Este cuerpo es mío

-Lisseth Flota Tamayo

@FlotaLisseth

La necesidad de la modificación de las leyes que ejercen control sobre nuestros cuerpos y nuestra autonomía ha sido argumentada en diversos momentos de la historia, bajo el pensamiento de que las únicas que podemos decidir sobre nuestros cuerpos somos justo nosotras mismas, no el Estado, no los esposos, no los partidos políticos. Única y exclusivamente nosotras.

Hoy quiero hablar de las mujeres que, a lo largo de la historia en este país, han luchado desde sus espacios por nuestro derecho a decidir.

Podemos mencionar a las doctoras y abogadas como Matilda Rodríguez y Ofelia Domínguez, quienes pugnaban por la despenalización del aborto por causas económicas en 1934 ante la Convención para la unificación del Código Penal, argumentaban que el aborto no era competencia del derecho penal, sino de la esfera de la salud pública.

Posteriormente, en 1972 en una de las primeras conferencias públicas se usaba por primera vez el término de ‘’maternidad voluntaria’’ y englobaba educación sexual, acceso a métodos anticonceptivos, aborto y un alto a las esterilizaciones forzadas. En 1990 en Chiapas, se ampliaban las razones por las que el aborto sería no punible e incluían razones de planificación familiar, madres solteras y razones económicas, como era de esperarse los grupos católicos ejercieron presión y la propuesta se vio congelada.

Un año después, en 1991 como respuesta a lo acontecido en Chiapas, en el Monumento a la Madre en la Ciudad de México, se coloca una placa debajo de donde se encuentra grabada la leyenda «A la que nos amó aun antes de conocernos» en la que podía leerse también «Porque su maternidad fue voluntaria».

Hasta aquí parecería todo un avance, sin embargo en el 2000 sucedió el «caso Paulina», una adolescente de 13 años violada en Mexicali, Baja California, que dos horas después del suceso presentó una demanda ante el Ministerio Público, acompañada de su madre y su hermano, Paulina quedó embarazada y solicitó el aborto legal. Dos meses después ingresó al hospital y durante su estadía fue obligada a ver filmes “pro vida”, posterior a esto fue obligada a ver a un sacerdote que le explicó que el aborto era un pecado y que sería excomulgada si accedía a realizárselo, finalmente Paulina no pudo acceder al aborto y terminó gestando y dando a luz.

En 2007 en la Ciudad de México, se presentaba el Decreto por el cual se reformó el código penal para el Distrito Federal y se adicionó en la Ley de Salud para el Distrito Federal, donde se reconoce y garantiza el derecho que tienen las mujeres, para que las que así lo decidan, de interrumpir legalmente su embarazo durante las primeras 12 semanas.

La aprobación de estas reformas constitucionales colocó a México a la vanguardia en toda Latinoamérica con respecto a la defensa y promoción de los derechos humanos de las mujeres y niñas.

En 2019 el Estado de Oaxaca aprueba el decreto por el cual se reformó el código penal y se dio paso a la despenalización del aborto permitiéndolo hasta antes de las 12 semanas, también se eliminaron los agravantes del delito que establecían una pena de hasta 5 años si la mujer contaba con “mala fama”, había ocultado su embarazo o el producto fue fruto de alguna “unión ilegítima”, estos fueron suprimidos por considerarse machistas y discriminatorios.

Aun teniendo estos avances, el congreso de Oaxaca tiene pendiente reformar la constitución local que ‘’protege la vida desde la fecundación’’, las y los diputados tendrán que ir ahora por la modificación para que señale que el Estado garantiza el derecho a la vida humana desde el momento en el producto es considerado persona; es decir, después de las 12 semanas de gestación.

Si bien la despenalización es un avance digno de celebrar en un país tan católico, moralista y conservador, la lucha continúa hasta  garantizar un acceso pleno y efectivo a la interrupción legal del embarazo, sin trabas. Un acceso que contemple políticas públicas que nos garanticen servicios de salud efectivos para todas sin distinción.

Esta es una pequeña victoria en una lucha que busca reconocernos como dueñas únicas de nuestros cuerpos, que busca dejar de reproducir estereotipos machistas que nos denigren, que busca libertad de elección.

Hoy podemos hablar de decisión, de autonomía e incluso de cuestionar las leyes que reproducen estereotipos machistas que nos ponen en desventaja. Hoy podemos decir que nuestros cuerpos son solo nuestros y no del Estado, que nuestras decisiones pertenecen únicamente a nosotras y que, al menos, no acabaremos en la cárcel por elegir cuándo maternar.

Hoy todas lloramos, hoy todas nos sentimos un poco más nuestras, un poco más libres, hoy entendimos que cuando la otra consigue libertad, esa libertad se siente como nuestra, nos da esperanza y nos hace creer que algún día ninguna mujer tendrá que dar explicaciones sobre el porqué decide sobre su propio cuerpo.

La maternidad será deseada o no será.

 

 

 

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