Jim Morrison: El genio y poeta de la música

Desde sus años de mocedades, el pequeño Jimmy, como lo llamaban sus padres y hermanos de cariño, mostró dotes de creatividad y de un carácter indomable. Su talento nato se vio reflejado en las pinturas y en los sencillos versos que componía en las diferentes escuelas a las que asistió en su infancia, movilidad estudiantil provocada por el trabajo militar de su padre. Sin un hogar fijo, el pequeño Jimmy moldeó su carácter a la par de la disciplina militar sumada con su voraz afán de lectura. Lo mismo leía a Aldous Huxley que al filósofo Nietzsche, declamaba las obras de los poetas Baudelaire, Blake y Dylan Thomas hasta la de Arthur Rimbaud, este último, por cierto, fue considerado un ejemplo de vida e inspiración para el originario de Melbourne, Florida.

Su apetito artístico lo llevó a matricularse en la Universidad de California, en la carrera de cine. Ahí, conoció a Ray Manzarek, un joven con talento en el piano, que quedó fascinado con la creatividad de Jim cuando en una celebración por el fin de cursos en las playas de Venice, California, Jim cantó una canción que acababa de componer y que tituló bajo la rúbrica de “Moonlight Drive”. Ray quedo hechizado con la composición de Morrison, por lo que no dudó en proponerle formar una banda de rock. Juntos podían hacer cosas fuera de serie, pues la innovadora creatividad de Jim Morrison solo podía ser complementada por el talento instrumental de Ray Manzarek. Juntos dieron fruto a una de las bandas de rock que cimbrarían a la juventud de los años sesenta, una banda de rock que solo podía ser comparable con la obra de Huxley y por esa razón llevaría el nombre de The Doors.

UNSPECIFIED – CIRCA 1970: Photo of Doors Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images

Ya en 1966, un año después de su fundación, la nueva banda contaba con su alineación titular: Robert Alan Krieger en la guitarra, John Densmore en la batería, Ray Manzarek en los teclados y Jim Morrison en el micrófono. Así, los cuatro jóvenes, bajo el patrocinio de la productora Elektra Records, lanzan su primer disco, que tenía entre su repertorio la controvertida canción “The End”, así como contenía la canción que los catapultaría a la fama: “Light My Fire”. Esta última canción fue ícono del rock psicodélico y cobró tal fuerza gracias a la famosa interpretación que Jim Morrison le asignaba. En varias ocasiones, incluso, le pidieron que alterara la letra de la canción para poder transmitirla en los canales de la televisión, a lo que el poeta maldito siempre se negó.

Su rebeldía frente a los reflectores, junto con su originalidad en la interpretación de las letras, fueron contrastantes con la timidez de la que era poseedor el mal llamado poeta maldito. Así es, el mismo Jim Morrison confesó que solo en los escenarios sufría la metamorfosis de su personalidad y, más aún, en los escenarios a la hora de interpretar las canciones que componía, se imaginaba que estaba realizando un ritual de los antiguos nativos de Estados Unidos, por lo que sus pasos extravagantes, su actuación de las letras y el desprendimiento de la ropa eran parte de un ritual del chamán Morrison. No en vano fueron sus arrestos sobre el escenario.

El también llamado Rey Lagarto, poseedor de un IQ de 149, fue presa de los excesos y de las drogas, sólo su grandeza creativa era comparable a su ímpetu por vivir cada segundo al límite. Similar a una tragedia griega, el rey Lagarto abandonó a The Doors en el año 1971 para catapultar su carrera como poeta, sin embargo, murió de forma controvertida ese mismo año a los 27 años de edad en compañía de su “amor cósmico”, Pamela Courson.

Muerte sospechosa, pues mientras algunas versiones afirman que su cuerpo fue encontrado en su bañera sin vida producto de una sobredosis, otras teorías afirman que su muerte fue ordenada por fuerzas anticomunistas y otras más sostienen que el famoso Morrison fingió su muerte para vivir una vida alejada de reflectores al igual que su ídolo de infancia, Arthur Rimbaud. Sea como fuere, hasta en la muerte Jim causó un revuelo sólo comparable a las letras de sus canciones, sobre las cuales confesó que tenían la finalidad de liberar el pensamiento, pero también el alma. Por eso, hasta en su muerte, buscó romper los estándares, tan es así que siempre será un enigma sus últimos días en el planeta.

Su muerte estuvo acompañada de su siempre inseparable Pamela Courson, a quien conoció cuando tocaba en un bar de los Ángeles y que a partir de ese momento se volvió en su confidente, en su amiga y en su amor. Para Morrison fue una inspiración en su obra musical, tanto que la canción “The Woman” es fiel reflejo del amor de Morrison hacia Pamela, amor que tuvo sus altas y bajas, y que estuvo plagado de infidelidades por ambas partes. No obstante, había entre Morrison y Courson una conexión especial que a pesar de las circunstancias, se volvían a juntar. No por nada, Courson fue la última persona en ver con vida al Rey Lagarto.

Jim Morrison fue un revolucionario en la música, reflejo de su personalidad subversiva, pero también de su genio para componer letras de poemas y no de canciones. De mente libre, de comportamiento extravagante y monstruo destructor de estándares sociales de su tiempo, nos heredó bellas canciones que perduraran más allá de lo que pensó el “poeta maldito”…

Abogado por el ITAM. Me apasiona el análisis de temas políticos y
electorales. Soy un fiel seguidor de los Pumas. Apasionado de la
Historia y de la literatura.
En ocasiones soy corredor. Por destellos declamo poesía.
Frecuentemente escucho a “The Doors”.

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