Ideas inconexas

Tengo demasiados temas en mi cabeza pero no las ideas suficientes como para desarrollar un artículo completo. Este texto se compone de anotaciones breves sobre los temas que me generaron algo en lo que va del mes.

 

INDEP

Me chuté una mañanera. Particularmente, la mañanera post “consulta” del “Tren Maya”. Andrés Manuel decidió narrar las peripecias de viajar en avión público y dejarle el changarro al carnal Marcelo, quien parecía tío en comida familiar, hablando del TMEC mientras espera el postre. FONATUR, INPI, y parte de SEGOB hablaron de las maravillas del Tren Maya. Fuera de las imprecisiones que dijeron casi todxs lxs funcionarixs anteriormente mencionadxs, me entretuvo muchísimo la narración de la subasta que hizo el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado. Y es que, ¿en qué cabeza cabe que, en México, alguien tiene un reloj de 1.4 millones de pesos? Peor aún, ¿quién tuvo la audacia de comprarlo a sobreprecio?

Obviamente, y a modo de procastinación, me fui directo a la página del INDEP y constatar el tipo de productos que se ofertaron para la subasta.

La página ofrece tres tipos de subasta: a sobre, a martillo y en línea, cada una con su propio catálogo. La subasta de martillo es, sin duda, la que ofrecía los mejores productos. Un McLaren, un Aston Martin, relojes, anillos, aretes, aviones, ranchos…

La subasta en línea presenta artículos de papelería, vehículos inservibles, algunas propiedades menores, registros ante el INPI (propiedad industrial [que joda que tengamos dos instituciones públicas con el mismo nombre]) de marcas de todo tipo. Yo consideré invertir en una marca de publicidad.

Lo recaudado por el INDEP irá, según lo vertido por su director, a crear caminos en zonas rurales y para apoyar a lxs deportistas nacionales. Yo solo puedo pensar en lo mágico que es México. Este lugar en el que el “Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado” existe y subasta los juguetitos del narco para que se vuelvan juguetitos de otro tipo de criminales.

El Tren Maya

Les presento una escena: son casi las 10 de la noche, mi madre reenvía, al grupo de whatsapp de quienes habitamos la misma casa, una imagen sobre la “consulta popular” del Tren Maya, esa que marca cuáles son las sedes de la consulta en Mérida. Yo comento que ir a “votar” validará el ejercicio que, en principio, no debió ser. Mi madre me convoca a su cuarto y me pregunta “entonces, ¿qué debemos hacer?”. Esto deriva en un conato de discusión que finalizó con una reflexión de cómo los medios y la sociedad invisibilizan las luchas de las comunidades indígenas.

Ejercicios como la “consulta popular” son, ante todo, una herramienta discursiva. Quien está en contra siente que cumple con su deber ciudadano de saberse opositor y pensará que, si pierde, es culpa de “lxs otrxs”. Quien está a favor siente que su voz está siendo escuchada. Ninguna de las personas anteriores cuestiona ¿quiénes “atienden” las casillas? ¿Dónde hay información sobre el Tren? ¿Por qué no están numeradas las boletas? ¿Realmente es mi voz la que debe ser escuchada?

Cerrar ciclos

El tres de diciembre presenté mi examen de grado. Esto no hubiera sido posible sin la decisión consciente de iniciar un proceso de psicoterapia para entender la ansiedad que me genera “lo que viene”. Cerrar un ciclo es, ante todo, soltar. Dejar ir los significados que has construido durante meses y crear unos nuevos. En mi caso, entender que mi voz académica tiene un valor real fuera de un salón de clases.

Entendí, gracias a terapia, que el futuro lo construyo de acuerdo a lo que yo quiero y necesito. Y que, obvio, hay cosas que nunca van a estar en mi control y estoy en paz con ellas. Agradezco haber tenido la oportunidad de poder hacerme cargo de mi salud mental.

 

Les deseo una alegre celebración de sus tradiciones decembrinas y un excelente cierre de año. Nos leemos en enero.

Licenciado en Literatura Latinoamericana. Gestor cultural. Abogado de clóset. Escribe ficción y, a veces, cosas interesantes sobre la sociedad en la que habita. Experto en nada.

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