La diversidad rechaza a la divergencia: discriminación de identidades neuroqueer en la comunidad LGBTIQ+

Era un día normal, 17 de mayo, y entré a Facebook apenas me desperté, como cada mañana, porque no tengo autocontrol. Ahí fue que vi publicación tras publicación con la bandera arcoíris. “Debe ser una fecha importante”, fue lo primero que pensé. Y en efecto, vi que se conmemoraba el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia. “Soy pésimo para recordar fechas”, fue lo segundo que pensé.

Lo tercero fue una reflexión sobre de qué me gustaría hablar en esa fecha, subir una foto, hacer un escrito. Era un día lento, así que me puse a revisar otros posts, quizás en la inspiración de otres yo encontraría de qué hablar desde mi experiencia. “Es impresionante lo que hago por el rush de dopamina que me causan los likes” fue el pensamiento número cuatro.

Y entonces vi los posts y perdí un poquito de esperanza, “¡No estamos loques!” decía uno, “¡No tenemos ningún trastorno!” decía otro, “Hablen por ustedes mismes…” decía yo para mis adentros. Porque sí, sí estoy loco y sí estoy trastornado. Y no solo ligeramente: Trastorno Bipolar, Trastorno del Espectro Autista, Trastorno de Personalidad Dependiente, Trastorno Disociativo (específicamente, Amnesia Disociativa) y la más reciente adición, la quinta estampita a mi “álbum Panini” de enfermedad mental: Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, recién salido del horno diagnóstico este 4 de Marzo (en retrospectiva, debí haberlo sabido antes: Falta de autocontrol, memoria deficiente, búsqueda de dopamina por cualquier medio posible… Las señales estuvieron todo el tiempo).

Y esa siempre ha sido mi incomodidad, el hecho de que, como hombre bisexual, siempre me he sentido aceptado dentro de la comunidad LGBTIQ+, pero como persona neurodivergente, nunca me he sentido plenamente aceptado en ningún lado. Y no soy el único, esta es una incomodidad común entre las personas LGBTIQ+ y neurodivergentes que he conocido. “La verdad, no me importa que sepan que soy gay, de hecho me vale, pero sí me pone muy nerviose que sepan que soy autista.” Una persona muy cercana a mí me dijo esa frase y de verdad que sus palabras me calaron hasta los huesos.

¿Qué es el cuerdismo? Fuente: Definición e imagen originales por Rafael Abreu.

Y no es solo eso, noten ciertas expresiones propias de la comunidad: “Medícate jota”, “Ando bien fragmentada”, recuerdo incluso un meme de un joven con bata de hospital, siendo entrevistado en un cuarto de interrogatorios por un policía, la descripción de la imagen decía “Y esas que no soportan, ¿están en la habitación con nosotros?”, siempre la misma retórica.

La primera frase dice básicamente: algo está mal con tu cerebro, mejor toma un medicamento, porque ahora tu opinión no cuenta. La segunda hace alusión a una película, Fragmentado, en la que se demoniza el Trastorno de Identidad Disociativa al punto de que se muestra a quienes lo padecen como monstruos, la lógica de la frase es: Me comporto raro, como si fuera un enfermo mental. Respecto al meme, hace alusión a que una persona puede sentirse “atacada” al punto en que toda la comunidad la ve como paranoide. Y si usé lenguaje patologizante en estas descripciones es porque quiero reflejar el discurso patologizante propio de nuestra comunidad, supuestamente inclusiva, de la diversidad sexo-genérica.

Mi reacción, como la reacción de las personas neurodivergentes con las que he hablado de esto, ha sido siempre la misma: me río dos segundos y luego entiendo lo que implica el chiste y este pierde su gracia. Porque ahí es cuando regresa el trauma. Cuando recuerdo la vez que estuve amarrado a una camilla de hospital por 8 horas, en las que el personal médico me trató como un mueble, ignorándome y fingiendo que yo (el paciente que había atentado contra su vida) no existía, porque mi expediente decía que yo era neurodivergente.

O cuando estuve internado en una clínica de rehabilitación por ese intento de suicidio y se me hizo raro que haya un área para orar con un cuadro enorme de Jesucristo, solo para darme cuenta en mi terapia que querían borrar mi bisexualidad, pero si me salía del internamiento tendría que vivir con la ideación suicida, así que tuve que fingir que yo “siempre fui heterosexual” y mi bisexualidad era “una etapa.” O cuando fui a una psicóloga que me dijo que mi bisexualidad era producto de no haber formado un apego ni con mi padre, ni con mi madre (porque la heterosexualidad nunca proviene de un trauma de la infancia, pero cualquier otra disidencia sí).

Porque la realidad es que ser una persona neurodivergente y pertenecer a la diversidad sexo-genérica son dos elementos de mi identidad de los que no puedo despojarme, y que constantemente se cruzan de maneras que una persona cis-heterosexual o neurotípica nunca va a comprender. Es lo que se conoce como Identidad Neuroqueer. El hecho de que, desde una posición hegemónica, desde una neurotipicidad cis-hetero patriarcal se me juzga literalmente por existir, por una forma de ser que no escogí. Que mis pensamientos, emociones, acciones, decisiones y forma de ser se juzgan, se minimizan o se invisibilizan.

La identidad neuroqueer va más allá de ser solo neurodivergente y LGBTIQ+, la identidad neuroqueer es ver cómo estos aspectos inseparables de tu identidad interactúan y se combinan. Cómo acuerpas y expresas tu neurodivergencia en una forma queer, y a la vez tu género y sexualidad se tiñen de una tonalidad distinta por tu neurodivergencia. Es ver cómo tu identidad se vuelve un caleidoscopio en constante cambio de quién eres, con los múltiples elementos de tu identidad creando fractales hermosos y coloridos.

Pero también es sufrir en ambos frentes. Es ser atacade desde la heteronormatividad y la neuronormatividad. Es no sentirte segure de discutir trastornos o diagnósticos en espacios que se autodenominan “diversos.” Porque sí, la homosexualidad fue retirada de los trastornos mentales el 17 de mayo de 1990, pero la comunidad LGBTIQ+, en su afán de no sentir de nuevo el rechazo del establishment cis-hetero patriarcal, ahora actúa como si un trastorno mental fuera la peor categoría que se le pueda asignar a una persona.

Porque si bien ni la homosexualidad, ni la transexualidad son trastornos mentales, el emplear constantemente un lenguaje cuerdista, solo asigna una otredad a las personas neurodivergentes dentro de nuestra comunidad. Usando la misma arma de la que se valió la hegemonía para atacar las disidencias sexogenéricas: el cuerdismo. Cuando las mujeres empezaron a demostrar un rechazo a ser sometidas ante los hombres, estos inventaron un trastorno: la histeria. Uno de sus síntomas, según manuales médicos de la época, era “tendencia a causar problemas.” Cuando las personas LGBTIQ+ empezaron a demostrar que su existencia es válida, les incluyeron en el DSM, bajo la categoría de “desviaciones sexuales.” E incluso, cuando las personas homosexuales lograron su libertad del manual diagnóstico, las personas trans luchan contra la patologización médica hasta el día de hoy.

El modelo médico cis-hétero patriarcal moldeó el cuerdismo para que fuera un arma mortal, rápida y efectiva. Apenas te asignan esa etiqueta de “enfermo mental” tu opinión de repente deja de contar. ¿Cómo “educamos” a la niñez para que no escuche a alguien? “No le hagas caso, está loquito…” Es el arma perfecta para silenciar y es un arma de la que se está valiendo una comunidad que antes fue silenciada de esta misma manera. Porque es difícil de escapar a esa sensación de validación cis-hétero patriarcal que produce poder decir frases como “¡No estamos loques ni trastornades!”, aunque decirlas invalide la existencia neurodivergente.

En su afán de escapar del juicio de la psiquiatría, la sombrilla arcoíris está dejando fuera en la lluvia a las identidades neuroqueer. Y hoy más que nunca, nos estamos mojando. Así que si estás leyendo esto como miembro de la comunidad LGBTIQ+, reflexiona si no eres tú quien le bloquea la entrada a personas neurodivergentes. Y si quien lee esto es una persona neuroqueer, déjame decirte: no tienes que existir en la lluvia, ya no más. Exige tu refugio, exige tolerancia y aceptación, por una comunidad que se jacta de darla. Ya fue suficiente, la diversidad debe quitar su pie de encima de la divergencia. Que algunes sí estamos loques y trastornades y no somos más ni menos jotas por eso.

Soy Rafael Abreu, psicólogo, autista y paciente bipolar que busca eliminar estereotipos negativos sobre la neurodivergencia. Clasificado legalmente como "Discapacitado, más no incapacitado." Me apasionan los temas relacionados a videojuegos, cine, neurodivergencia, discapacidad, la comunidad LGBT+ y DDHH.

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