La Bazarita LGBT+ y el porqué no podemos tener cosas bonitas

Por: César Briceño Castro

El pasado domingo 31 de julio, después de un año de realizarse mensualmente; La Bazarita LGBT+, proyecto cultural autogestivo para fomentar la cultura y la economía circular de la comunidad LGBTQ+ impulsado por las mujeres de Igualdad Sustantiva Yucatán y el Comando Trans Interseccional, llegó a su fin, debido a trabas del H. Ayuntamiento de Mérida y al parecer la presión de grupos antiderechos y las mafias de los tianguis de la ciudad.

La Bazarita LGBT+ fue concebida como un espacio autogestivo sin fines de lucro en el que las personas de la comunidad LGBTQ+ en Mérida pudieran reunirse y desarrollar diversas actividades culturales, exponer sus emprendimientos, productos, servicios y también como un espacio de protesta pacífica y resistencia al apropiarse del espacio público,  haciéndose visibles y presentes como parte de la comunidad y la ciudad. Todo esto en el contexto de la reapertura de los espacios públicos después de más de un año de restricciones de movilidad y aforo en Yucatán por el Covid-19, y el impacto diferenciado que la pandemia tuvo en la economía y la salud mental de un grupo tan vulnerable y marginado como lo es la comunidad LGBTQ+ en la “Ciudad Blanca”.

Durante un año La Bazarita LGBT+ se convirtió en el espacio sano, libre y seguro en el que las juventudes LGBTQ+ de Mérida podían reunirse una vez al mes para hacer comunidad y disfrutar de las actividades culturales y artísticas que integrantes de su misma comunidad presentaban sin cobrar un solo peso, valiéndose solamente de las “propinitas” voluntarias para financiar sus costos de transporte, maquillaje y vestuario. Fue de esta manera que se realizaron conciertos, desfiles de moda, duelos de vogue, exposiciones, shows y competencias drag, declamación de poesía, shows de marionetas, pruebas rápidas y gratuitas de ITS y hasta se llegó a pintar un paso peatonal con los colores del Orgullo LGBTQ+ entre muchas otras cosas.

Durante su año de existencia La Bazarita encontró muy pronto resistencia y trabas desde el Ayuntamiento para obtener los permisos para usar los parques públicos, pero fue gracias a la tenacidad de las organizadoras –quienes vivieron verdaderos viacrucis mensuales de trámites– que se lograron hacer una vez al mes, en su mayoría discretamente en el parque de La Mejorada y el parque de San Juan, tampoco es casualidad ni nos debe de extrañar que hayan encontrado la mayor resistencia de las autoridades cuando solicitaron los permisos para usar el parque de las Américas y el parque de la Alemán en los que estarían en el camino y a la vista de la “Mérida Blanca”.

Hay que hacer énfasis en que la organización de La Bazarita LGBT+ siempre fue sin fines de lucro, la pequeña cuota de recuperación que se cobraba a los expositores era única y exclusivamente para la renta de toldos, mesas, tarimas y equipo de sonido; el objetivo de la Bazarita siempre fue el crear un espacio libre y seguro para que las juventudes LGBTQ+ puedan hacer comunidad en un espacio sano, La Bazarita no era un “tianguis”, no era negocio y la razón por la que las personas LGBTQ+ en Mérida ya no tenemos este espacio es por que el Ayuntamiento de Mérida les fue a pasar la charola y les exigió un sin fin de requisitos imposibles de cumplir para un espacio comunitario de su tipo; como baños portátiles, ambulancias, paramédicos, una cantidad excesiva de extinguidores, contratos para quienes hacen algún tipo de presentación artística, cultural o espectáculo aunque lo hagan de manera gratuita, “aportaciones” de hasta 1,300 pesos por cada 100 personas que asistan al espacio y muchas otras más.

¿En qué momento el Ayuntamiento privilegió el uso del espacio público para fines comerciales particulares por encima de su uso comunitario sin fines de lucro? ¿por qué tiene un esquema para dar permisos a espectáculos y tianguis pero no tiene uno para proyectos sociales y comunitarios? Parece que para los funcionarios con “mente de tiburón” del H. Ayuntamiento de Mérida es imposible imaginar que alguien pueda dedicar tanto tiempo y esfuerzo a un proyecto que no deja dinero y mucho menos que lo hagan solo para beneficio de una población vulnerable como lo son las juventudes LGBTQ+. Ojalá alguien del Consejo contra la Discriminacion de la Diversidad Sexual le explicara al alcalde Renán Barrera la importancia de estos espacios y que inclusión no significa prender luces de colores una vez al año, usar un cubrebocas de arcoiris y tener de adorno un consejo de aplaudidores, estos espacios seguros para la comunidad LGBTQ+ no solo deberían estar protegidos por el Ayuntamiento, deberían estar garantizados y tener todas las facilidades y apoyo institucional para su realización. Poner a la Bazarita LGBT+ en la misma canasta que ponen a las mafias de tianguis que les sirven de clientelismo político y que sí usan el espacio público como negocio, es un insulto a la comunidad LGBTQ+ y a la Sociedad Civil Organizada.

Gracias a Igualdad Sustantiva y a Comando Trans Interseccional por todo lo que lucharon para hacer posible este espacio que deja huella y deja un vacío en la comunidad y juventudes LGBTQ+ de Mérida. Esperemos que no pase mucho tiempo antes de poder contar de nuevo con un espacio sano, libre y seguro como lo fue la Bazarita LGBT+.

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