Porqué la importancia de espacios exclusivos para la comunidad

Llega el viernes por la noche, de esas noches calientes de verano. Queremos salir a divertirnos, sin preocuparnos, solo un rato de poder crear una burbuja utópica de todo esto que nos consume a diario. Pero llega la realidad: ahora la seguridad se convierte en el principal factor para poder elegir dónde divertirnos, sobre todo si te identificas como mujer o en algún espectro de la diversidad sexual; ¿Podríamos decir que los espacios en los que habitamos nuestro ocio y diversión también son políticos? La respuesta es clara: sí.

Por mucho tiempo los sitios más recurrentes para las disidencias han sido los de las periferias marginadas en la geografía de las ciudades; ahí después del periférico, en los ‘cinturones de miseria’, sitios destinados para las personas que no cumplen con los mandatos patriarcales ni capitalistas.

Muchos hemos escuchado, o quizás tristemente hemos sido testigos de discriminación y hasta expulsión de personas de la comunidad LGBTTIQ en espacios de diversión al demostrar afecto con sus acompañantes, o simplemente por no ser clientes ‘deseados’ para el régimen. Asimismo, un sinnúmero de mujeres que han sido acosadas, hostigadas y violentadas en lugares destinados a pasar un buen rato. Un término que ejemplifica de manera clara esta idea es el “estrés de las minorías”, el estrés crónico y agotador que vivimos todas las personas que habitamos alguna disidencia. Es el miedo perpetuo a dejar de existir, de ser violentadas, de poder perder el trabajo, de tener algún problema en casa, de ser señalados en la escuela. Ahora imaginen que, hasta en los lugares destinados a divertirnos y olvidarnos de esto un par de horas, exista también ese estrés.

Si analizamos estos factores, las marginalizaciones periféricas, el estrés de estar en espacios públicos, de poder divertirnos de manera abierta, expresarnos sin miedo a ser violentados o juzgados, y no poder tener espacios cien por ciento seguros, podemos también evocar el término de que las personas disidentes estamos en una clara injusticia espacial.

El retomar desde la resistencia nuestros espacios, no significa reabrirlos a sectores de la población que nos han arrebatado libertad, al menos no sin antes un exhaustivo reconocimiento y protección de las poblaciones que podrían ser vulneradas al retomar estos espacios, espacios que el heteropatriarcado capitalista nos arrebató.

Para quienes nos identificamos como mujeres, las medidas de seguridad nunca deben ser minimizadas, para quienes nos identificamos con alguna disidencia sexual, nuestras formas no deben ser usadas como una atracción turística exótica.

Ahora, ¿qué pasa cuándo estos espacios de diversión se mueven a lugares más accesibles?, ¿deben ser accesibles para todos? ¿cómo poder tener espacios de completa seguridad para las mujeres y la comunidad LGBTTIQ? ¿es una utopía? ¿Cómo convertir y revertir la injusticia espacial? ¿cómo no preocuparnos y sólo divertirnos? ¿cómo no toparnos con nuestro agresor mientras bailamos? ¿Cómo reclamar espacios que se nos fueron arrebatados y que fueron arrojados a las periferias?

Los espacios en los que habitamos nuestro ocio y diversión también son políticos.

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