Irle al equipo que decepciona

No suelo seguir deportes pero, cuando lo hago, le voy al equipo que juega con la esperanza de sus fans. Elaboro:

Mi equipo favorito de la NFL fue el primero en ganar 6 anillos de Super Bowl. Tiene 31 apariciones en playoffs y múltiples “probowlers”. Sin embargo, su última aparición en un SB fue en el 2010, misma que perdieron (y cuyo resultado me provocó un esguince de segundo grado [pidan la historia en su red social de confianza]). Hablo de los Steelers (1-4 en lo que va de esta temporada).

Respecto al fútbol, la cosa no cambia mucho. En los años en los que creía en el futbol nacional mi equipo era el Cruz Azul (no necesito elaborar más). Cada que hay mundial sigo y me emociono por nuestra selección (tampoco tengo que elaborar).

En resumen, estoy acostumbrado a que los equipos que sigo me generen cierto grado de decepción temporada a temporada. Ya me acostumbré, también, a no invertirle demasiado tiempo a dichos equipos.

Sería más fácil irle a los Pats o a los Tigres, seguro. Igual de fácil que irle a los Browns o al Atlas. Estás tan seguro de su desempeño que cualquier cambio es sorpresivamente agradable.

Pero el punto es hablar de la decepción.

La decepción es la sensación culera que nos da cuando nuestras expectativas no coinciden con la realidad. Esto no es exclusivo de los deportes, obvio, pero ya hay un artículo excelente sobre el amor romántico en este portal.

Nada nos entrena para la decepción. “Dejamos” de sentirla cuando formamos callo frente a ella, cuando bajamos nuestras expectativas tanto que cualquier cambio a la costumbre nos parece maravilloso. Nos entumimos y dejamos de desear.

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Hay contextos, como el deportivo, donde la decepción es inocua. Siempre hay otro torneo, cambios en la alineación, ajustes en el área técnica. Pero, tanto en las relaciones interpersonales como en los temas en los que hemos invertido emocionalmente, no deberíamos entumirnos.

Tendremos, entonces, que aprender a sentir la decepción desde otro lado. Resignificar el nudo en la garganta y tomar de él lo que nos sirva. Convertir la decepción en la herramienta que nos haga darnos cuenta de que la situación en la que estamos no merece que vivamos así.

Ya les contaré como voy en esto. Como siempre, el primer paso es reconocerlo.

Licenciado en Literatura Latinoamericana. Gestor cultural. Abogado de clóset. Escribe ficción y, a veces, cosas interesantes sobre la sociedad en la que habita. Experto en nada.

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