Hitos del cine mexicano

La historia del cine en México es tan antigua y fascinante como la historia del cine en general. A lo largo de casi trece décadas, el cine mexicano ha vivido todo tipo de transformaciones, la gran mayoría, respondiendo a la evolución política, cultural y económica de nuestro país.  El cine mexicano ha brillado e innovado, pero también se ha caído y ha tenido que reivindicarse. En sus altas y bajas nos ha dejado películas que representan hitos y que nos ayudan a entender su evolución. Estas cintas marcan etapas, y por lo tanto, han permanecido e influenciado en las generaciones que atestiguaron y atestiguan el llamado cine nacional. Esta es una lista, que aunque breve, nos ayuda a ejemplificar esa transformación.

Primeras imágenes en movimiento: “El presidente de la república paseando a caballo en el bosque de Chapultepec” (1896)

El cine en México inició solo ocho meses después de la primera exhibición pública del cinematógrafo en Francia. Fueron unos enviados de los hermanos Lumière –creadores de aquel invento- quienes estuvieron los encargados de promover la maquina en nuestro país. De esta manera, fue grabada la primera película en territorio mexicano protagonizada por el presidente de aquellos años, Porfirio Díaz, mientras paseaba a caballo en el bosque Chapultepec. La proyección tuvo tal éxito entre el presidente y su gabinete que durante los siguientes años se generaría un gran número de material documental sobre el gobierno y sus actividades cotidianas. Fue así, que en 1906 se crea el primer largometraje mexicano titulado “Fiestas presidenciales en Mérida” que sigue la visita del Presidente Díaz en el estado Yucatán (grabación que lamentablemente se perdió con el pasar del tiempo). La Revolución mexicana, por lo tanto, se vuelve el primer gran evento histórico mexicano registrado en video.

Cine silente: “El automóvil gris” (1919)

Esta película de Enrique Rosas (mismo que dirigió Fiestas presidenciales) no solo se considera como un clásico del cine mudo sino también como el primer clásico mexicano. El filme cuenta la historia de una banda de ladrones que disfrazados de miembros del ejército -y aprovechando el caos de la revolución- entran a robar a casas de familias adineradas. La narración está basada en una historia real que ocurrió en esa época, por lo que la cinta combina escenas de ficción con imágenes reales.

Otros directores representativos de este periodo son Salvador Toscano, Guillermo Becerril,  los hermanos Alva y Serguéi Eisenstein, quien es reconocido por sus ambiciosos planos en ¡Que viva México! (1930).

Bienvenida al cine sonoro: “Santa” (1932)

Protagonizada por Lupita Tovar y con música de Agustín Lara, Santa es considerada la primera película mexicana filmada con sonido. La historia narra la vida de una mujer que es rechazada por su familia y comienza a trabajar en un prostíbulo. Santa se enamora de un hombre que no la corresponde mientras el pianista de aquel lugar procura su amor. La película basada en la novela homónima de Federico Gamboa representa un parteaguas para el cine mexicano como industria.

La gran época de Oro: “Allá en el rancho grande” (1936)

Esta cinta ranchera es la encargada de inaugurar la famosa época de oro mexicana. El filme dirigido por Fernando de la Fuente, lleno de música y enredos amorosos, internacionalizaría el cine mexicano llegando a competir así en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Este periodo se iría fortaleciendo en los años siguientes, cuando el star system mexicano se consolida con artistas como Jorge Negrete, Pedro Infante, María Félix, Pedro Armendáriz, Dolores del Rio y Mario Moreno “Cantinflas”. Con la cinematografía de Gabriel Figueroa y la dirección de Emilio Fernández, Julio Bracho o Ismael Rodríguez,  a esta etapa del cine nacional se le podría dedicar un artículo articulo entero.

Algunas de las muchas obras representativas de esta época son: Ahí está el detalle (1940), Doña Bárbara (1943), María Candelaria (1944), Enamorada (1946), La perla (1947), Los tres García (1947), Calabacitas tiernas (1949), A toda máquina (1951), y la icónica, Los olvidados de Luis Buñuel en 1950.

Durante el transcurso de este periodo resaltan dos subgéneros: El cine de rumberas y el cine de arrabal.

Cine de rumberas: “Aventurera” (1950)

Esta película es considera la más representativa en su rubro. El llamado cine de rumberas usaba casi la misma premisa en todas sus historias: una muchacha llega a la gran ciudad, es “absorbida” por malos caminos y de esta manera termina en un cabaret bailando rumbas hasta encontrar su redención. Este género vendría a popularizar la cultura vedette en los medios del país.

Cine de arrabal: “Nosotros los pobres” (1948)

También conocido como melodrama urbano, es un subgénero que intentaba retratar la felicidad y desgracia que traía consigo el ser pobre en México. Su mayor representante fue “Pepe el Toro”, personaje perteneciente a la trilogía de Ismael Rodríguez y caracterizado por el actor más famoso de aquel tiempo, Pedro Infante.

La Época de Oro mexicana comenzó a ver su declive a mediados de los años 50s, y para muchos, acaba en el año de 1957 tras la muerte de Infante, su máximo exponente.

 

Cine de luchadores: “Santo y Blue Demon contra los Monstruos” (1969)

Género que fue popular por casi dos décadas y fue protagonizado por sus dos más grandes estrellas: Santo y Blue Demon. Tras su transmisión en televisión a principios de los años 50s, la lucha libre llegó hasta el cine combinándose con otro género popular durante esos años, el horror. De esta manera, se produjo este inusual catálogo de películas en que luchadores combatían contra toda clase de monstruos y seres sobrenaturales. El cine de luchadores se volvió parte de la identidad nacional, siendo México reconocido internacionalmente por ser pionero en este género y con el tiempo, enlistando muchas de sus películas en la calidad de cine de culto por su originalidad.

Durante este periodo de los 60s también tuvieron un auge significado las películas de Rock and Roll quienes trataban de seguir las tendencias del resto del continente. Por su parte, el cine de terror y fantasía dejó algunas películas valiosas tales como Hasta el viento tiene miedo (1968), y Macario (1960), que se convertiría en la primera película mexicana nominada a un Óscar.

Cine de autor: “El castillo de la pureza” (1972)

Durante el periodo de 1970 a 1976 -sexenio perteneciente a Luis Echeverría- el cine experimenta lo que muchas personas consideran como otra época de oro para el cine mexicano. El presidente es reconocido como uno de los mayores impulsores de la cinematografía al construir instituciones y crear fondos que impulsaron la creación de filmes nacionales. Dentro de lo más destacado, se encuentra la fundación de la Cineteca Nacional encargada de la preservación, catalogación, exhibición y difusión del cine en México. Según cuenta un artículo, durante este tiempo se crearon cerca de 532 películas entre las cuales se encuentran: Canoa (1976), Las Poquianchis (1976), El Apando (1976), El lugar sin límites (1977), y El Castillo de la Pureza, considerada como una de las más importantes. Todas estas cintas retrataban y denunciaban problemáticas sociales, y eventualmente, se convertiría en el cimiento de un cine contemporáneo.

Cine de ficheras: “Bellas de noche” (1975)

Tras un breve periodo de gloria, el cine mexicano viviría uno de los mayores retrocesos en su historia. Al tomar López Portillo la presidencia se retiraron los fondos que se tenían al cine nacional. Se dejó de apoyar a directores que anteriormente habían tenido éxito para así empezar a financiar a extranjeros con el fin de “internacionalizar” el cine. Como resultado, el cine de ficheras se volvió tendencia. Este género retomaba el conocido cine de rumberas y lo hipersexualizaba aprovechando la falta de censura con la que ahora se contaba. Este cine se caracterizó por el albur y la degradación a la mujer, cuestión que duraría en pantallas hasta finales de los años 80s.

Nuevo cine mexicano: “Como agua para chocolate” (1992)

Llegan los 90s y aparece una película que viene a recuperar la confianza del público mexicano. La cinta de Alfonso Arau, Como agua para chocolate, inauguraría lo que se conoce como el nuevo cine mexicano. Esta corriente se caracterizaría por una mayor calidad plasmada en historias bien contadas, buenos aspectos técnicos como la fotografía, además de una representación real de México y su cultura. Este cambio se vendría fortaleciéndose con otros estrenos, como la obra prima de Alfonso Cuarón, Solo con tu pareja (1992) y la aparición de directores como Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu, al igual que cinefotógrafos como Emmanuel Lubezki y Rodrigo Prieto.

Dentro de las películas más representativas en esta etapa se encuentran: La invención de Cronos (1993), El callejón de los milagros (1995), La ley de Herodes (1999), Sexo, pudor y lágrimas (1999), Amores perros (2000), Y tu mamá también (2001), El crimen del padre Amaro (2002), Amarte duele (2002), Temporada de patos (2004) y La jaula de oro (2013).

Comedias románticas: “Nosotros los nobles” (2013)

Para bien o para mal, Nosotros los nobles es una película que marca un hito y nos ayuda a colocarnos en la escena actual del cine mexicano. A partir de su éxito comercial en las salas en cine, estableció una tendencia de Rom-coms que ha continuado hasta el día de hoy. Sus historias, en su mayoría, se desarrollan en un sector privilegiado de la población y están centradas en enredos románticos.

Por su parte, muchas películas que han aparecido estos últimos años han roto esta norma y presentado una propuesta diferente. Cintas como: Tempestad (2016), Sueño en otro idioma (2017), Roma (2018), La camarista (2019), y la reciente, Ya no estoy aquí (2020).

El cine mexicano inevitablemente seguirá cambiando. ¿De qué dependerán sus nuevos rumbos? Una gran parte se deberá a las oportunidades que proporcione nuestro país y el valor que le dé al arte, y con ello, su capacidad para impulsar nuevos talentos, ideas y ejecuciones. Otra, muy importante, depende en gran medida de aquello que estemos dispuesto a aceptar y consumir como público.

Me gusta escribir sobre las cosas que me apasionan. El cine es una de ellas.

Psicólogo, yucateco y a veces muy soñador.

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