Espejito, espejito: encontrándome con mi cuerpo

No recuerdo exactamente cuándo empecé a forjar una amistad con el espejo o cuándo me empezó a parecer importante su retroalimentación. Creo que lo más probable es que su importancia en la formación de mi imagen corporal haya sido a partir de secundaria. Antes, la miraba como a una extraña, su mirada no me decía mucho sobre mí, todavía no ejercía poder sobre mí. Creo que la imagen corporal se ve afectada a partir del reflejo que nos devuelven los espejos; de hecho, justo cuando los espejos ya tienen una carga simbólica, cuando ya están dotados de significados.

Este artefacto nos devuelve una imagen distorsionada de nuestro cuerpo que no es de fiar. Pero qué iba a saber yo a los trece años, cuando el autoconcepto que tenía de mí mismo no era positivo y estaba inconforme con el cuerpo que habitaba. En ese momento, miraba en el espejo y deseaba poder ser más delgado, realmente pensaba que funcionaba como el espejo de Oesed, aquel artefacto mágico que muestra el más profundo deseo de la persona que se mira en él pero que también muestra algo que puede no sea real o posible. Los espejos no te brindan ni conocimiento ni verdad, ahora ya lo sé.

Hemos crecido con estándares de belleza pocos sanos que no son reflejo de la variedad de cuerpos que vemos cotidianamente. Nos han hecho creer que nuestra meta es alcanzar esos estándares como sea necesario porque tu cuerpo nunca va a ser suficientemente bueno para ser deseado. Miro a mi alrededor y veo a muchas personas inconformes con su cuerpo. Mi mamá me decía que había que seguir una dieta y que tenía que hacer ejercicio para que no quedara gordo ¿Quién quiere quedar gorde? Todes tenemos una persona cercana con cuerpo diverso pero tenemos miedo de vernos como él o ella. Simpatizamos, pero en realidad nos aterra estar en ese lugar.

El cuerpo gordo es castigado por salirse de la norma, sobre todo cuando la persona lo celebra. Como si une tuviera que odiar su propia piel y tuviera que vivir miserablemente porque a las otras personas les incomoda. O al menos eso parece, pero la realidad es que aún si una persona quisiera ponerse en forma y tuviera la meta de adelgazar, sería preferible hacerlo estando en paz con su propio cuerpo que estando constantemente odiándolo.

Hace unos días, estaba viendo un capítulo de “Canada Drag Race” en el cual una de las dragas con cuerpo no hegemónico usó un look completamente de mezclilla con chaps, y fue criticada por uno de los jueces por no haber puesto más maquillaje en sus nalgas al haberlas dejado al descubierto. Esto claramente terminó siendo un comentario que evidenció gordofobia y que fue violento no sólo para la concursante sino para todas aquellas personas de cuerpo gordo que hayan visto el episodio. Al día siguiente de lo sucedido, uno de los jueves trata de rectificar diciendo que más bien lo decía porque había quedado la piel roja al rasurarse, pero la draga negó esto, pues no se había rasurado ahí. En fin, aún y si decidiéramos creer en la justificación, al momento de escuchar el comentario muches quedamos consternades por el comentario y sobre todo por el tono en el que lo hizo esta persona.

 Ese mismo día, antes de ver el capítulo, me había tomado fotos desnudo, algo que francamente hasta hace poco no hacía porque me desagradaba mi cuerpo, pero luego de haber visto el desafortunado incidente en el programa, sentí como ese momento de cariño hacia mi cuerpo se había desvanecido. Ese orgullo que sentía por celebrar el cuerpo que tengo terminó un poco dañado al final del día. Me vi en el espejo esperando esa retroalimentación que terminara por ser más bien mi propio sabotaje.

Vía: Yahoo.

La alianza que intento hacer con mi cuerpo se forja día a día, no es lineal, y como en ese día, a veces hay recaídas. Estar en buenos términos con mi cuerpo es tarea diaria, siempre tratando de depositar los afectos necesarios para cuando me sienta mal con éste. Es a través de llevar a cabo un proceso psicoterapéutico y de admirar la belleza diversa; de dejar seguir cuentas de cuerpos normativos y empezar a seguir cuentas de cuerpos gordos, cuerpos con várices, con pigmentación diversa y otros tipos de cuerpos, que estoy aprendiendo a mirarme al espejo con ternura, con amor y sobre todo, admirando la belleza de mi propio cuerpo.

Psicólogo. Interés por la educación y consejería de la sexualidad, estudios queer y literatura latinoamericana.

Amo las películas de Yorgos Lanthimos, el jazz, la trova y leer artículos del New Yorker.

Mi libro favorito es “Los recuerdos del porvenir” de Elena Garro.

Convencido de que “lo personal es político”.

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