Humanismo y existencialismo en Heidegger

En el artículo anterior hablamos acerca del concepto de existencialismo para Sartre y esbozamos una pequeña genealogía de esta filosofía. Dentro del génesis de esta corriente filosófica apareció un hombre con una gran influencia dentro de la filosofía del siglo XX: Martín Heidegger. Con una educación inicialmente católica y bajo la influencia de algunos maestros de formación escolástica pudo descubrir algunos textos que lo acercaron a la filosofía griega, concretamente a Aristóteles, de quien aprendió los conceptos de ser, ente y metafísica. Posteriormente, leería a San Buenaventura y a algunos otros pensadores medievales que, eventualmente, lo llevaron a decidir el eje central de su pensamiento: la pregunta por el ser. Hacer un pequeño resumen de su análisis existencial y de porqué él mismo no se consideraba existencialista escaparían la capacidad de síntesis del autor, así como también evidenciarían su parcial comprensión.

Sin embargo, dentro de los temas que nos atañen –existencialismo y humanismo- existe un escrito publicado en 1946, en donde hace una pequeña apología de su pensamiento y lo desliga de algunas acusaciones que le hicieron. El escrito titulado “Carta sobre el humanismo” está íntimamente relacionado con la conferencia –tratada en el artículo anterior- de Jean Paul Sartre acerca del existencialismo y de una posible redención de esta corriente filosófica mediante la exposición de la propuesta humanista que el filósofo francés se empeña en defender. Si bien, el escrito de Sartre es un manifiesto fundamental, para Heidegger la concepción de humanismo se ve dificultada por su propia definición.

Heidegger empieza por explicar que la propia palabra “Humanismo” y su búsqueda de sentido obedecen a una etapa en donde el pensar original llega a su fin; ahora se convierte en una técnica en donde se aleja del pensar y se vuelve, posteriormente, en un ejercicio cultural. El ejemplo más claro de este alejamiento es el de la filosofía, la Grecia clásica no llamó al pensar con el nombre de filosofía. Posteriormente, a medida que el pensar toca su fin, la filosofía se convierte más en un instrumento de formación. Con el humanismo pasa algo muy parecido: se piensa propiamente en él a partir de la época romana retomando el concepto de Paídeia que tenían los griegos. El humanismo lo entendían en referencia directa a este concepto griego que a menudo se traduce como educación; sin embargo, el concepto englobaba los ideales de la cultura griega. A partir de esta propuesta se fueron desarrollando, con el paso del tiempo, más propuestas culturales; aunque todas compartían un factor común: se fundamentaban en una metafísica o fundamentaban una nueva metafísica. Es este uno de los puntos centrales que se relacionan con el pensamiento de Heidegger. Para el filósofo alemán, la metafísica está en crisis y todo humanismo dificulta en cierta medida la pregunta por el sentido del ser ya que la metafísica no la conoce ni la entiende. La metafísica como base para una propuesta humanista sólo ha confundido ambos conceptos.

La nueva noción de humanismo, desligada de cierta forma de la metafísica, permitiría una nueva compresión del ser; aunque por la misma razón sería una propuesta nueva que parcialmente niegue las anteriores propuestas humanistas dado que estas se fundaban en una metafísica. Aquí hay que aclarar que la metafísica no tendría problema alguno de servir como base mientras exista un conocimiento completo del ser. No obstante, el conocimiento del ser sigue estando olvidado hasta cierto punto –toda la filosofía de Heidegger es una preocupación por el olvido del ser, así como una búsqueda por su sentido. La pretensión de ligar humanismo y metafísica viene dada, en gran parte, por la actual “Lógica”, la cual más que esclarecer el pensar, lo hace caer en un nihilismo, al considerar el cuestionamiento como destrucción. Aquí Heidegger plantea que pensar contra la “Lógica” no significa negarla sino repensar el logos y su esencia.[1]

En este punto se nos presenta un humanismo completamente diferente de todos los anteriores, en donde los valores –cultura, arte, ciencia, religión- que lo habían caracterizado se ven cuestionados pero no para ser propiamente negados, sino para ser repensados. El concepto de “valor” está estrechamente ligado con el lugar del hombre propuesto por las filosofías humanistas anteriores, al considerar al hombre el sujeto que da valor a tal o cual objeto. Sin embargo, los que algo es un su ser no se agota en su objetualidad,[2] ya que ese algo bien puede tener un valor en su ser, el cual para el hombre, al caracterizarlo como valor, lo priva de su dignidad. Aunque esta propuesta pueda sonar revolucionaria al cuestionar muchos de los valores que nuestra tradición había nombrado como tales, es también un camino a la reinterpretación de éstos, pues ahora la “lógica” se deja de pensar como una negación y se repiensa como un cuestionamiento. Uno de los ejemplos más claros de este nuevo pensamiento está en la frase de Nietzsche de “la muerte de Dios” la cual se puede explicar, de manera lógica, como un manifiesto del ateísmo. Sin embargo, tal afirmación también se puede interpretar de otra forma si primero se repiensan los conceptos anteriormente citados. Este camino, para Heidegger, nos alejaría del nihilismo inducido por la “lógica” y lo consideraría como un repensar hacia otras posibilidades.

 

 

Bibliografía

Heidegger, M. Carta sobre el humanismo. Ciudad de México: ITAM, 2011.

 

[1] (Heidegger 2011)

[2] (Heidegger 2011)

Estudiante de Economía del ITAM. Filósofo frustrado. Me gustan los temas de religión, filosofía de la historia, ética e historia de la Edad Media. Mi pensador favorito es Immanuel Kant.

Aún me falta mucho por leer y conocer, pero me encantaría releer y reinterpretar algunos filósofos olvidados de la Edad Media, ya que considero que pueden aportar soluciones a la crisis de espiritualidad y exceso de materialismo que vivimos hoy en día.

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