Invalidez emocional

El 2020 y el 2021 fueron años complejos que marcaron un antes y un después en nuestras vidas. Y es que la pandemia vino a poner una especie de freno a la inmediatez con la que solíamos concebir el tiempo. Esa inmediatez que nos arrebata la posibilidad de explorar en profundidad nuestras sensaciones corporales, afectos, sentimientos, emociones, pero también las de les demás y que, a cambio, nos convierte en seres casi autómatas programades sólo para responder a las exigencias de la vida cotidiana y de la productividad.

Aunque la cifra de contagios de covid ha bajado considerablemente en los últimos meses, los efectos de la pandemia continúan y el regreso a la llamada “normalidad” tampoco ha sido fácil. Hay gente que quedó rota, ya sea por la pérdida de seres querides, por las secuelas del covid, el long covid, la pérdida del trabajo u otras pérdidas.

Ya sea en términos emocionales o físicos (si es que es posible hacer esta distinción), la sensación de malestar derivado de la pandemia continúa en muchas personas. Esta experiencia se acompaña de mucho dolor, de vacío, de incertidumbre, de agonía, angustia y a veces hasta de ideas suicidas. Frente a este panorama la respuesta común suele enfocarse en la famosa frase de “pide ayuda” o algo que se está convirtiendo casi casi en un mandato “ve a terapia”.

Pero … ¿Y qué pasa si estás soluciones fallan? Si pides ayuda y no te la dan, si no tienes dinero para pagar una terapia o si asistes y no recibes un buen trato. ¿O qué pasa si sólo recibes la ayuda que necesitas, pero de forma simulada porque lo que te dicen te hace sentir peor de lo que ya estabas?

En esta experiencia del malestar y de búsqueda de ayuda, la invalidación emocional es un aspecto del cual poco se habla, pero tiene efectos demoledores para quienes la experimentan. Es más común de lo que pudiésemos imaginar y repercute de manera muy puntual en la vida de quienes hemos sido socializadas como mujeres por ser consideradas “más emocionales que los hombres”. Y es que basta con detenernos a pensar: ¿Cuántas veces nos hemos sentido invalidadas ya sea en una consulta médica, incluso en las mismas terapias psicológicas o hasta con quienes consideramos son nuestras mejores amistades? ¿Cuántas?

Estas formas de invalidación a veces son tan sutiles que ni las percibimos, lo cual no significa que no existan y que no nos incomoden. Nos incomodan, incluso sin darnos cuenta. Se viven como una sensación de deslegitimización propia, de negación de nuestros propios sentimientos e inclusive de nuestro ser. Pueden ir desde frases como: “sufres porque quieres”, “es que piensas demasiado”, “no es para tanto”, “hay quienes lo pasan peor”, “eres muy difícil”, “ya no llores” o frases de motivación aparentemente bien intencionadas, pero que reflejan una profunda incomprensión de las circunstancias por las cuales atraviesa la otra persona: “échale ganas”, “tú puedes con eso y más”, “todo pasa por algo”, “te harás más fuerte con esto que te pasó”.

El uso de estas palabras limita la libre expresión y el desahogo de la persona que lo necesita, haciéndola creer que lo que siente no es para tanto, que exagera, que se victimiza o que es una molestia para les demás, o que lo que le sucede es por su culpa. Seguramente la mayoría hemos cometido el error de invalidar los sentires de les otres, aún sin darnos cuenta. Y es urgente modificar estas prácticas sin asumir ningún tipo de superioridad frente al sufrimiento; en caso de no poder acompañar, lo más honesto es decirlo para no generar falsas expectativas en la otra persona que confío en nosotres para pedir ayuda; porque, distinto a lo que nos han hecho creer, el bienestar emocional no es responsabilidad individual, sino colectiva.

Me encantan las Ciencias Sociales. Me inquieta aprender sobre disidencias sexuales, feminismos (no transfóbicos), producción de subjetividades, corporalidades, opresiones, desigualdades sociales, entre otros temas. Odio la injusticia. Cuestiono lo “normal”. Para mí, “lo personal es político”. Escribo en el blog para compartir reflexiones y opiniones desde un conocimiento situado, no intento generalizar.

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