He pensado mucho sobre la independencia últimamente

He pensado mucho sobre la independencia últimamente, más como la ausencia de la dependencia que estar en paz con la soledad. Si fuese a pensar sobre ella como el poder estar y vivir sola, nunca la tendría, entonces me veo forzada a reconsiderar.

Llego a mi casa a las 4 de la mañana, sola. Me regresé en Uber y mi madre está furiosa. Esto va a pasar una y otra vez porque, como bien le digo, no vivo pegada a alguien más. Tal vez es por la ciudad en la que vivo o porque, muy dentro de mí, sobran migajas de ingenuidad, pero no tengo miedo a estar sola en ese momento. Sin embargo, es una realidad que la presencia masculina a mi lado sirve de seguro. Es verdad que, si un hombre me percibe como la propiedad de otro, es menos probable que se me acerque a molestarme. Es verdad que me siento más segura con uno de mis amigos caminando a mi lado, llevándome del punto A al punto B.

Tal vez más fríamente, también es verdad que dependo de mi padre y de mi madre para tener un lugar físico en donde vivir, para comer. Dependo de elles para mi educación. Siendo realista, es probable que dependa de elles de esta manera por varios años todavía.

Por estas razones, durante mucho tiempo pensé, y lo llegué a mencionar por este medio, que nunca sería realmente independiente.

Forzada a reconsiderar la cuestión de mi independencia, tal vez no como una soledad física, sino mental, me pregunto lo siguiente: ¿Acaso existo si no es para alguien más? ¿Si nadie está allí para escuchar mi historia, para verme reír, para reaccionar al hecho de que estoy viva?

¿Acaso no somos espejos?

Siempre me tengo que ver reflejada en alguien más y ese reflejo que emiten es quien soy. Soy chistosa porque alguien dice que lo soy, soy amable porque hice algo para alguien más y lo reconocen, soy inteligente porque la maestra me puso una buena calificación, soy bonita porque a alguien le atraigo. Dependo de les demás para construir una identidad. No puedo ser realmente independiente.

Pero existe una contradicción, porque hablo sola y me río sola. Porque tengo un vago recuerdo de mi pequeña ser de cinco años sintiéndose infinitamente feliz y agradecida con su cuerpo, mucho antes de que estuviese consciente de lo que significaba ser atractiva.

También existe una intersección, porque se me ocurre algo y volteo para contárselo a alguien, porque algo en medio de mi pecho se endurece cuando no hay nadie ahí. Porque si algo me pasa mientras camino sola, no habrá nadie quien se dé cuenta. Y tal vez disfrute vivir con mi familia. Tal vez es lo único que conozco y no sepa cómo hacer lo contrario.

Por más que me quiera separar de mi cuerpo no puedo. Por más que me quiera separar de las personas, las busco.

¿Será que estoy incompleta?

Eso le dice Ryan Gosling a Rachel McAdams en Diario de una Pasión, ¿no? Lo más romántico que hay: “Tú me completas”. Por ende, estoy incompleto, Rachel McAdams. La dependencia tiene más sentido cuando se trata de seres incompletes rondando por doquier, porque, entonces, necesito y no elijo.

Creo que la independencia es el poder elegir.

El problema es que existe la idea del destino, lo predeterminado, lo inevitable. Creo que hay hasta un problema en el concepto de almas gemelas, porque no hay elección.Y, ahora, me pregunto: ¿No es mejor que escoja a las personas a mi alrededor todos los días, y ellas de vuelta? ¿Que a través de esas decisiones construyamos algo lo más cercano a permanente a lo que une ser humano pueda aspirar?

Vía: Teachers

La independencia es algo elusivo. No creo poder tenerla del todo, todo el tiempo. Tal vez sea algo que conscientemente tengo que ejercer para poder decir que lo soy. No hay personas completas porque seguimos cambiando, lo que necesitamos para llegar a serlo se transforma. Y regresa la cuestión de la necesidad. Necesito seguridad, necesito techo, necesito comer, necesito convivir. Somos seres dependientes.

La independencia llega a veces.

Hace años caminaba de una clase al edificio de periodismo en mi vieja universidad. Tenía que pasar por un puente de madera que habían construido en medio del bosque. Estaba escuchando una playlist de los mejores scores de películas y había llegado ese punto en la mañana, en donde el frío se empezaba a derretir, mi chamarra se volvería obsoleta en unos momentos, pero todavía no. Miraba mis botas, terroríficamente femeninas, de la sección de niñas, perfectas. El crescendo de la canción se sincronizó con la aparición del edificio al que me dirigía.  Estaba completamente en paz. Tal vez eso es la independencia.

Stephi. Soy feminista, tengo 21 años y estudio Comunicación en la Anáhuac Mayab. Procuro leer tanto como lo hacía en la primaria y ver todas las películas y escuchar todos los álbumes que pueda antes del Apocalipsis.

Sigo aprendiendo y no pretendo dejar de cometer errores. Solo espero que sea uno diferente cada vez.

Bi.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *