Un apunte sobre Nietzsche y el hombre moderno

Si le preguntáramos a casi cualquier persona cuál considera como la principal idea del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, respondería que el Superhombre o la muerte de Dios y, con ella, una importante propuesta de ateísmo. Su entrada al círculo de los filósofos más militantemente ateos no ha sido en vano: su idea es brutalmente directa y violenta; y, aunque se ha reflexionado mucho sobre su pensamiento, puede ser amado u odiado pero es imposible que pase desapercibido, pues sus ideas son sumamente importantes para entender muchas de las actuales crisis que la sociedad enfrenta.

Antes de entrar a uno de los puntos neurálgicos de su pensamiento –la muerte de Dios–, es importante mencionar algunos datos biográficos para entender mejor su postura. Nietzsche nace dentro de una familia sumamente religiosa en la tradición luterana. A los cuatro años muere su padre, por lo que crece únicamente con su hermana y su madre. En la escuela es conocido, entre otras razones, por su profunda religiosidad, que lo lleva a aprenderse extensos pasajes de la Biblia –su conocimiento teológico lo usará como referencia en muchas de sus obras–. Posteriormente inicia sus estudios en teología; no obstante, sólo dura un semestre para cambiarse, luego, a filología. Aunque haría después de la filosofía, y no de la filología, su profesión, las referencias a sus primeros estudios serán ampliamente utilizadas por el filósofo alemán. Lo más importante de resaltar sobre sus primeros años de vida es la fuente de religiosidad de la que bebe Nietzsche, pues al parecer, su concepción de la Divinidad es un tanto estricta. No cabe duda de que en el pensamiento de Nietzsche el problema de la religión es sumamente profundo y recurrente, pero al parecer es ese mismo interés un indicio de su insatisfacción con la religión organizada que él había conocido.

El primer relato donde narra la muerte de Dios es en La gaya ciencia, donde un loco primera pregunta dónde está Dios para posteriormente anunciar que él ha muerto y que los mismos hombres son los que lo han matado. La idea será desarrollada posteriormente en Así habló Zaratustra, en donde el protagonista, Zaratustra, va anunciando un “nuevo evangelio” que es, francamente, más trágico y complicado que las buenas nuevas que los anteriores evangelios pregonaban. La polémica frase da mucho que pensa,. ya que la base de la cultura occidental ha sido removida: de ahora en adelante, todo posible fundamento metafísico ha sido anulado. La teoría de las ideas enunciada por primera vez por Platón tenía por supuesto la existencia de una idea del bien –perfecto por extensión–, el cual funcionaba como respaldo al bien que podíamos nosotros conocer –de manera imperfecta-; aquel mundo ideal tenía por fundamento una especie de divinidad, por lo que la muerte de Dios quita de forma directa la posibilidad de existencia de bienes superiores. Como Dostoievski anuncia en los hermanos Karamazov: “Si Dios no existiera, todo está permitido”. Esto es en sí problemático, pues con él desaparece una posible construcción de una moral o de ideales metafísicos como la libertad, el alma, el bien o el mal. Para Nietzsche, estos conceptos no son más que palabrería misteriosa que, además de falsos, son contradictorios.

Independientemente de lo que podamos pensar de Nietzsche y de su controvertida idea, él pudo ver más que cualquier otro pensador el fenómeno de los tiempos modernos: para el hombre, Dios ha muerto y él mismo es el que lo ha matado. La frase es también profundamente dramática; la sociedad moderna deberá aprender a existir sin los fundamentos que tradicionalmente habían sido considerados. Ahora el hombre tiene una especie de indefinida libertad, los valores perdieron su sentido y el individuo es ahora el encargado de construir un sistema que mejor le acomode. La propuesta puede sonar tentadora, ya que la “pesada carga de la moral” ha sido eliminada, pero queda también la última responsabilidad sobre nosotros. No es extraño que la neurosis de nuestra convulsiva sociedad se vea cada vez más acentuada a medida que recae más sobre el hombre moderno la responsabilidad de creación de valores.

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Estudiante de Economía del ITAM. Filósofo frustrado. Me gustan los temas de religión, filosofía de la historia, ética e historia de la Edad Media. Mi pensador favorito es Immanuel Kant.

Aún me falta mucho por leer y conocer, pero me encantaría releer y reinterpretar algunos filósofos olvidados de la Edad Media, ya que considero que pueden aportar soluciones a la crisis de espiritualidad y exceso de materialismo que vivimos hoy en día.

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