cisma en el pensamiento liberal, lo cual ha conducido a que gobiernos o ideologías, relativamente distintos a los acostumbrados en los últimos años, lleguen al poder de nuestro principal orden social. Para extender esta crítica no es complicado encontrar las fallas de los últimos años en relación con el hambre, la guerra y la salud; de hecho, es más complicado encontrar los aciertos. Sí, me refiero a los logros que la civilización ha conseguido en los últimos años gracias a las ideas que permearon en la mujer y el hombre.

Por primera vez en la historia del ser humano, más personas mueren por comer mucho que por comer muy poco; más personas mueren por llegar a una edad avanzada que por una enfermedad infecciosa; mientras que nuestros antepasados agrícolas llegaron a registrar un 15% de muertes causadas por violencia, el siglo XX solo registró un 5% de ese mismo rubro. De alguna manera, hoy el azúcar es más peligroso que la pólvora, o visto de otra forma, hoy la gente puede padecer cáncer porque puede alcanzar una expectativa de vida mucho más alta que la del pasado. Por si faltara un dato más, en 2010, la obesidad y sus enfermedades asociadas mataron a cerca de tres millones de personas; los terroristas mataron a 7,697 en todo el planeta.

La lectora o el lector que haya leído el último párrafo puede tener más de una impresión por lo que está escrito, sin embargo, gracias a estos datos podemos poner sobre la mesa una mejor discusión sobre el ¨cisma¨ que vive el liberalismo. Tal y como lo anuncié al principio del texto, el fin de exponer tales cifras no es definir el progreso como lo que hemos hecho hasta hoy, sino mostrar (con números) lo que el pasado ha dibujado hasta nuestros días. Comprender de forma completa el avance en diferentes campos de la vida no es justificar lo que no se ha podido lograr todavía, sino generar el enfoque correcto para tender a un camino en donde las cifras de arriba se reduzcan más.

Por último, huelga decir que la mejor faceta posible del siglo XXI será aquella que potencialice los logros obtenidos sin generar más problemas. La habilidad de los próximos líderes, estadistas o tan solo gobernantes deberá enfocarse en cuidar la dirección de la flecha que la historia nos ha entregado, y para ello la vía más certera es resolver un problema a la vez. No debemos olvidar que el error más grande en el que puede caer la humanidad es aquel en el que (a modo de metáfora) la obesidad pretenda ser la solución al hambre.

Delacroix, E. (1830). La Liberté guidant le peuple [Pintura]. París, Museo de Louvre.

 

Fuentes consultadas:

https://www.mckinsey.com/industries/healthcare-systems-and-services/our-insights/how-the-world-could-better-fight-obesity

Yuval Noah Harari, Homo Deus.

Tim Blanning, The Persuit of Glory.

http://www.healthdata.org/gbd

https://apps.who.int/iris/handle/10665/41864

Rodrigo Núñez, 21 años.

Estudiante de economía en el ITAM y derecho en la UNAM, coordinador del área de transparencia del Centro de Estudios Alonso Lujambio y asistente de investigación del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
Escribo sobre economía, derecho e historia.

Me interesan los deportes y la política.

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